Iván Arenas
La minería moderna y los relatos de la posmodernidad
La necesidad del combate ideológico y cultural

La minería moderna en general y el cobre en particular son –por así decirlo– el pan del Perú y la oportunidad para reducir la pobreza, generar miles de empleos y pasar de una vez al desarrollo, más allá del crecimiento económico. No obstante, se sabe de largo que se ha construido contra la minería moderna un relato posmoderno, ladrillo a ladrillo, que rebasa los límites de la razón y las ciencias como elementos de la verdad.
Ahora bien, vale explicar por qué decimos qué hay relación entre la minería moderna, la posmodernidad y los relatos antimineros. La minería moderna es un sector productivo, que se basa en hechos científicos verificables con evidencia práctica. Asimismo, este sector, a nivel mundial, viene adaptando sus políticas al cumplimiento de lo que se denominan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, el consenso internacional para la sostenibilidad.
Hoy tenemos en el Perú operaciones mineras que se rigen al cumplimiento de estándares sociales, ambientales y laborales, además de que siguen a pie juntillas la legislación nacional, que es –en algunos aspectos– más dura que la de otros países, como en el caso ambiental y tributario.
¿Pero por qué a pesar de todo lo anterior los relatos contra la minería moderna, sobre todo lanzados por la izquierda “post extractivista” logran imponerse en un sector de peruanos? A entender del suscrito, se debe a que ahora vivimos en la posmodernidad, que no es sino la crisis de los grandes relatos. En resumidas cuentas: que la verdad no existe, solo hay verdades relativas.
Incluso antes de la Ilustración, la modernidad se sostiene básicamente en la razón, la verdad y la diferenciación de lo que es bueno y malo. Frente a este mundo racional y universal se alza ahora un mundo posmoderno que entiende que la verdad está sujeta al poder y al dominio. No alcanzaría el espacio de este texto para explicarlo, pero algo debe quedar claro: la posmodernidad desafía la razón y la verdad; por ende, desafía también a las ciencias.
De allí que cuando en el sector minero moderno se presentan múltiples informes sobre los beneficios e impactos positivos, así como del cumplimiento de los estándares sociales y ambientales, un sector de profesionales, técnicos y políticos orillados en la izquierda simplemente no les creen El detalle es que estos informes surgen de data, evidencia y comprobación científica, verdades que, basadas en las ciencias, son inobjetables; pero bajo la ideología posmoderna eso es sencillamente “parte del juego de las grandes mineras que depredan el recurso de los peruanos, contaminan y utilizan al Estado”.
El problema es grave si la posmodernidad asumida por la izquierda no es combatida con la modernidad de la razón y la ciencia. Por eso el combate ideológico y cultural es hoy más necesario que nunca antes.
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