Cecilia Bákula
La Capitulación del Real Felipe
El último bastión realista
La fortaleza del Real Felipe domina aún el puerto del Callao y en el tiempo que nos ocupa estaba a las órdenes del brigadier español José Ramón Rodil quien se había negado a reconocer no solo la presencia de Simón Bolívar, a quien se le había otorgado plenos poderes de gobierno, sino el significado de la victoria de Junín obtenida en agosto de 1824. Esa actitud de resistencia a la autoridad del momento obligó a que el 5 de diciembre de 1824, el libertador decidiera intentar poner fin a un desacato tan reiterado ya que Ropdil enfrentaba y desafiaba las órdenes que se impartían.
Oportunamente, Rodil fue informado de la victoria de Ayacucho y de la captura del virrey La Serna así como del triunfo del ejército patriota y la firma de la Capítulación de Ayacucho el 9 de diciembre del mismo 1824. Decidió no obstante mantener la resistencia con la esperanza de que recibiría refuerzos de España. Era tanta la obstinación del brigadier, que se negó, inclusive, a recibir a los enviados del depuesto virrey La Serna, ya que consideraba que tanto el virrey, que había sido tomado prisionero en Ayacucho como el general Canterac quien suscribió con Antonio José de Sucre la Capitulación que confirmaba el triunfo patriota, habían traicionado a la corona.
Es necesario conocer que la fortaleza costera del Callao, en donde se acantonó obstinadamente Rodil, estaba muy bien apertrechada a nivel de armamento y alimentos y sin imaginar lo que duraría su tiempo en ella, se sintió seguro y protegido pues se trataba de una construcción casi inexpulgable. Cabe recordar que el 28 de octubre de 1746, nuestra ciudad y su litoral sufrieron el más devastador terremoto y maremoto de lo que se tiene registro, que causó el desplome de viviendas, refuerzos militares, iglesias y prácticamente la ciudad y el puerto quedaron en el suelo. Los datos históricos hablan de olas de impresionante tamaño y se sabe que por lo menos 17 barcos de importante calado fueron destrozados y fondeados y que de una población chalaca de unos 5 mil habitantes, sobrevivieron algo más de 200 personas.
Es por ello que el entonces virrey José Antonio Manso de Velasco inició una labor extraordinaria de reconstrucción con tanta eficiencia y rapidez que mereció el título de “Conde de Superunda” porque se sobrepuso a la devastadora ola que asoló a nuestra capital. Inició, además, los trabajos de reconstrucción de la Fortaleza del Real Felipe el 29 de diciembre del mismo 1746, dotándola de defensas sólidas y con no menos de 188 cañones de bronce y 124 de fierro pues, por entonces, Lima debía ser defendida de los piratas y corsarios y no de la población sublevada en 1824 contra la libertad obtenida.
Esa condición extraordinaria del propio fuerte del Callao es lo que permitió a Rodil mantenerse tanto tiempo, ejerciendo en los miles de habitantes acantonados en la fortaleza, una autoridad radical, severa y llegando a castigos extremos ante cualquier intento de desobediencia que castigó muchas veces con la pena de muerte.
Sin embargo no era posible mantenerse en una actitud de rebeldía por tanto tiempo pues desde Lima se cortó todo tipo de acceso y suministro llegando a escasear alimentos y agua a niveles de gran preocupación sanitaria. Cuenta la historia que con el objeto de conseguir alimentos ya que ratas y gatos se convirtieron en banquetes, se desarrolló un intenso contrabando de ciualquier cosa que pudiera llevarse a la boca y esa situación se convirtió en un severo punto de fragilidad.
El mando de los patriotas que se enfrentaron a las fuerzas de Rodil estuvo a cargo de Bartolomé Salóm, quien recibió la orden de Simón Bolívar de quebrar la resistencia de Rodil; contaba con 4,700 soldados que cercaron a fortaleza que fue atacada también desde el mar. La ocupación del Real Felipe duró más de un año y cobró la vida de más de 5 mil personas, no solo por los enfrentamiento militares, sino por el hambre y la enfermedad que empezaron a hacer profunda mella en quienes estaban acantonados. Si bien Rodil encontró una plaza ampliamente dotada de alimentos, guarniciones, armamento y muchos elementos para resistir, nada podía ser suficiente frente al cerco de aislamiento al que fue sometido, a la deseperanza de quienes vivían en condiciones de hambruna y sin visos de solución positiva para ellos y los repetidos intentos de deserción.
Un punto de quiebre en la resistencia de los realistas, fue la decisión que desde el interior de las fuerzas rebeldes acantonadas tomaron dos españoles realistas: el coronel Ponce de León y el comandante Riera quien era el gobernador del castillo de San Rafael que luego se denominó castillo de Santa Rosa. La deserción de ambos marcó el inicio del fin de la resistencia de ese fuerte militar pues su ejemplo motivó no pocos intentos de emularlos, generando una creciente desesperanza y muchas fricciones entre los que se habían acuartelado junto con Rodil. Gracias a Ponce de León y Riera, los patriotas recibieron información importante respecto a la ubicación de los puntos estratégicos por donde debían atacar.
En esas circuntancia, José Ramón Rodil se vio obligado a aceptar su derrota y suscribir el 22 de enero de 1826, la capitulación que pondría fin absoluto a la presencia militar española en nuestro territorio. La entrega de la fortaleza se produjo el 23 de enero de ese año y así, se cerró el proceso de la independencia militar del Perú respecto a España.
No obstante y a pesar de las victorias militares obtenidas en Junín y Ayacucho así como las tres capitulaciones firmadas, la Corona no dejó de persistir en sus intentos -vanos por cierto- de recuperar el Perú y lo hizo hasta 1866 cuando obtuvimos la victoria del Dos de Mayo, precisamente derrotando desde el Callao a una escuadra española que intentaba recuperar Lima. Aun así, mucho le costóa España el reconocer la independencia del Perú, lo que se produjo recién en 1879. Perder nuestro virreynato al haberse declarado y obtenido la independencia en los campos de batalla fue duro de asimilar pues, significó, definitavemte, el fin del poderío español en tierras de estas latitudes americanas.
















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