Carlos Rivera

Mafalda y la Gestapo del gusto

El humanismo de un artista atento a la realidad política

Mafalda y la Gestapo del gusto
Carlos Rivera
07 de octubre del 2022


En la biblioteca de Juan Carlos Valdivia Cano, el famoso libro de Mafalda era uno de los más compartidos con sus alumnos y todo aquel amigo que lo visitara. Los jóvenes regresaban luego, conmovidos de curiosidad y apelando en sus discusiones a referencias de alguna viñeta favorita. Así, muchos despertaban en las charlas amicales, en ese santo hogar de cultura, o compartían sus delicias de humor (sapiencial) en los salones de alguna universidad. Cuando Juan Carlos quiso una imagen para la portada de su libro,
Fundamento de los Derechos Humanos. Una visión heterodoxa (Fundación Luis Taboada Bustamante, 2001), no tuvo mejor idea que elegir una viñeta de Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón), en la que Mafalda conversa con Felipe:  

–Cada dos por tres el Papa advierte que hay peligro de guerra mundial, pero nadie le lleva el apunte. Francamente no entiendo a la gente –dice Mafalda.

–Es que la gente ya está acostumbrada a vivir entre frases del Papa, amenazas de guerra y todo eso, Mafalda. El hombre es un animal de costumbres –responde Miguelito.

–¿Y no será que, de costumbre, el hombre es un animal –capitula Mafalda, razonando como filosofa. 

La filosofía, el humor y el derecho entremezclados como estímulos de creación y aprendizaje. El libro es estupendo y con un admirable prólogo de Rolando Luque Mogrovejo, quien cita a Thomas Carlyle, y Juan Carlos trasluciendo su inteligencia potenciada en trozos prácticos y destacados sobre cómo asumir el estudio y la comprensión de los Derechos Humanos sin complicarnos la vida. “Como Mariátegui, trato de meter toda mi sangre en mis ideas... sobre Derechos Humanos”, escribe Valdivia Cano amenizando la entrada del libro. ¿Un liberal no podría enamorarse de los estupendos alegatos de Mafalda en un intento pedagógico por el bien común? 

Un amigo historiador, y nada simpatizante del progresismo, tiene en sus anaqueles un souvenir de Mafalda, al calor de algunos libros de grandes personajes de la historia. Allí, resguardando la artillería del pensamiento. Y a mi amigo no le van a contar cuentos, sorprenderlos con lecturas o corrientes históricas. 

Mafalda, según el mismo Quino, tuvo sus inicios, en una propuesta publicitaria que, de haber sido aceptada, hubiera estado hoy como un decorativo vestigio de algún coleccionista. Pero trascendió y se volvió un ícono de Latinoamérica y de varias partes del mundo. La razón del dibujo se acentuó en el discurso rebelde propio de aquellos años sesenta. 

Tal vez la referencia ideológica del creador pudo augurar un blasón exclusivo de banderas de lucha. No pasó así. Los diálogos trascienden cualquier frontera de utilidad partidaria. No solo critica al sistema sino las taras del pensamiento rupestre, las brutales manías de la sociedad, el poder y la burocracia. Sus dilemas morales fácilmente alcanzan niveles de una filosofía que lo cuestiona todo. No necesita irse hasta Sartre o Schopenhauer para elucubrar una incertidumbre existencialista. El humor de Quino es utilitario y simplificado. Mafalda retrata la realidad a través de una epistemología de lo cotidiano: el jardín, la calle, la familia, la escuela, los políticos y las guerras. Con ello construye su imagen de cascarrabias en clave justiciera. Su rebeldía no es solo revolucionaria o política, eso la agotaría a un selecto público o a una relativa generación. Su épica es sentirse clásica e iconoclasta de cualquier tiempo. Audaz y poeta. Pensadora indiscreta. Es una integrante perpetua de la pandilla de la inconformidad.  

Vi en mi casa algunos años este libro y nunca me interesó curiosear sus páginas. Tampoco por Juan Carlos me atreví a cruzar esa frontera y tal vez por mis prejuicios o qué sé yo. En la universidad era común que un profesor reflexionara a partir de alguna famosa cita de esta niña prodigio de las ideas y del humor. Yo, perdiéndome esa cortesía de sarcasmo. Hasta que en diciembre de 2019 el escritor Pablo Nicoli invitó por redes sociales a varios amigos a una pequeña “feria de libros” en su casa. Fuimos con un joven historiador a ver las ofertas. Me llevé novelas, ensayos y lo que más me atrajo fue una colección a todo color y hermoso diseño de un compendio de las mejores viñetas de Mafalda. Empecé a leerlo en el preludio de navidad sorprendido por tan enciclopédico contenido. Poco después me compré el libro compilatorio Toda Mafalda, (De la Flor, 2001). No paré hasta terminarlo y reírme de esas ilustres aventuras. Son cosas del destino. Ahora, la niña que no le gustaba la sopa es mi favorita. 

Abraham Valdelomar escribe de este maravilloso arte y nos dice: “La caricatura es la sátira gráfica, la sustitución de la frase por la línea, la pintura de lo defectuoso y lo deforme, a fin de señalar con el ridículo los crímenes y las injusticias, las flaquezas y las tendencias de los hombres”. El Conde de Lemos practicó la caricatura en claros afanes políticos con una sorna singular. Su alma diletante lo hizo también un conspicuo ensayista de los trazos. El conde expresaba que la “calavera es la más antigua y más trascendental del universo: la vida”. Willy Pinto agrega sobre los trabajos de escritor iqueño lo siguiente: “La caricatura vista así, para Valdelomar no era la carimba o la acentuación de un rasgo exagerado sino la revelación de la idiosincrasia del ser…” (Willy Pinto Gamboa, “Monadas de Valdelomar”. En Caretas, 1978). Ese humanismo de artista atento a la realidad política lo asemeja con el creador argentino. 

Ana María Peppino Barela en su ensayo “Mafalda y el humor gráfico” (Fuentes Humanísticas. Dossier, 2009) nos explica la evolución del personaje en su primera aparición en el semanario Primera Plana desde el 29 de setiembre de 1964 hasta el 9 de marzo de 1965. En esos primeros trabajos solo aparecen Mafalda y su papá a los que poco a poco van sumándose la mamá (6 de octubre de 1965) y Felipe (19 de enero de 1965). En 1970 surge el personaje Libertad y luego empieza a aparecer la tortuga burocrática. Como vemos la composición familiar fue construyéndose según la necesidad del discurso del artista. Quino luego se traslada al matutino El Mundo (15 de marzo de 1965) y un par de meses después aparecen Susanita (6 de junio) y Miguelito (febrero de 1966). “y en agosto de 1967 la mamá de Mafalda se entera que está embarazada”. Guille nació el 21 de marzo de 1968. 

La estudiosa describe además el contexto social y político: “En esta ocasión, la frecuencia diaria le permitió a Quino relacionar más estrechamente a sus personajes con los sucesos de Argentina y el mundo, situación que hasta la fecha se ha tomado como una representación del entorno cotidiano clasemediero, así como se distinguen en sus personajes arquetipos hasta hoy reconocibles, a pesar de los cambios generacionales y la transposición a otros ambientes culturales.” 

Javier Ors del diario español La Razón dijo que Quino es “un hombre poseedor de ideas de izquierda pero sin suscripción política”. Muchos de sus admiradores han compartido y confundido las declaraciones de Quino con respecto a su identificación con la lucha política por el socialismo (“Es la mejor forma de gobierno que concibo”) y su desconcierto contra el sistema como una extensión coincidente a la “ideología” de Mafalda. Reducirla a un mero artefacto de izquierda es no ver la portentosa variedad de su narrativa y de sus grandes contradicciones y semblanzas del mundo con la cual nos abrió los ojos y despertó las más inverosímiles carcajadas. En el año 2013 la revista digital Debate recoge estas declaraciones del caricaturista: “Hoy es muy difícil saber dónde está la izquierda y donde está la derecha, pero sí, me considero siempre inclinado al socialismo pero nunca he estado afiliado a ningún partido político”. Andar a la deriva en su militancia partidaria fue el cimiento de su independencia como artista. 

El periodista César Hildebrandt publica una nota dedicada a Quino en la revista Caretas (1972) y elabora las siguientes meditaciones del destino y voluntad del personaje que odiaba la sopa: “Pero ¿qué hacer con alguien que exprime su talento no sobre la figura de un presidente ni de un ministro ni de un alcalde ni de un recóndito gobernador? A ése no lo van a acusar de desacato. ¿Cómo quitarse de encima a alguien que prefiere roer cimientos y no alborotar campanarios? ¿Cómo romperle el lápiz a un dibujante cuya ulcerante vena se dirige a desplumar al pavo real de ciertos valores; que prefiere un humor impersonal que apedrea la taxología de la clase media y que, en resumen, ejerce con semanal y puntillosa dignidad el papel de un rebelde emboscado tras un personaje aparentemente inocentón?” 

El perspicaz periodista luego lo somete a unas preguntas puntuales: 

—Detrás de Quino parece esconderse un anarquista.

—Creo que sí, que algo de eso hay, desde el momento en que no me identifico con ninguna corriente política.

— ¿Mafalda es subversiva?

— Si propender a esa... a esa igualdad y a esa justicia es subvertir el orden, sí, en esa medida es subversiva y me parece sano que lo sea. 

Agrega:

“Mafalda es el libro de quejas de la gente. Mafalda es la rabieta cada vez que leo el diario. Mafalda es negativa, orgullosamente negativa, porque el futuro de la humanidad es, sencillamente, bastante negro. Además, yo soy bastante amargado y con eso bastaría”. 

Ante la muerte del creador de este personaje el politólogo Anthony Medina Rivasplata escribió lo siguiente: “Me sorprende la enorme cantidad de gente que dice entristecerse con la muerte de Quino; pero que en cualquier circunstancia habría acusado a Mafalda de comunista, castrochavista y terrorista para abajo.” La obvia direccionalidad de este comentario desde luego obedece a una posible confabulación de un sector, que claramente no quiere explicitar el autor de estas frases: la derecha conservadora y sus desbarajustes contra los humores de esta sabia niña. ¿De que podrían acusarla —si es que existiera tal idiota contubernio— los que rivalizan con la izquierda? ¿o los valores que proclama entrelíneas las caricaturas solo deben ser entendidos y aceptados por la comunidad progresista? 

Diarios de todo el mundo, desde distintas líneas editoriales y políticas compartieron la noticia del deceso de Quino. Caer en estas ridículas lisonjas en este siglo XXI con respecto a un objeto cultural y creer que pertenecen a un selecto grupo de iluminados es porfiar tristes infantilismos que no ayudan a comprender las auténticas dimensiones de un personaje.

Carlos Rivera
07 de octubre del 2022

NOTICIAS RELACIONADAS >

Memorias de la mezquindad

Columnas

Memorias de la mezquindad

  “Escribir no es un pasatiempo, un deporte.Es una servidu...

31 de marzo
El señor de las historias

Columnas

El señor de las historias

Ryoki Inoue es un cirujano brasileño de 62 años que oste...

10 de marzo
La rumba del cronista

Columnas

La rumba del cronista

La historia de mi segundo intento por concluir la carrera profesional ...

11 de febrero

COMENTARIOS