Maria del Pilar Tello
¿La violencia forma parte del paisaje?
Reconsiderar el papel del Estado en la justicia social y en la organización social

Los días que corren, convulsos y llenos de zozobra, van generando distintas narrativas o formas de ver los problemas. Por un lado va la verdad y por otro las verdades alternativas o las noticias falsas que generan la desinformación que deteriora la imagen del Perú y de su democracia, sin que exista mayor voluntad o capacidad en el Gobierno para revertirlo.
Podríamos afirmar que las protestas responden a la visión y a los intereses de una parte del país que puede ser muy minoritaria, pero que avanza con una violencia que ya parece formar parte del paisaje. Quienes ponen los puntos sobre las íes son mal recibidos, mucha gente prefiere dejar de mirar noticias y aislarse en la comodidad de sus casas. No se reconocen en este Perú que tiene tantos problemas.
Zira Box señala que la investigación en ciencias sociales ha mostrado que hasta las afirmaciones triunfalistas requieren matices y quienes los ponen son vistos como aguafiestas. Que disciplinas como la sociología, la historia, la ciencia política, la antropología recuerdan que los discursos sobre la realidad no son imparciales, que suelen estar hechos a la medida de quienes tienen el poder y no de aquellos que se quedan en sus márgenes (*). Honesta introspección sobre cómo nos dejamos llevar para justificar nuestra comodidad, complacencia o inercia.
Escuchamos más a quienes predican que no hay razones de clase social o de género, que no hay sectores de población vulnerables. No es así. El negacionismo caracteriza nuestro tiempo. Y llegó al extremo de desconocer el virus que dejó millones de muertos en el planeta o descalificar la vacuna que logró preservar nuestra existencia.
Debemos contrastar esta actitud con la que necesitamos para desterrar desigualdades y apostar por una pacificación de largo aliento nos lleva a reconsiderar el papel del Estado en la justicia social y en la organización social y territorial. Un Estado que María Mazzucato ha recuperado en su rol esencialmente activo respecto de las identidades y las desigualdades que motivan múltiples y a veces malsanas respuestas. Desde esta óptica no encontramos en el estado gobierno que preside Boluarte la voluntad de pacificar desde la raíz.
Los convencidos del sistema capitalista tienen todo nuestro respeto. Nadie niega los talentos naturales para lograr un destino individual financieramente exitoso, pero las injusticias sociales siguen siendo el flagelo por excelencia. La marginalidad por pobreza y subdesarrollo mueve enormes masas humanas que migran para salvarse de la guerra o de la pobreza. La sociedad planetaria está lejos de ser homogénea o justa para todos. Para nivelarla, los que tienen más deben contribuir con los que tienen menos. La redistribución de la riqueza generó la seguridad social y el modelo del estado de bienestar con nociones vigentes que hoy deben ser preservadas y aplicadas a las realidades de la revolución tecnológica.
El Perú es un campo de Agramante, donde el Estado y la sociedad tienen la palabra para afrontar la violencia que nos afecta desde diciembre pasado hasta hoy. Que pone en vilo a todos los peruanos, a sus visitantes e inversionistas. No hay negacionismo posible. La Internet ha incorporado a la sociedad sectores que se sentían fuera de la modernidad y nos toca aceptar, como dice Francis Fukuyama, que las verdades que se difunden gracias a la conectividad, pueden ser disruptivas. La mejor actitud no es mirar a otro lado y menos aún negar el origen social de lo que está sucediendo.
* ZIRA BOX. “Cómo ser una aguafiestas: ciencias sociales para la vida pública”. El País, 05 de Noviembre 2021
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