Iván Arenas
Las dos opciones del Apra: renovarse o morir
Debe mirar al mundo emergente y popular

Desde diversas tiendas y personalidades de la política nacional se ha saludado la titánica y casi oficial inscripción del Partido Aprista ante el Jurado Nacional de Elecciones. No obstante algunas tachas de operadores del comunismo, que serán superadas debido a la debilidad de los argumentos, se evidencia entonces que tirios y troyanos empiezan a levantar las cejas frente a una posible irrupción del Partido Aprista en las posibles próximas elecciones.
Ahora, si bien es loable la inscripción del aprismo, vale indicar que este solo tiene dos opciones: renovarse o morir. ¿A qué me refiero con semejante disyuntiva? Para el suscrito, la renovación del aprismo no solo se refiere al cambio de fichas, nombres o jugadores. Si bien es cierto también que el espíritu del momento político no se puede explicar sin una adecuada renovación de los liderazgos y las cabezas visibles y vocerías, la parte sustancial es que el aprismo debe incidir en la presentación de un renovado proyecto político de modernidad republicana y popular.
A nivel de la sociología nacional, el gran problema del aprismo es que ha dejado la representación política de lo popular, lo plebeyo y lo emergente; además de que algunos de sus líderes, los más veteranos y con muchas lides, se han dedicado a la política de redes, se han metido de lleno en los medios y pelean narrativas en el marco de la postmodernidad líquida, soslayando que la política de verdad se construye desde las bases y con la militancia, codo a codo, visitando locales, animando al “compañero”.
Es indudable que en un partido como el Apra no habrá una radical jubilación anticipada de muchos de sus líderes, porque eso sería descabezar una organización que debe tener entre sus fortalezas el expertis de las generaciones antiguas. Es indudable también que los propios líderes “mayores” entiendan que deben dejar las vocerías a nuevos liderazgos jóvenes. Es decir, una transición sana y sin traumas. Si los líderes de siempre y los voceros de ayer, o anteayer, creen que tienen oportunidades están absolutamente equivocados. Atrincherarse en un poder inexistente es imposible y miope.
Ahora, cuando me refiero a la parte sustantiva, es decir a la representación de la política plebeya, significa que si el aprismo no mira de una buena vez el mundo plebeyo y emergente y trata de representar políticamente a la nueva sociología nacional entonces su reinscripción podría ser irrelevante. En ese sentido, confundir renovación solo con nuevas vocerías y posibles liderazgos jóvenes es una absoluta falsedad. La renovación implica que el aprismo vuelva a representar al mundo plebeyo y popular.
Si pasa eso, entonces el aprismo se asegurará el camino para convertirse en el partido de una mayoría nacional-popular, a semejanza del aprismo auroral, que representaba clases medias emergentes en el norte y en las ciudades intermedias, a principios del siglo XX. Asimismo, se equivoca un sector de jóvenes “líderes” si piensan que es viable construir un partido desde el Twitter, las redes sociales o apelando a frases posmodernas que dicen todo y nada a la vez, huecas y vacías. Si sucede eso, el aprismo se parecerá a un partido de redes y no de gente real.
Renovarse en la representación política, mirar al mundo emergente y popular, o morir. No habrá más oportunidades. Allí está la disyuntiva.
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