Francisco Swett

La pobreza: ¡cómo se sale, cómo se cae!

Cada país debe reconocer su identidad cultural y económica

La pobreza: ¡cómo se sale, cómo se cae!
Francisco Swett
20 de mayo del 2019

 

La pobreza no es simplemente falta de dinero. Es un conjunto de circunstancias que configuran un cuadro multidimensional de privaciones que incluyen, además de la falta de dinero, la ausencia de oportunidades de empleo productivo, la marginación (por circunstancias de sexo, edad, raza o condición social), el hacinamiento y las condiciones precarias de vivienda, la ignorancia y precariedad educativa, la desnutrición y limitado acceso a agua potable, el alto riesgo de enfermedades, la inseguridad y el maltrato. Son todas características de los cuadros de pobreza que afectan en grado variable a una tercera parte de la humanidad.

La mayor experiencia de transición desde la pobreza a la prosperidad se ha dado en Asia, continente considerado menos de tres generaciones atrás como tierra perdida para la redención económica, pero que hoy constituye el centro de gravedad de la economía mundial. Entre los países que han logrado esa transición (Corea, Taiwán, Singapur vienen a la mente) se configuran territorios desprovistos de la amplitud de recursos naturales que caracterizan a los países latinos o africanos. La necesidad imperiosa de sobrevivir es, a no dudarlo, el acicate de la eventual prosperidad. Donde no existe el rentismo, la gente debe organizarse para prosperar con su ingenio y armar la arquitectura del progreso que se basa, en tiempo presente, en el esfuerzo educativo, la adquisición colectiva del conocimiento, el refuerzo y preservación de las instituciones de la democracia, el Estado de derecho e imperio de la ley, el combate sin cuartel a la corrupción, la adopción de tecnología, y el entendimiento cabal de las ventajas comparativas.

Al igual que el rostro de la prosperidad, el rostro de la pobreza tiene la máscara de una condición mental individual y colectiva. El asistencialismo no resuelve los problemas de la pobreza, pues no le permite a los beneficiarios trascender su circunstancia. Los bonos, transferencias y subsidios son instrumentos preferidos por los populistas para mantener la dependencia de sus clientelas políticas que sustentan su poder. Son, aparte de ello, curas masivas que se alimentan de recursos que, la experiencia enseña, pueden ser mejor utilizados en políticas públicas alternativas. Todos cumplen la función de “muletas”, como cuando se pretende combatir cualquier especulación con control de precios y no con la competencia entre proveedores.

Al igual que aquellos países que han superado la pobreza, los hay aquellos que —como Venezuela y Argentina— están superdotados de recursos naturales; pero precisamente por esa condición, son víctimas propiciatorias del populismo socialista. Los ataques frontales contra la libertad individual, la sofocación del emprendimiento, la represión financiera, los planes de desarrollo, la hiperregulación de la economía, y la puesta en marcha de proyectos de relumbrón explican en buena medida la pobreza de los países.

Los regímenes tributarios disfuncionales acompañan al bajo crecimiento, de la misma forma que la inflación va de la mano con el gasto público desenfrenado y mal concebido. Cada país debe reconocer su identidad cultural y económica, rescatar su historia y entender su geografía. Panamá lo hace con su canal, Costa Rica con su respeto a la naturaleza, Singapur con su posición en el Estrecho de Malaca. Las ventajas comparativas son intrínsecas a la dotación natural y geográfica de un país; las ventajas competitivas se originan en la organización social y económica, en la innovación, el buen marketing nacional y en la seguridad jurídica que abriga la producción.

En conclusión, se puede salir de la pobreza y borrar su rostro. Y se puede hacer en el curso de un par de generaciones. Se puede, por el contrario, arruinar un país en menos de una generación, cegar el futuro de los niños y jóvenes, expulsar a los nacionales en diásporas de desesperación e implosionar como sociedad. Lo que funciona está suficientemente identificado, al igual que lo que conduce al fracaso.

 

Francisco Swett
20 de mayo del 2019

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