Darío Enríquez

La tiranía de la desconfianza y su costo social

Estigmatización del éxito y externalización del fracaso

La tiranía de la desconfianza y su costo social
Darío Enríquez
09 de enero del 2026

 

El núcleo de este prejuicio se ubica en la mentalidad de suma cero. Bajo esta premisa, se asume que la riqueza y el éxito constituyen un pastel de tamaño fijo: si alguien obtiene una porción mayor, es porque despojó a otro de la suya. Esta visión reduce la complejidad socioeconómica, ignorando la capacidad humana de generar valor nuevo y dinámico.

El denominado “dogma de suma cero” ofrece un refugio psicológico ante el fracaso propio. Resulta más cómodo —y menos doloroso— atribuir el éxito ajeno al despojo que realizar un ejercicio de autocrítica. Al externalizar la responsabilidad, se legitiman inacción y autocomplacencia moral: la acusación de "pillo" hacia el exitoso funciona como una medalla de "honestidad" para quien no lo ha logrado.

 

Igualdad, diferencia y subjetividad del valor

Este dogma se sostiene en el uso peyorativo del término "desigualdad", confundiendo la igualdad de derechos con una imposible igualdad de resultados. Incluso en contextos de crianza idénticos —como el caso de hermanos gemelos—, las trayectorias divergen por diferencias lógicas en disciplina, gestión del tiempo y tolerancia al riesgo.

Condenar estas diferencias como una injusticia estructural equivale a desconocer que el valor es, por naturaleza, subjetivo. El mercado y la sociedad no premian el esfuerzo objetivo o el sacrificio físico en sí mismos, sino la capacidad de responder a necesidades ajenas. Cuando se ignora esta subjetividad, se percibe injusticia donde solo hay una respuesta eficiente a la demanda social, alimentando nuevamente el ciclo del resentimiento.

 

Disonancia cognitiva y estancamiento colectivo

El éxito de un par puede desestabilizar la autopercepción. Para resolver la tensión entre "yo soy capaz" y "él lo logró y yo no", la psique opta por validar cualquier información difamatoria. Creer lo peor del exitoso se convierte en un mecanismo de defensa que justifica la inmovilidad.

En el plano social, esta dinámica llama al estancamiento colectivo: la desconfianza frente al éxito ajeno desalienta la innovación y la movilidad. Se advierte una suerte de “envidia social” pues “prosperar es sospechoso”. En el Perú, se suma el incremento de la violencia y la extorsión, que convierten el progreso en un riesgo tangible. Si bien las élites económicas suelen ser vistas como los principales blancos de estas prácticas, la realidad muestra que también golpean con fuerza a pequeños comerciantes y emprendedores, quienes están muy lejos de ser “ricos”. Este clima de inseguridad erosiona la confianza social y refuerza la percepción de que destacar es peligroso. Así, la comunidad se protege de la incertidumbre castigando al que sobresale, lo que perpetúa un equilibrio frágil basado en la mediocridad compartida.

 

A modo de conclusión

No obstante, un análisis riguroso exige reconocer que los problemas que alimentan la mentalidad de suma cero son en parte reales. La verdadera desigualdad, la concentración de recursos y las asimetrías de poder generan percepciones legítimas de exclusión. Debemos enfrentarlas sin dogmas ni estigmas.

Una sociedad que concibe la economía como suma cero y la diferencia como patología está condenada al estancamiento. Este entorno produce un incentivo perverso: el talento se oculta o emigra hacia culturas donde el éxito se celebra como motor de progreso.

Es urgente transitar de la cultura de la sospecha y la estigmatización hacia una cultura del reconocimiento. En el caso peruano, esto implica valorar el progreso y comprender que las diferencias no son inmutables. La cooperación social se expresa en espacios cuya dinámica se centra en intercambios voluntarios y las diferencias se resuelven bajo coexistencia pacífica. El dogma de suma cero no es destino, sino desafío a superar. La esperanza compartida se fortalece cuando se reconoce la complejidad del conflicto y se convierte en motor de cohesión social.

Darío Enríquez
09 de enero del 2026

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