Carlos Hakansson
Los llamados “derechos no enumerados”
La importancia de la separación entre derecho, moral y política

El concepto de “derechos no enumerados” conduce a un nuevo debate para la filosofía del derecho y el movimiento constitucional. Se trata de derechos que, a pesar de no encontrarse explícitamente reconocidos en las constituciones codificadas, también son fundamentales por ser inherentes a la dignidad humana; sin embargo, su reconocimiento plantea desafíos para la coherencia y legitimidad de los derechos y libertades en su conjunto.
Como sabemos, los derechos pueden ser naturales o consensuados. Los primeros derivan de la naturaleza misma de la persona (vida, libertad, igualdad, propiedad), los segundos son fruto de acuerdos sociales (salud, educación, trabajo). Su común denominador es la dignidad humana. Por eso, para que un derecho no enumerado sea reconocido debe fundamentarse en las necesidades reales y tangibles de la persona como ser individual y social, de lo contrario cualquier “pretensión de derecho” carecería de sustancia y degenerar en abuso.
Un peligro latente surgido del debate contemporáneo intenta argumentar la desvinculación de la dignidad humana de los derechos, con la finalidad de hablar más de "derechos en general” que "derechos humanos". Un planteamiento peligroso cuando reconocemos que la dignidad humana otorga sentido y legitimidad a cualquier catálogo de derechos, corriendo el riesgo de una eventual banalización y erosión de su fuerza normativa. La separación entre derecho, moral y política fue una conquista de la Ilustración que resulta crucial para legitimar un sistema jurídico que nos diga “qué es lo debido a la persona humana” en cada caso concreto.
La inflación de derechos surgida por agendas ideológicas sin fundamentarse en la dignidad humana confunde el contenido de los derechos con deseos o preferencias que nos retrae a planteamientos pre ilustrados y pone en riesgo la indivisibilidad e interdependencia entre los derechos humanos. Por eso, el concepto de dignidad resulta esencial, pues, sólo así podremos asegurar que los derechos y libertades continúen siendo esos bienes efectivos y legítimos para proteger nuestra condición humana.
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