Eduardo Zapata

Eduardo Zapata

La negación de la realidad y las políticas públicas

Debemos aceptar que en el Perú existe un problema de alcoholismo

La negación de la realidad y las políticas públicas
Eduardo Zapata
19 de April del 2018

 

Distorsionar, falsear o aun maquillar la realidad conduce inevitablemente al trazo de políticas públicas ineficientes. Y en términos morales, así como económicos (costo/beneficio), eso también se llama corrupción.

A veces por intereses egoístas o partidarios, distorsionamos deliberadamente los sacrosantos “indicadores de base” para obtener rápidos “logros” que satisfagan egos propios y ajenos. En otras oportunidades —y sin valorar su pertinencia en espacio, tiempo e historia— esos indicadores express devienen en políticas cool y fresh propiciadas y amadas por los organismos internacionales, aun cuando terminen siendo fuente de frustración y violencia.

Sabemos que los seres humanos somos poco afectos —desde la niñez— a aceptar culpas. La psiquiatría ha explorado bastante todo lo que significa la negación de la realidad. Pero cuando en política esa negación se convierte en mentira sistemática, los efectos sociales pueden terminar siendo hasta devastadores para las colectividades.

Y en educación, hay una realidad que por no ser “políticamente correcta”, no estamos aceptando. Y necesitamos con urgencia aceptarla para no seguir gastando y no invirtiendo en el tema educativo.

Por una autoestima mal entendida tenemos temor en aceptar que en el Perú existe un problema de alcoholismo. Que si hasta ayer era grave, hoy es extremadamente grave. Como estamos hablando de educación, negar el problema compromete la realidad misma de ese alumno que hoy tenemos sentado en el aula.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática tenemos anualmente 6,882 festividades cívicas y patronales. A ello debemos agregarle los conciertos populares que se multiplican y discotecas que funcionan todo el día, todos los días. ¿Denominador común de todas estas convocantes alegrías?: el alcohol. Y todo esto acompañado por una publicidad masiva e invasiva de bebidas alcohólicas que (por lo demás, lo dictan sus estrategias de marketing) convierte hasta una inofensiva kermesse en una fuente de ingresos por la venta de bebidas alcohólicas.

Diversos estudios coinciden en que el número de concepciones derivadas de esta desbordante alegría está cercano ya el 40% de niños engendrados bajo los efectos del alcohol. Y esos mismos estudios ponen de manifiesto que las madres gestantes en el Perú —en un 60% de casos— suspenden la ingesta de alcohol solo a partir del sexto mes de embarazo.

Estudios de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh demuestran que el consumo de alcohol antes de la fecundación produce daños tempranos e irreversibles en el feto. Afectando la formación del sistema nervioso central, base fundamental de la cognición.

El National Health Institute de los Estados Unidos, así como investigaciones de las Universidades de Oxford y Bristol de Inglaterra, subrayan que el consumo de alcohol durante el embarazo produce también alteraciones en el desarrollo neurológico del sistema nervioso central. Lo que ellos denominan síndrome de alcohol fetal, que perjudica la inteligencia y habrá de dificultar la comprensión del razonamiento abstracto.

Alumnos, maestros, familia y entorno son actores esenciales de la educación. Lo sabemos. Y las observaciones que hemos hecho, con basamento científico, no se pueden negar. Trazar hermosos currículos y pretender importar métodos pedagógicos, a veces hasta idealizados, y paralelamente negar la realidad deviene en un acto de corrupción. Nuestros alumnos —con sus competencias e inhibiciones— merecen un sinceramiento por parte de quienes se preocupan por la educación.

 

Eduardo Zapata
19 de April del 2018

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