Francisco Swett
La pandemia y el traje del emperador
Los graves errores de Trump y de otros gobernantes

Conforme va pasando la primera oleada de la pandemia, crecen las inculpaciones y la evidencia de los errores propios de la negligencia y la soberbia. Si bien hay gobiernos que han manejado bien el problema, son, lamentablemente, las excepciones. Las escenas más comunes muestran el colapso de los sistemas de salud, la falta de medicinas e implementos, la ausencia de camas de hospital, la falta de información o información poco efectiva, y la mala condición socioeconómica de la población de afectados. En los casos extremos la presencia de cadáveres en las casas de salud, en las residencias e inclusive en las calles, y las morgues al tope y los cadáveres insepultos en los cementerios evidencian la pérdida de la condición humana y las limitaciones de los gobiernos.
La pandemia tiene una enorme cola económica. Se estima que las pérdidas de producción en la economía global son del orden de quince trillones de dólares, o, aproximadamente tres cuartas partes del tamaño de la economía americana. Las pérdidas en el comercio internacional superan el 30% del total del intercambio mundial. La catástrofe da lugar a toda suerte de recriminaciones contra China, recriminaciones que van desde conspiraciones arrancadas de la imaginación de Ian Fleming hasta las investigaciones respecto de los orígenes, los errores y las posturas políticas que determinaron que se desate una tragedia global.
Las pruebas genéticas del virus Sars Covid-2 muestran un 96% de similitud entre su cadena de RNA y la de un coronavirus que habita en los murciélagos herreros del sur de China, a 2000 kilómetros de Wuhan. Este hallazgo hace presumir que no se trata de un virus sintético de laboratorio o de la potenciación como arma biológica (weaponization) del virus para aumentar el arsenal chino. La explicación más plausible es la de una investigación epidemiológica que se descarriló por diversas causas, incluyendo la falta de controles estrictos en el manejo de la cepa, y el llevarlas a cabo en instalaciones que no reunían las condiciones requeridas de alta seguridad biológica (el laboratorio en Wuhan, en donde se presume que se inició la epidemia, está clasificado en Nivel 2, de 4 posibles).
En un momento de descuido o desaprensión, el virus infectó al paciente cero (posiblemente un investigador) quien, inadvertidamente y asintomático, vectorizó al planeta entero. Si hubo o no un pedido de ayuda previa a los Estados Unidos, y si esta fue concedida y en qué forma o no, será un tema de discusión posterior. Los chinos argumentarán que sus investigaciones son válidas y requeridas para explorar la producción de vacunas y medicinas para combatir, precisamente, las epidemias virales.
Salido del laboratorio y desencadenado el demonio, la historia cambia de matiz. Para el PCC cualquier admisión de error va en desmedro de su legitimidad, y en un régimen autoritario, sofocar y controlar la información es el modo normal de operar. Más aún, vista la cercanía de las negociaciones para saldar la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el gobernante chino pudo haber ordenado el embargo total de comunicaciones sobre un tema de alto poder explosivo. Trump, por su parte, cayó víctima de su autosuficiencia desde el momento en el que minimizó el riesgo de la epidemia. La apuesta le ha salido cara: hoy Estados Unidos es el epicentro de la pandemia, tiene el mayor número reportado de afectados y de muertos, y su economía está en profunda recesión.
La siguiente rueda es la de las recriminaciones. Trump ha iniciado su ofensiva, pues está en juego su reelección, su futuro político y su legado. La caída de la bolsa de valores, el colapso petrolero, la aniquilación del empleo y la quiebra generalizada de las empresas y personas son riesgos materiales presentes. La entrega de recursos equivalentes al 10% del PIB podrá tener un efecto calmante, pero el tiempo y las circunstancias –las elecciones generales son en noviembre y está abajo en las encuestas– no le ayudan. En tales circunstancias, volcarse contra China es la estrategia más expedita; invocar el nacionalismo, volver a apretar las tenazas del comercio, mostrar el músculo militar americano, proponer sanciones al régimen de Xi, son todas manifestaciones que podemos esperar en los meses de la campaña electoral.
Menudo lío. Tomando prestadas las imágenes originales de Hans Christian Andersen, los emperadores salieron a desfilar vistiendo “su mejor traje” sin percatarse de que su hybris ha tenido el costo más alto en muertes y pérdida de bienestar que nadie se pueda haber imaginado. Ni siquiera Ian Fleming.
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