Mariana de los Ríos
Napoleón: la epopeya de Ridley Scott
Crítica de la nueva película del gran director británico

El británico Ridley Scott (South Shields, 1937) ha logrado, a fuerza de constancia, ser considerado como uno de los más importantes directores de cine de la actualidad. Debutó en 1977 con la película Los duelistas, ambientada en las guerras napoleónicas, que le valió un premio en el prestigioso Festival de Cannes. A esa película le siguieron obras que hoy son consideradas clásicas: Alien, el octavo pasajero (1978), Blade runner (1982), Thelma y Louise (1991) y Gladiador (2000), por mencionar solo algunas. A los 86 años, el cine de Scott vuelve a sus orígenes, a los ambientes de su primera película, con Napoleón (2023) un controversial biopic sobre uno de los personajes históricos más fascinantes.
La película comienza con el auge de Napoleón –interpretado por el conocido actor Joaquin Phoenix–, en medio del caos de la Revolución francesa, mostrándonos su ascenso estratégico al poder y su impactante victoria en el asedio de Toulon en 1793. La relación apasionada y tumultuosa entre Napoleón y Josephine –la actriz Vanessa Kirby– se desarrolla como una subtrama intrigante a medida que la pareja poderosa enfrenta los desafíos de la política y la guerra. Scott logra conjugar estas dos líneas narrativas, brindando una perspectiva fresca y, a veces, excéntrica de la vida de Napoleón.
La narrativa audaz de Ridley Scott prescinde de las convenciones típicas de las epopeyas históricas, ofreciendo una experiencia cinematográfica que se aparta de las expectativas. Joaquin Phoenix encarna a Napoleón de una manera diferente, presentándonos un emperador irónico y astuto, en lugar de caer en la trampa de retratarlo como un líder solitario o soñador. La representación de la relación entre Napoleón y Josephine como una pareja apasionada y tumultuosa, añade una dimensión emocional y humana a la historia.
La visión de Scott se manifiesta en escenas emocionantes y llenas de acción, como el audaz ataque a los británicos en Toulon y la entrevista con Wellington a bordo del HMS Bellerophon. La película elude las convenciones al representar eventos históricos sin detenerse en la pesadez simbólica, brindando al público una experiencia de cabalgatas emocionante, sin sumergirse en abstracciones metafísicas. La cinematografía y la dirección de Scott, especialmente en las intensas escenas de batalla, dan vida a la frenética realidad de la guerra y la estrategia militar.
A pesar de las virtudes técnicas, la película no está exenta de aspectos cuestionables. El guion, a cargo de David Scarpa, intenta abarcar demasiados eventos en el tiempo de ejecución, resultando en una narrativa que a veces carece de cohesión y profundidad. La relación entre Napoleón y Josephine, aunque intrigante, no alcanza su máximo potencial emocional, y la película parece perder ocasionalmente el hilo de la conexión emocional entre los personajes. En la representación histórica, se echa en falta la mención de ciertos aspectos controvertidos, como la reintroducción de la esclavitud por parte de Napoleón en las colonias francesas.
La película sorprende al desviarse de las expectativas convencionales de las epopeyas históricas, y esta elección puede dividir a la audiencia. La falta de un enfoque más profundo en la psicología de Napoleón que, aunque bien interpretada por Phoenix, podría haberse explorado más a fondo. La película también ha recibido críticas por su enfoque desigual en las escenas de guerra, que, aunque visualmente impactantes, podrían haberse equilibrado con una exploración más profunda de los personaje
Napoleón de Ridley Scott ofrece una experiencia cinematográfica emocionante, que deja una impresión duradera y ofrece una perspectiva fresca sobre uno de los grandes personajes históricos. Una epopeya visualmente deslumbrante que, a pesar de sus defectos, resulta una obra valiosa en la filmografía de Ridley Scott.
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