Carlos Hakansson

Los vehículos de la democracia

Los partidos políticos son indispensables para la participación ciudadana

Los vehículos de la democracia
Carlos Hakansson
04 de agosto del 2026

 

La presencia y continua actividad de los partidos políticos en un sistema democrático no es una opción, es un requisito vital para que el sistema se sostenga en el tiempo. Lo explicamos. Las democracias en las comunidades políticas demandan la participación ciudadana en los asuntos públicos, ya sea en un municipio, la región, el Congreso o el Gobierno; un conjunto de instituciones de acceso por elección popular en comicios universales, libres y mediante voto secreto. Un proceso que exige un aparato de organización del sistema electoral; pero también, y en paralelo, la presencia de asociaciones civiles agrupadas alrededor de un conjunto de ideas en común. Su interés principal es participar en los procesos electorales con la finalidad de alcanzar con legitimidad el ejercicio del poder político. 

Los partidos políticos debidamente inscritos y cumpliendo sus normas de organización interna participan dentro y fuera del Estado, ya sea colaborando con la comunidad y difundiendo su doctrina, como también desde el sector público con la debida responsabilidad, tras ganar un proceso electoral, respectivamente. De este modo, los partidos como organizaciones libres y con vocación colectiva para actuar en favor del bien común desde la cosa pública, son entidades indispensables para organizar la opinión política de una sociedad y representar sus intereses en las instituciones políticas; surgen desde las bases de una ciudadanía participativa y no desde la estructura estatal. Se trata de una iniciativa de dimensión local con la meta de liderar un movimiento que, organizado como partido político, hace realidad el pluralismo y alternancia en el ejercicio temporal del poder.

El sistema de partidos políticos posee una dimensión formal circunscrita a sus requisitos de inscripción y debido cumplimiento de procedimientos internos que le otorgan derecho para participar en un proceso electoral. Como se trata de cumplir formalidades, el riesgo es la aparición de un conjunto de aventureros con la finalidad de alcanzar el poder; sin embargo, desde una dimensión material, los partidos comparten sus ideas fundacionales, forman a sus militantes y son representados por líderes elegidos gracias a sus procedimientos de democracia interna. Es uno de los elementos más difíciles de lograr y mantener el tiempo.

La suma de ambas dimensiones hace del partido político un cuerpo vivo e independiente de sus militantes y líderes históricos. Se trata de la “prueba de fuego” para cualquier organización política con capacidad de mantener vigencia en el tiempo cuando sus fundadores se retiran voluntariamente, se ponen a un costado o pasan a mejor vida. A la prueba de fuego se suma un factor importante que permite la cohesión en su interior y que, en la práctica, resulta la más escasa. Un partido puede existir aun careciendo de locales propios en el país; puede tener pocos militantes y cuadros formados y continuar vivo a pesar de esas falencias; pero no existe ante la ausencia de lealtad entre sus miembros y respeto a las jerarquías ganadas por meritocracia y elecciones internas periódicas.

La propuesta teórica de la columna no es ciega a los actuales problemas de legitimidad de los partidos. La profunda desafección política ciudadana los reduce a carteles o élites desconectadas de las reales necesidades sociales. El origen del problema tiene mucho que ver con la incapacidad de los partidos más tradicionales para reformarse en su interior, democratizarse y dar paso a nuevos rostros en la arena pública; además de competir contra los candidatos "aventureros" que son eventuales titulares de agrupaciones débiles y juntas solo por la oportunidad de llegar al poder, capturarlo, beneficiarse del financiamiento público para satisfacer los intereses de un clientelismo y mercantilismo electoral.

Cabe añadir la figura del candidato dueño de recursos propios y difusor de una la comunicación personalizada desde las redes sociales, un medio que atenúa la complejidad territorial fomentando su ubicuidad política en todo el territorio. Hoy en día, la personalización del poder se gestiona más como una marca registrada que una agrupación histórica con ideario, arraigo que representa los intereses en un amplio sector de la sociedad.

Carlos Hakansson
04 de agosto del 2026

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