Francisco Swett

La economía de los intangibles

Frágiles y difíciles de valorar

La economía de los intangibles
Francisco Swett
17 de febrero del 2020


Para entender la economía del siglo XXI hay que conocer la anatomía de la producción y de lo que define a la prosperidad económica. La evolución ha ido de lo visible a lo invisible, del cemento al chip electrónico y de éste a las matrices de grandes datos (Big Data) que conforman las memorias de los sistemas neurales de la inteligencia artificial. 

En 1975, según un estudio de Aon, en el S&P 500 (índice de Standard & Poors de 500 empresas que cotizan en Wall Street) los activos de las cinco corporaciones más grandes sumaban US$ 715,000 millones, de los cuales US$ 549,000 millones (83% del total) eran bienes tangibles, y US$ 122,000 millones (17%) eran intangibles. La posición mayoritaria de los bienes tangibles continuaría hasta finales de la década de los ochenta; pero para 1995 se habían producido cambios drásticos que determinaron que los activos totales, valorados en US$ 4.59 trillones (1x10^12), 68% lo eran de activos intangibles. Para 2018 la cifra de activos totales se había elevado a US$ 25.03 trillones y el total de intangibles sumaba US$ 21.03 trillones; esto es, el 84%. Las empresas grandes de 1975 (IBM, Exxon Mobil, Procter & Gamble, GE y 3M) dieron paso, para 2018, a la supremacía de Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook: los gigantes del momento.

A diferencia de los activos tangibles –que son fáciles de evaluar, son sólidos y eficientes, y pueden ser asegurados– los activos intangibles son difíciles de valorar, son frágiles e ineficientes y cuesta mucho asegurarlos. Entre el catálogo de activos intangibles se incluye a la propiedad intelectual, los derechos de posesión (regalías), las marcas, el goodwill y las licencias de programas y sistemas, la información contenida en datos, los acuerdos de no competencia, las redes de relaciones (networking) y los derechos originados en el dominio público, tales como la perforación en estructuras petroleras o de explotación minera. 

La mayoría de tales activos no constan en los estados financieros. Para precautelar al mercado contra falsas pretensiones de valores intangibles inexistentes, las normas de contabilidad no los reconocen hasta tanto se produzcan las transacciones de compraventa que justifiquen la valorización. Alrededor de una tercera parte de las empresas que cotizan en bolsa no incluyen intangibles, su inclusión elevaría substancialmente el valor de estas empresas. 

El mercado, en este caso el mercado de las empresas que cotizan en bolsa, determina la capitalización de una empresa como el valor resultante de la multiplicación la cotización de cada acción por el número de acciones emitidas. La percepción que los inversores tienen respecto de cuán rentable, competitiva, innovadora, aptamente manejada y con una gama adecuada de productos y servicios es la compañía se traduce en el indicador precio/ganancias que al momento es, para el mismo S&P 500, de 25.43X. En otras palabras, en promedio, las acciones se cotizan veinticinco veces más que las ganancias reportadas.

La evaluación del mercado marca la pauta de la economía presente y constituye un experimento masivo y diario del “valor de la reputación” de los agentes de mercado. Hay, adicionalmente, elementos de riesgo respecto de la inmaterialidad de los valores (por su magnitud) y es solamente en razón de las reacciones del mercado que se establece la resiliencia de las empresas. Una reflexión adicional nos lleva a la conclusión de que la política económica debe incentivar la presencia de agentes de mercado que sean lights en activos “duros” sometidos a la obsolescencia no compensada por la depreciación: edificios, maquinarias, equipos e inventarios que, no obstante ser tangibles, pueden llegar a tener valor cero si el giro del negocio no compensa su mantenimiento, incluyendo el costo de la fuerza laboral requerida para hacerlos funcionar. 

¿Qué implicaciones tiene todo esto para la discusión sobre la igualdad? El ingenio tiene un enorme bagaje económico y no es distribuido equitativamente. El factor trabajo, al igual que los activos tangibles, tienen progresiones parsimoniosas de valor y la intervención del Estado –esto es, la creación de impuestos al valor intangible– afecta la creatividad y el progreso. En economía cada mercado es un nicho de intercambio y la función gubernamental es saber interpretar los momentos y las tendencias, apoyar la creación de riqueza y preocuparse de que el crecimiento sea ético y sustentable para que genere más intangibles.

Francisco Swett
17 de febrero del 2020

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