Francisco Swett
La Gran Depresión: ¿fue causada por el laissez faire?
Consecuencia de no respetar las relaciones naturales del mercado

En la década de los años veinte, diez décadas atrás, la Casa Blanca fue ocupada por Woodrow Wilson (1913-1921), Warren Harding (1921-1923), Calvin Coolidge (1923-1929) y Herbert Hoover (1929-1933). Los tres últimos mandatarios fueron republicanos, y esta vinculación ha sido utilizada por múltiples historiadores para, haciendo uso de las estadísticas existentes, aseverar que la Gran Depresión fue causada por sus políticas laissez faire. Sostienen, además, que fue con el advenimiento de Franklin Delano Roosevelt y su activismo fiscal que se pudo salir del empantanamiento que causó la mayor pérdida de empleos y producción jamás experimentada por los Estados Unidos.
La historia del período, durante el cual las tasas de desempleo rondaron el 20% y el PIB descendió en una tercera parte, es examinada en detalle por Murray Rothbard, un erudito y prolífico historiador económico que produjo una bitácora exhaustiva (America’s Great Depression) de los eventos transcurridos durante la década. Rothbard enfoca su análisis en el rol de Herbert Hoover, primero como secretario de Comercio y posteriormente como presidente, probando –en forma documentada– que dicho período se distinguió no por ningún dominio de la economía del libre mercado, sino exactamente al revés: por una supresión de las fuerzas del mercado al punto de, prácticamente, poner a la ley de la oferta y demanda al margen de la ley.
La economía de mercado es contraintuitiva: todas aquellas acciones que se supone son correctivas tienen efectos colaterales perniciosos que implican, entre otros, la pérdida de recursos, desfinanciamientos fiscales masivos y la eliminación de empleos. Los ciclos económicos tienen invariablemente su origen en burbujas crediticias del sector privado y del público. A su vez, la dotación de crédito tiene como vector determinante las distorsiones en la tasa de interés que determinan las preferencias entre el ahorro/inversión y el consumo, y el activismo monetario de la banca central. Finalmente ambos, estímulos y distorsiones, se ven reflejados en el espejo de las decisiones de la autoridad fiscal que o bien responde a presiones políticas o a preferencias ideológicas.
La década americana de los años veinte fue testigo de todas las perversiones que se pueden dar en una economía. El Gobierno federal acaparó los espacios de los gobiernos estadales. Se reprimió a sectores enteros de la economía, como a los camales y procesadores de carne, para favorecer a los ganaderos. Se cartelizó a amplios sectores de la producción para fijar precios, limitando la oferta. En la agricultura se dio rienda suelta a las garantías de precios, buscando bajar la producción; pero el efecto fue exactamente al revés, provocando pérdidas ingentes al fisco. Se consagró el proteccionismo, con lo que se limitó la oferta para los consumidores; y se puso límites a los mercados de exportación, cuando las retaliaciones de otros países empezaron a limitar el ámbito de la oferta americana.
Se actuó contra la migración para limitar la competencia en los mercados laborales y proteger los empleos. El mantenimiento de sueldos y salarios por encima de las condiciones del mercado fue causa directa del creciente desempleo (por favorecer a unos y discriminar contra las mayorías) y del colapso de la producción. En los mercados de valores se prohibieron las ventas cortas (short sales) que permiten apostar a la baja los precios de las acciones (y que por ser ventas, requieren de un “comprador” de las posiciones), con lo cual se eliminó uno de los elementos de equilibrio del mercado, propiciando la quiebra de Wall Street. La expansión fiscal y monetaria permitió que bancos cuyas carteras estaban perdidas pudieran subsistir por períodos adicionales,. sin la posibilidad de limpiar sus portafolios, incrementando las pérdidas. El frenesí prosocialista derivó en una fiebre de propuestas hechas por los jerarcas de firmas como General Electric o el decano de Harvard Business School, reclamando la necesidad de adoptar una economía planificada que copie el modelo soviético.
Todas estas acciones probaron lo que la buena teoría prevé. La Gran Depresión sobrevino como consecuencia de la torcedura de las relaciones naturales del mercado, y no de la interacción de las fuerzas del mercado. Los paralelos históricos son, por lo demás, dramáticos en su vigencia; hoy, como hace un siglo, muchos países, al igual que los Estados Unidos, recurren al proteccionismo, a la represión de la migración y al activismo político y monetario en forma tan masiva que los efectos colaterales posteriores, cuando se hayan acabado los cartuchos, podrán ser catastróficos.
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