Maria del Pilar Tello
La guerra de los chips
Taiwán en el centro de las disputas entre Estados Unidos y China

La guerra fría tecnológica es una realidad que muchos todavía ignoran. Estados Unidos, como primera potencia mundial, está amenazado en su hegemonía por China, cuyo líder ha proclamado su afán de dominación tecnológica. No se sabe si el siglo XXI será el segundo siglo de supremacía del gigante norteamericano o el primero de la prevalencia mundial de China; un país presidido por Xi Ping, de mandato vitalicio, y que difunde su objetivo a través de planes de extensión e influencia en el mundo, que se van cumpliendo escrupulosamente.
En el centro de la confrontación está la fabricación de los semiconductores, que conocemos como chips o microchips, que sirven para el funcionamiento de todos los dispositivos que van surgiendo de la revolución tecnológica. Esa parafernalia que llena nuestros días de asombro y comodidad cuando navegamos por la Internet o hacemos uso de los productos que nos entrega la innovación.
Taiwán, la isla que sirvió de refugio a los nacionalistas chinos a los que venció Mao, se ha convertido en la productora estrella de semiconductores en el mundo. A fines de agosto del año pasado los buques de guerra chinos ensayaron un bloqueo a la isla para advertir lo que podría venir si desoyen los llamados a la integración con China, que sigue considerando a Taiwán como parte de su territorio, más valioso aún por lo que significa su avance tecnológico. La amenaza no es una guerra destructiva como la de Ucrania, sino una interrupción total de las cadenas de suministro electrónico que hacen que el mundo moderno funcione.
Taiwán es el eje de las preocupaciones mundiales. Sus principales socios comerciales son China, Estados Unidos, Europa y Japón, a los que provee de sus valiosos chips. No solo depende de esos chips la tecnología, especialmente está en suspenso el futuro político de la isla que se quiere autónoma, y de las potencias occidentales que son sus clientes que no pueden dejar de recibir parte de su industria de semiconductores que los han puesto a la vanguardia.
Y es que desde la última década Taiwán tiene al mayor fabricante de chips en el mundo que es Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, TSMC, inmensa fábrica que se comprometió a transferir tecnología y a abrir nuevas fábricas en Estados Unidos y Japón. Esta es una realidad inquietante para la política y la economía global. Taiwán es el mayor productor de los chips más avanzados del mundo y como tal un foco geopolítico peligroso. Un conflicto en su territorio dejaría a las grandes potencias sin los microchips para fabricar todo lo que las hace funcionar, desde celulares a drones y supercomputadoras. Incluyendo la guerra cuyas nuevas armas también dependen de los chips. Y por supuesto que estos guían a los misiles y analizan enormes cantidades de datos militares.
Por todo esto TSMC, a la que casi nadie conoce en su inmensa importancia en los destinos del mundo, es esencial tanto para Washington como para Pekín. En sus talleres se corre la suerte de la democracia y de la seguridad económica y nacional. Taiwán afirma su disposición a trabajar con socios occidentales para construir cadenas de suministro sostenibles para lo que ha llamado "chips de la democracia". Pero esto no gusta nada a China que acentúa su presión en la isla sin dejar de recordar que tarde o temprano regresará al territorio del que siempre ha sido considerado parte.
TSMC opera entre estrechos márgenes, atiende los intereses estadounidenses y chinos. Construye nuevas instalaciones de producción en Japón y en Arizona pero también amplía su fábrica en Nanjing, al este de China. Pero la gran mayoría de su producción más avanzada continúa en Taiwán en donde sigue construyendo más instalaciones para su producción de vanguardia.
Así está se va construyendo y preservando la paz mundial, día a día entre intereses e inteligencia artificial y no artificial. La dependencia de China de TSMC disuade al Partido Comunista de invadir la isla. La dependencia de Estados Unidos del conocimiento de altísimo nivel científico sobre semiconductores fundamenta su apoyo militar a Taiwán. Si hubiera una conflagración militar sobre Taiwán la falta del suministro global de chips paralizaría la infraestructura digital del mundo. A nadie extraña que la población de Taiwán considere a TSMC su "montaña sagrada, protectora de la nación".
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