Alejandro Arestegui
La disyuntiva política y social del fútbol peruano
Tras la pérdida de la sede del Mundial Sub-17

A principios de esta semana, nos encontramos con la noticia de que la FIFA (el organismo rector del fútbol mundial) decidió oficialmente retirar la sede del Mundial Sub 17 de Fútbol a Perú, argumentando graves retrasos en la finalización de las obras de infraestructura en todas las posibles sedes. La Federación Peruana de Fútbol respondió el lunes con un comunicado oficial, deslindando de las culpas y achacando este duro revés al Instituto Peruano del Deporte y al Gobierno peruano en general. Sin embargo, es necesario aclarar ciertos puntos e indicar que esta mala noticia es solamente la punta del iceberg de los problemas que sufre el deporte rey en nuestro país. Por lo tanto, sin más preámbulos, abordaremos algunos de los problemas que, en mi opinión, nos impiden tener un deporte competitivo y ser líderes a nivel continental.
Comencemos preguntándonos cuáles son las consecuencias de perder la organización de un torneo de menores. Muchos pensarán que el impacto es mínimo, ya que se trata de una competición menor, sin muchos incentivos económicos y con pocos patrocinadores o bajos ingresos por transmisiones televisivas. Sin embargo, la realidad es todo lo contrario, está demostrado que los países anfitriones de competencias en cualquier categoría del fútbol ayudan enormemente a fortalecer y fomentar la competitividad de su selección. Asimismo, para los hombres de negocios del fútbol, estos torneos permiten realizar trabajo de scouting, donde los ojeadores de los más prestigiosos clubes del mundo están detectando a las futuras estrellas del fútbol mundial. Estas se descubren cuando brillan en las selecciones de menores. En nuestros días, un jugador de 16 años que tiene potencial para jugar en Europa ya está comprometido con un club de prestigio, o en el peor de los casos, ya cuenta con ofertas de al menos una decena de equipos a nivel sudamericano e incluso europeo.
Esto sucede generalmente en los países que son considerados potencias futbolísticas a nivel sudamericano. Sin embargo, nos preguntamos, ¿por qué a diferencia de otros países, Perú prácticamente no tiene exponentes que jueguen en prestigiosos clubes de Sudamérica y Europa? La respuesta puede tener varias aristas, pero podemos desmenuzarlas una por una, considerando las principales causas.
Para empezar, tenemos torneos de menores, así como ligas a nivel local y regional bastante mediocres, poco competitivas, muy poco formales y serias en cuanto a la organización y, sobre todo, con muy pocos ingresos a nivel de entradas y de derechos televisivos. Esto, sumado a que hasta hace unos años, muchos de los entrenadores de fútbol de academias, clubes amateur e incluso pequeños clubes a nivel nacional eran profesores de educación física con poca o nula instrucción sobre diferentes aspectos que debe manejar un entrenador (táctica, estrategia, preparación física, preparación mental, psicología, etc.) lo cual, a su vez, ha tenido un impacto negativo en el desarrollo de los futbolistas. Es vergonzoso ver cómo jugadores de 14 o 15 años carecen de técnica, posicionamiento y disciplina en el campo.
Estos son atributos que poseen cualquier jugador de esa edad en otros países y que ya pueden aspirar a entrar a las categorías inferiores de un club prestigioso, mientras que en el caso peruano muchas veces los jugadores recién pueden debutar a una edad muy tardía. Hay que aclarar que la norma de la bolsa de minutos y las disposiciones destinadas a incentivar que los entrenadores coloquen más a menudo a canteranos y jóvenes dentro de los partidos de copa Perú y Liga 1 no están dando los resultados esperados, ya que la solución no se puede establecer a través de normas imperativas y arbitrarias.
Como bien sabrán, el actual campeón mundial de fútbol masculino es Argentina, país que prácticamente duplica en población al Perú y que posee una tradición futbolística mucho más añeja y afianzada que nuestro país. Sin embargo, esto no puede ser pretexto para justificar la inexistencia de acción del gobierno y la poca o nula mentalidad empresarial que tienen muchos hombres de negocios vinculados al fútbol. El caso más emblemático se puede evidenciar con los agentes deportivos o managers de jugadores, los cuales prefieren una comisión ligeramente mayor en clubes mediocres, antes que preferir el desarrollo de sus patrocinados en ligas y clubes más competitivos.
Otro punto importante a resaltar es el tema de infraestructura. No se le puede reclamar a jugadores sin técnica, pero con ganas. Tampoco a los entrenadores sin mucha capacitación ni mucho menos a los hinchas el mejorar la situación del fútbol nacional con una infraestructura tan deficiente y limitada. Los días del deporte amateur ya pasaron, y si un club desea ser competitivo, sus principales inversiones no deben ser en traer jugadores estrellas, sino que por el contrario, debe preocuparse por crear una academia digna de atraer a los mejores talentos de su localidad. Esto solo se puede lograr trayendo a entrenadores capacitados, ajenos a cualquier corruptela e intento de sobornos y nepotismos. Esto combinado con una infraestructura decente que provea a los jugadores del equipamiento y lugares necesarios para realizar entrenamientos de forma satisfactoria, evitando así lesiones y permitiendo a los entrenadores disponer de su plantilla completa para enfrentar los tramos más duros de competición, que generalmente son a partir de la segunda mitad de la temporada.
Otra cuestión importante a tratar no solamente atañe a jugadores y entrenadores, sino que por el contrario, también debe involucrar a administrativos y directivos. No solamente podemos criticar deficiencias en cuanto a conocimientos y disciplina de personas vinculadas al juego en sí, sino también de los pocos escrúpulos e inmoralidades en los que incurren directivos de clubes, organizaciones y demás instituciones vinculadas al fútbol. Tal como el escándalo en la Federación peruana de fútbol, la cual es acusada por la fiscalía de tener a una organización criminal enquistada en los más altos cargos. Sin ir muy lejos, el pasado martes la FIFA suspendió de por vida al expresidente de la FPF, Manuel Burga, acusado acusado de delitos muy serios: corrupción, amaño y cohecho.
El problema de que estas organizaciones rectoras tengan una mentalidad estatal, pública y burocrática es que los servidores y funcionarios no tienen incentivos para trabajar en pro del mejoramiento del fútbol en el país. Por el contrario, a menudo actúan de forma errática e incomprensible, malgastando el presupuesto limitado y sin ofrecer las soluciones que el país necesita. En parte debido a su inacción, los hinchas peruanos viven con la incertidumbre y la duda razonable de poder ver a su selección en una Copa Mundial. Quizás esto no se deba a la falta de talento, sino a las directivas carentes de visión y proyectos deportivos a largo plazo. Estos proyectos son importantes para triunfar en el fútbol actual y están dando resultados muy positivos en países que emergen como potencias, como Estados Unidos y algunas selecciones africanas.
Por todo lo anterior, creo que los ciudadanos e hinchas comprometidos con el fútbol en el país debemos exigir a las autoridades que cumplan con sus funciones, que no justifiquen los actos de corrupción y, sobre todo, que acaben con ciertas prácticas dañinas que afectan a los jóvenes. Ellos serán los jugadores del futuro, encargados de mejorar las pésimas participaciones de los equipos peruanos en la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana y de llevar a la selección Blanquirroja de vuelta a un mundial. Debemos trabajar para convertirnos en un país competitivo a nivel de selecciones juveniles, selección mayor e incluso en el fútbol femenino. Aunque este camino es largo y hay mucho por hacer, debemos empezar hoy y ahora. En el futuro, puede ser demasiado tarde y estaremos condenados a seguir viendo espectáculos deplorables de la selección peruana y los clubes nacionales, dignos de la frase "juegan como nunca y pierden como siempre".
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