Aldo Llanos
Mark Vito y la paz interior
¿Es realmente tan feliz como parece reflejar su sonrisa?

Corría el mes de noviembre del 2019 cuando por televisión vimos a Mark Vito realizar una huelga de hambre en una carpa, en los exteriores del penal de mujeres en Chorrillos a pocos días de resolverse el habeas corpus presentado en el Tribunal Constitucional. Con el rostro acongojado y visiblemente agotado, Mark reflejaba en su mirada la angustia que debió sentir luego de que Keiko Fujimori fuera sentenciada a 36 meses de prisión preventiva.
Llegados a junio del 2022, Mark anunciaba su divorcio de Keiko para tiempo después reaparecer como tiktoker totalmente desatado, posteando mensajes de superación personal, mostrando los efectos de pasar horas en el gimnasio y colaborando en videos de Tiktok e Instagram con personajes tan variopintos como Chibolín, Giselo y Fabio Agostini, hasta recientemente participar en el video debut de la hija de Tongo, Cint G.
Aunque pueda parecer radical el cambio en cuanto a sus apariciones públicas, lo cierto es que muchos se preguntan si Mark es realmente tan feliz como pareciera reflejar su sonrisa. No hay modo de saberlo, pero para la tradición cristiana, una felicidad es auténtica cuando es producto de la paz interior.
Volviendo a la carpa del 2019, a muchos católicos nos llamó la atención el póster de Jesús de la Divina Misericordia dentro de esta. ¿Habrá encontrado a Dios desde la tensión y agitación o lo habrá encontrado al ceder paso a la confianza en Él?
Jesús nos enseña que sin Él nada podemos hacer (Juan 15, 5). Así: nada. Por lo que alcanzar la paz interior pasa precisamente por abandonarnos confiadamente en su providencia: su voluntad, siendo Dios quién realiza el primer movimiento (mucho antes que nosotros) inspirándonos a hacer el bien. Si creemos que somos nosotros los que tenemos la iniciativa de hacerlo, nos equivocamos. Nosotros sólo corresponderemos a la inspiración que Él nos da como segundo movimiento. En ese sentido, Dios nos “primerea”: “Nosotros amamos porque Él nos amó primero” (1 Juan 4: 19)
Pero realizar este segundo movimiento, la correspondencia no es fácil. Muchas veces Dios permite humillaciones y fracasos para mostrarnos que sólo con nuestras fuerzas, muy poca o ninguna paz interior lograremos. Por lo tanto, más que proponernos a nosotros mismos un plan o una metodología ascética para superar o ignorar las adversidades, debemos ejercitarnos en los modos en los que dejaremos que Dios obre en nuestras vidas. Se trata de sacar cualquier estorbo para abandonarnos confiadamente en su voluntad.
También es importante precisar que la paz interior no es un fin en sí mismo sino un medio por el cual se reflejará inequívocamente la bondad de Dios. Si la paz interior no busca esto, entonces sólo es un paliativo que terminará por acabarse ante un nuevo reto o dificultad. Si la paz interior se convierte en un fin, volvemos a centrarnos en nosotros mismos, por lo que no habría mayor espacio para los demás, espacio que necesitan los que decimos amar. Sobre todo cuando experimentan sufrimientos y contrariedades. Sólo quién vive en esta paz interior, es capaz de dar paz al que sufre por tener suficiente paz para compartir.
Incluso la lucha que podamos emprender contra las adversidades se pelea mejor cuando partimos de la paz interior, paz que brota de la confianza de que todo es Gracia, peleando con la fuerza de Dios y la certeza de que Él ha vencido al mundo. Y esta pelea no es sinónimo de victoria material, porque incluso en las “derrotas” a los ojos del mundo, se puede obtener un bien mayor.
Por lo pronto, sus videos ya suman más de un millón de visitas y se especula que sólo en TikTok, estaría ganando más de cincuenta mil soles. Dice estar mejor que antes y de eso no hay modo de saberlo fuera de su conciencia, sin embargo, deseo de todo corazón que pueda estar viviendo la verdadera paz interior, no como la da el mundo, sino, como la regala Dios.
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