César Félix Sánchez
Meditaciones después de una vacancia fallida
Congresistas siguen el ritmo de los escándalos mediáticos

Es interesante revisar un poco la historia del reciente pedido fallido de vacancia presidencial presentado por la congresista Patricia Chirinos. Al inicio parecía un disparo prematuro, muy seguramente ineficaz. Luego, ganó momentum y hasta los sectores «dignos» empezaban a prepararse para cantar un responso al régimen castillista. Incluso la facción de Vladimir Cerrón manifestó que estaba «estudiando» cuidadosamente su voto. Finalmente, no hubo ni siquiera disparo: no se alcanzaron los votos para discutir la moción. ¿Qué es lo que había ocurrido?
Simplemente que los congresistas siguen el ritmo de los escándalos mediáticos y sus repercusiones en las redes sociales. Nada más. Luego de la reunión con proveedores del Estado y otros amigotes en Breña, la ola subió y los congresistas del lábil y amorfo centro y, como dijimos, del cerronismo se «consternaron». Días más tarde, el presidente Castillo ponía el parche antes del chupo diciendo que iban a salir «audios comprometedores». Los rumores y los distintos correos de brujas en las redacciones y en los grupos de whatsapp empezaron a echarse a andar, con teorías peregrinas que iban desde el escándalo criminal sexual hasta una reedición de la gesta del difunto Moisés Mamani, en que un congresista oficialista compraba votos dudosos al por mayor. Pero el parto de los montes ocurrió el domingo.
Fue algo semejante a las antiguas corridas de toros en las plazas de pueblo en las que si el torero no mataba al toro acababa en la comisaría. El famoso audio reveló algo mucho menor que la expectativa del público, ávido de ver no un pase de muleta o un banderillazo más, sino la estocada final y el corte de rabo y oreja. Este anticlímax desinfló la vacancia. No es que Castillo haya dejado de ser “incapaz moral” ni que el escándalo de Breña sea menos escandaloso. Simplemente, la turba opinadora de las redes sociales se sintió defraudada en sus expectativas de entretenimiento político y repitió las inmortales palabras del Chavo: «¡Al cabo que ni quería!». Inmediatamente, el centro amorfo «recapacitó» y muchos congresistas redescubrieron las virtudes de la moderación y la prudencia en «aras de la gobernabilidad». Eso pasó, ni más ni menos.
Ocioso sería, como han hecho algunos «libertarios», echarle la culpa del fracaso de la vacancia a la ineficacia de la «derecha». Era más que seguro que Alianza por el Progreso, presidida por el empresario César Acuña, acabaría inclinándose por aquel que tiene capacidad de exigir la ejecución de reglamentos y asignar la torta presupuestal. Algo semejante tenía que ocurrir con Podemos Perú y con Somos Perú. Así que pretender disfrazarse de Adán antes de la caída y sostener que nuestra pobre derecha realmente existente –no la imaginaria de Youtube o Instagram– es la responsable del fracaso de la vacancia es absurdo.
Sin embargo, no es menos cierto que, más allá de las buenas intenciones, el histrionismo y el pasado complejo de Patricia Chirinos no contribuyeron a que el desinflamiento de su propuesta sea menos vergonzoso. Parece que le ha llegado la hora de pasar a mejor vida a un arquetipo de derecha chalaca y criollaza, con rasgos de maquiavelismo y una cierta confusión de principios, que encontró su encarnación perfecta en Chim Pum Callao y otras figuras ambiguas del posfujimorismo. No creo que nadie las extrañe.
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