Guillermo Vidalón
La zurda seguirá anquilosada (Parte II)

Su única propuesta es redistribuir, no tiene iniciativa para seguir creciendo.
La izquierda latinoamericana fomenta la presencia del Estado en actividades “estratégicas” porque desea asirse de los recursos fiscales para hacer clientelismo político (casos Petrobras, PDVS entre otros). En el Perú, la izquierda no promueve la reflexión ni apuesta por la mejora de la calidad de la educación, aborrece la competencia, le teme a la libre iniciativa de las personas, prefiere la igualdad en la mediocridad. Por eso, cierra las puertas de las escuelas para impedir que profesionales destacados de otras áreas del conocimiento puedan enseñar.
La mediocridad en la educación es su coto, su instrumento para mantenerse vigente y exhibir poder, su lema “Salvo el poder todo es ilusión”, responde a su entraña violenta, transgresora de un mundo civilizado que se guía por la ley y la Constitución. Por supuesto, no se ha preguntado qué piensa hacer con el poder, su única propuesta electoral es redistribuir. No tiene iniciativa para seguir creciendo.
Para la zurda, el discurso ambiental le resulta estratégico, no lo agita por convicción, su mensaje es excluyente, invalida cualquier opción discrepante. Mantiene su esencia, “Patria o Muerte”, hoy es “Agro…, minas…”. Exacerba las disputas para escalarlas a la etapa de confrontación e imposición, en contra la inmensa mayoría de ciudadanos pacíficos.
Su objetivo es detener la inversión, desafiar a la autoridad y llevarla al límite de lo que la ley la autoriza para motivar su transgresión. A ese objetivo responden el bloqueo de carreteras y las otras formas de provocación a las fuerzas del orden que, en el cumplimiento de su deber -por defecto o por exceso-, siempre reciben la sanción moral de la opinión pública. La zurda busca víctimas mortales, “mártires”, reafirmando su desprecio a la vida.
A la zurda le interesa el poder, no cree en la democracia porque la alternancia la alejaría del poder. Aprovecha la democracia como un instrumento de mercadeo que le garantice una imagen aceptable para la siempre tolerante política internacional.
Promueve la desconfianza, el recelo, el temor y la violencia, ahora en otra dimensión. Por medio de la “moral revolucionaria” trastoca valores y desecha la ética: ha dejaro el asesinato abierto y desembozado, pero sí expone al peligro -con consecuencia de muerte- a los pobladores que manipula, e instrumentaliza ‘el inevitable costo social’. Los castigos físicos –latigazos- son “justicia popular”. Y el robo o la extorsión son ‘contribución revolucionaria’. Cánticos amenazantes en contra de la autoridad y de todo aquel que se oponga a sus designios, destrucción de la propiedad pública y privada, etc. ¿Acaso no es precisamente lo que están haciendo hoy en Islay y antes hicieron en Conga y otros? La zurda tiene las manos manchadas de sangre, el bolsillo corrompido y la mente retorcida. Nunca fue la moral personificada ni tiene calidades para juzgar a otros sectores políticos que, al igual que ella, transitaron por caminos tortuosos.
La zurda no quiere entender que la democracia requiere generación de consensos, los cuales podrían ser: 1) Estimular las actividades productivas en que tenemos ventajas competitivas (ergo, impulsar la minería y emplear de manera eficiente los excedentes que ella produce -infraestructura social y productiva-). 2) Invertir en Ciencia y Tecnología (el cuidado del ambiente depende de la evolución del conocimiento, no de discursos anti-inversión) 3) Profesionalizar y alinear la burocracia hacia el objetivo de elevar la productividad. 4) Lucha contra la corrupción y el narcotráfico. 5) Simplificar el Estado para hacerlo amigable al ciudadano y lograr una real formalización e inclusión.
Una izquierda que desee convertirse en alternativa de gobierno tiene que abrir su mente al aporte del diálogo, el convencimiento y abandonar sus estrategias de imposición. Estimular la libre competencia porque promueve la inventiva e innovación para perfeccionar el mercado. Una izquierda con futuro incorpora lo alcanzado, no derruye el esfuerzo de muchas generaciones.
Por Guillermo Vidalón Pino
08 - May - 2015
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