Francisco Swett
La economía del narcotráfico
Carteles son negocios transnacionales de alto poder político

¿Qué peso tiene el narcotráfico en la determinación de la disfuncionalidad de la mayor parte de los gobiernos y en la descomposición social? Para contestar es menester entender la configuración económica de la actividad: su tamaño; su cadena de “valor” y organización; sus métodos e incidencia; además, sus vínculos con la política en los diferentes países. El narcotráfico es una actividad de crimen organizado, sus estructuras de comando y organización son similares a la de las mafias y sindicatos del crimen.
El propósito del narcotráfico es la venta de drogas de consumo prohibido y otros negocios colaterales, que incluyen la trata de personas, el lavado de activos y actividades asociadas a delitos como el tráfico de armas. Como cualquier organización comercial, la actividad tiene instancias de gobierno, contabilidad y presupuesto, logística y transporte, marketing, control, recursos humanos, plan de negocios, departamento de finanzas e inversiones, inteligencia y espionaje, reclutamiento, defensa de territorio, disciplina, cumplimiento y penalización.
Es un negocio que emplea millones de personas, cuyas ventas se situaron en 2017 en alrededor de 1% del PIB global y 6% del comercio internacional, esto es, alrededor de US$ 800,000 millones. Para visualizar la magnitud, el producto del narcotráfico es dos veces mayor que el PIB de Argentina, casi cuatro veces el de Perú y ocho veces el de Ecuador.
La guerra contra el narcotráfico, que lleva ya más de cuatro décadas, ha sido un fracaso rotundo, con golpes aislados contra prominentes barones de la droga como Escobar o Guzmán. El consumo y la expansión del negocio están virtualmente asegurados, pues la población consumidora a nivel mundial cifra 250 millones de personas de los cuales alrededor de 30 millones son narcodependientes. Es un mercado estable con demanda inelástica (esto es, poco afectada por las variaciones de los precios) por lo que la represión de la oferta simplemente sube el precio y mantiene o amplía los márgenes de rentabilidad.
Por el lado de la oferta, las zonas cocaleras de Bolivia, Colombia y Venezuela son económicamente dependientes de la producción de la hoja de coca ya que los ingresos percibidos por los productores (entre US$ 6 y US$ 12 por kilo) no existen en productos alternativos. La cadena de valor permite visualizar la economía del narcotráfico cuyo rango de precios por kilo de cocaína va desde US$ 2,000 por kilo en la fuente hasta un promedio ponderado en los mercados de consumo de más de US$ 52,000 según datos de las Naciones Unidas para 2010. El menú de productos se ha ampliado para incluir desde marihuana hasta heroína, opioides y metanfetaminas en toda suerte de presentaciones que evidencian un enorme conocimiento de la química y los procesos de refinación así como de los procedimientos de empaquetamiento, transporte multimodal, y distribución en todos los niveles, desde los mayoristas a los minoristas al detalle.
Los carteles son negocios transnacionales de alto poder económico y político. No obstante ser de persuasión “capitalista”, su poder se sustenta en la capacidad para hacer alianzas con movimientos revolucionarios como las guerrillas colombianas de las FARC, los gobiernos de Cuba y Venezuela (Maduro fue declarado narcotraficante por el presidente Trump en esta fecha). Los gobiernos de la familia del socialismo del siglo XXI hallaron en tales alianzas vetas de poder económico y enriquecimiento ilícito. El caso de Venezuela es el caso extremo de tomarse el poder en un país inmensamente rico en recursos y con una posición geográfica favorable frente a la cuenca del Caribe, para servir de nexo de comunicaciones hacia Centroamérica, el Caribe, África y Europa. Es un salto audaz pero congruente con la convicción que es mejor ser la ley que estar al margen de la misma.
El narcotráfico es un poderoso vector de contaminación que, coadyuvado por el revanchismo social de la extrema izquierda constituye una realidad y desafío para la organización del Estado Nación. No hay soluciones nítidas pues la narco dependencia refleja la condición humana en todos los niveles socioeconómicos. Para efectos de montar estrategias de represión podrían explorarse los conceptos, estrategias y tácticas que sustentaron la campaña contra el tabaquismo a lo largo de cinco décadas, con resultados. Debe entonces hacerse un esfuerzo paralelo para contrarrestar actividades criminales que no se circunscriben solamente a la temática de la salud pública, sino de la preservación de la sociedad civilizada.
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