Maria del Pilar Tello
La desinformación y cómo nos afecta
Existe una campaña internacional contra el Gobierno peruano

La desinformación es uno de los mayores flagelos de la humanidad, que lamentablemente no consigue controlar ni regular. Internet cambió las reglas de difusión de contenidos y convivimos con falsos, erróneos, manipulados, inventados o sin contraste. La desinformación confronta, polariza y divide a la población, que no tiene mucha posibilidad de contrarrestarla.
En estos momentos nuestro país está severamente afectado por la campaña mediática internacional que afirma que Pedro Castillo es una víctima política, injustamente preso, perseguido por el delito de ser provinciano. No hablan de su corrupción y menos aún de que rompió el orden constitucional. Tratan a Dina Boluarte como una usurpadora que gobierna con militares fascistas y represores de los pobres indígenas. No hablan de la sucesión constitucional. Afirman que está violando derechos humanos reprimiendo una protesta pacífica, no mencionan el vandalismo y el terrorismo que daña y mata. No dicen que estos protestantes anónimos traídos de la provincia en condiciones de mendicidad no quieren dialogar, quieren imponerse por la violencia a 33 millones de peruanos con su pedido de asamblea constituyente, a pesar que la constitución no lo permite.
Estamos ante indignantes falsedades y medias verdades sin equilibrio informativo, difundidas incluso por la prensa extranjera que tiene mucha credibilidad como El País y The New York Times. Extraña que sus corresponsales presten oídos y den espacios a quienes mienten sobre el Perú y su gobierno de manera desvergonzada.
Sabemos que estas noticias falsas atentan contra la democracia, que alejan la inversión que tanto necesitamos y que corresponde al gobierno tomar acciones. Es urgente y necesaria una campaña mediática que, orientada por altos especialistas de la comunicación política, se aboque a reconstruir la verdad de lo que está pasando y lo exporte por todas las vías posibles. Porque el soporte digital no cambia la naturaleza de las noticias, de la publicidad, ni de los contenidos, pero facilita su viralización. Debemos lograr que el mundo conozca la información precisa y pueda distinguirla de la propaganda malsana que circula.
El problema no es solo la falsedad estamos frente a objetivos de destrucción nacional y, dentro de él, el aspecto informativo es esencial, Sabemos bien que la producción, propagación y consumo de informaciones falsas, inexactas o engañosas son otro aspecto de las guerras contemporáneas, que puede causar enorme daño, completo e integral ya que no solo interfiere en elecciones eventuales lo hace afectando decisiones relevantes de los ciudadanos y de los gobiernos sobre política, economía o finanzas.
Y queda claro que no se trata solo de información, se trata de poder. Necesitamos contrarrestar esta campaña lesiva e indigna. Sería un gran avance democrático de nuestro estado de derecho y un deber político y ético dentro de la defensa de nuestros valores.
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