Guillermo De Vivanco
La metamorfosis de la Cultura

Cuando el periodismo se convierte en el más vil de los oficios
En su ensayo sobre “La Civilización Del Espectáculo” (Alfaguara 2012) Mario Vargas Llosa nos dice: “Para esta nueva cultura son esenciales la producción industrial masiva y el éxito comercial. La distinción entre precio y valor se ha eclipsado y ambas cosas son ahora una sola, en la que el primero ha absorbido y anulado al segundo. Lo que tiene éxito y se vende es bueno y lo que fracasa y no conquista al público es malo. El único valor es el comercial. La desaparición de la vieja cultura implicó la desaparición del viejo concepto de valor. El único valor existente es ahora el que fija el mercado.”
Efectivamente nuestra escala de valores se encuentra trastocada. La frivolidad, el escándalo, lo grotesco es lo que vende. Nos alimentamos del morbo y de un apetito desmedido de asombro que paga para que disminuya nuestro aburrimiento.
Hace un par de años, mientras se construían unos baños subterráneos en Gamarra, ocurrió un accidente que le costó la vida a un obrero. Los conocidos “dirigentes” de Gamarra aprovecharon las cámaras para, mediante calumnias y bravuconerías, difamar y mentir sobre la legalidad y procedencia de la concesión. Cuando alguien pretende ser líder sin ideas no le queda más recurso que oponerse a las ideas de otros. Parecía un golpe de estado municipal, alentando peligrosamente a la subversión y la violencia. Tal como hicieron en Bagua.
Muchas veces la prensa termina como vocero de la violencia, o del delito. Difunden cómo se planea el crimen perfecto o, a veces, enseñando ingenuamente detalles innecesarios de las investigaciones policiales. ¡Cómo pueden advertirles a los delincuentes los errores que permitieron descubrirlos!
Cuando Ciro Castillo Rojo y Rosario Ponce se perdieron en el Colca muchos pensamos que no iba a ser posible que sobrevivan al clima extremo del cañón. Felizmente a Rosario la encontraron a tiempo, pues si se demoraban 24 horas más no hubiera sobrevivido. Sin embargo pareciera que ese fue justamente su delito: haber sobrevivido. El resto ya lo sabemos, sino recordemos las más de 100 portadas del diario Ojo tildándola de asesina, y de la demás prensa amarilla que aprovechó la veta más morbosa del periodismo: hacer escarnio de la tragedia.
Hoy Rosario ha sido declarada inocente, pero vivirá el resto de su vida con el estigma de haber sido juzgada por la prensa como asesina. Lo justo sería que le vuelvan a dedicarle la misma cantidad de portadas, esta vez dedicadas a proclamar su inocencia. Lucho Banchero, fundador de Ojo, se avergonzaría del triste papel jugado por el diario.
Ayer, mirando los noticieros, recordaba este caso cuando veía el espectáculo de los reporteros filmando a Paul Olórtiga, viudo de Edita Guerrero. Parecían buitres al acecho de su presa. Las opiniones de connotados médicos forenses hacen dudar sobre su culpabilidad. Sin embargo su derecho a la presunción de inocencia es ignorado. Lo rompió una denuncia anónima. La avidez de la prensa por vender encuentra una vez más su oportunidad: el morbo y escándalo. Lo que le gusta a la gente. Un “reality show” enormemente entretenido. Estoy seguro que cuando Olórtiga sea juzgado, su defensa desvirtuará la acusación y la carencia absoluta de pruebas, y será declarado inocente. En ese caso, nadie reparará el daño causado a su honra y a la de sus hijos, ni los nueve meses de prisión que sufrirá. Mientras tanto, nos entretenemos con el drama ajeno.
Por Guillermo de Vivanco
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