Guillermo De Vivanco
La gran estafa nacionalista
En 2023 le prestamos a Petroperú US$ 750 millones, y hoy están tramitando otro préstamo de US$ 2,500 millones

En días pasados el sindicato de Aerolíneas Argentinas se plantó frente al local de la compañía con una gran pancarta que decía: “Aerolíneas es nuestra”. Sin embargo cuando Milei acepta su pedido y les plantea a sus trabajadores que asuman la propiedad y que AA se convierta en una sociedad anónima, es decir que sean ellos los verdaderos dueños de las acciones, estos no aceptan, ¡se niegan a que les “regalen” la empresa! La razón es muy simple: Aerolíneas Argentinas, gracias a sus sindicatos, es una empresa obsoleta, ineficiente y cara; su supervivencia se explica por el proteccionismo del que ha gozado pues sus pérdidas las asumen todos los argentinos. Las empresas estatales no quiebran, son alimento para los parásitos y sus pérdidas las asumen sus sociedades. Podemos afirmar que este es el tipo de empresas que la izquierda propone. Los balances no importan, la data se ignora. Lo que importa son los puestos de trabajo y las argollas de corrupción.
Otro ejemplo claro de la gran estafa nacionalista es la debacle económica que significó la nacionalización en Venezuela de su industria petrolera, la empresa emblemática: Petróleos de Venezuela (PDVSA), ha disminuido su producción de tres millones y medio de barriles diarios en 1998 a 780,000 en la actualidad, mientras su planilla se triplicó desde entonces. La empresa estatal, ha perdido dos millones quinientos mil barriles diarios de producción lo que significa que al valor actual del petróleo (US$ 80 el barril ) sus ingresos por ventas han caído en US$ 200 millones diarios. ¡Esa es la izquierda! No pueden con la envidia que les produce el sector privado, y su animadversión hacia el capitalismo los ciega, por lo que expropian o roban empresas que nunca sabrán gerenciar. Se convirtieron en empresas que no tienen dueño, nadie que las cuide. Por esta razón seis millones de jóvenes venezolanos han huido de la opresión y el hambre, de la utopía comunista; igual que en Cuba, la consigna se cumple: sociedades empobrecidas, cautivas dependientes y sumisas.
En Perú para los que no conocen la historia estatista del Velascato está sucediendo lo mismo con la empresa estatal Petroperú; según indica Arturo Vásquez ex viceministro de energía, los intereses preoperativos de la refinería de Talara han aumentado en los últimos 60 días en US$ 265 millones (US$ 4.42 millones diarios), llegando a sumar un total de US$ 1,000 millones en intereses antes de funcionar. Según César Gutiérrez ex presidente de Petro Perú la deuda que mantiene la empresa estatal es de US$ 8,000 millones, y se pregunta si Talara costó US$ 6,200 millones, ¿dónde se fueron los US$ 1,800 millones restantes? ¿Pérdidas operativas? ¿Ineficiencia? ¿Corrupción?
El año pasado le prestamos a Petroperú US$ 750 millones, y hoy están tramitando un préstamo adicional de US$ 2,500 millones. ¡Basta ya! Cuánto se pudo hacer con semejante despilfarro.
Sin embargo, mantengo el optimismo, supongo que como producto de haber crecido en Gamarra, una sociedad andina, empresarial, individualista, pragmática, y meritocrática, muy poco ideologizada, y también por ser el Perú un país inmensamente rico. En Gamarra más del 95% de las galerías han sido construidas por gente de los Andes, ellos son lo que han invertido, no hay capital extranjero. Inmigrantes empeñados en trabajar y salir de la pobreza. Esta sociedad simboliza al peruano emprendedor, desarrollado dentro de un caos organizado, con gobiernos y políticas ambivalentes, pero con una notoria visión capitalista. No es progresista ni cooperativista, su cultura es la competencia y el enemigo común es el estado sobrerregulado, corrupto y abusivo.
Si Gamarra “hablara” su discurso ideológico sería generar riqueza, su urgencia sería destrabar los obstáculos para la inversión y reducir el Estado para que sea competitivo y no una fuente de empleo innecesario que obliga a pagar más impuestos. Solo generando riqueza podremos financiar servicios de calidad, desarrollar infraestructura y mejorar la calidad de vida de las personas. Lo corroboran los ejemplos de cientos de emprendedores que hemos visto triunfar en los últimos 50 años.
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