Francisco Swett

Johnson, Brexit y el futuro del Reino Unido

¿Votará la clase obrera por la derecha?

Johnson, Brexit y el futuro del Reino Unido
Francisco Swett
16 de diciembre del 2019


En la tradición británica bipartidista, dos candidatos “fuertes”, Boris Johnson por los Conservadores y Jeremy Corbyn por los Laboristas, se enfrentaron para definir el futuro de Gran Bretaña, incluyendo la continuación o terminación de su membresía en la Unión Europea y el modelo de desarrollo a seguir. Son personajes cuyos perfiles no pueden ser más diferentes: Johnson con su despeinada cabellera rubia y sus manierismos que recuerdan a Donald Trump; y Corbyn con su magra figura, barba y comportamiento generalmente anodino. 

Johnson basó su campaña en la promesa de sacar a Gran Bretaña de Europa. Político hábil, se encaramó en el poder luego del fracaso proverbial de Theresa May quien nunca pudo asegurar la mayoría parlamentaria para llevar adelante el proceso de Brexit. Corbyn se perfiló como un socialista irredento, cuyas propuestas eméticas respecto de estatizaciones, nuevos impuestos, manifestaciones antisemitas y toda la parafernalia socialista lo ubicaron como un candidato extremista que, por lo demás, era ambiguo respecto de su posición con relación al Brexit. 

No obstante algunas maniobras censurables de Johnson, que le costaron un voto unánimemente contrario de la Corte Suprema y no le permitieron cumplir su promesa de terminar con el Brexit, los británicos le han dado una amplia mayoría parlamentaria de 80 puestos. Han confirmado así el anhelo nacional de separarse de Europa, luego de una relación marcada por profundas ambivalencias entre rechazos iniciales por los europeos, la eventual aceptación y ahora la separación definitiva.

Johnson, no obstante, enfrenta reales desafíos. Según los sondeos más recientes, los europeos no ven el momento de terminar el proceso. Queda por verse qué forma va a tomar la nueva relación, puesto que hay puntos gravitantes no resueltos, que incluyen si va a haber o no un Acuerdo de Libre Comercio entre las partes; cómo se van a tratar los temas del estatus de los nacionales de las partes que quedarán “en el otro lado”; en qué forma se van a pagar los adeudos de los ingleses para con Bruselas; y de qué forma se va a cerrar el tema de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. 

Complejas, además, son las divisiones políticas del país, el Reino Unido, constituido por Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, pues los sentimientos son divergentes. Los escoceses ya tuvieron un referéndum previo que dio un resultado mayoritario (52%) a la opción de permanecer como parte de Gran Bretaña. Sin embargo el Partido Nacional de Escocia, que recibió amplio respaldo local, puede, debido a la marcada preferencia de los escoceses por preservar la unión con Europa, convocar a un nuevo referéndum con posibilidades de terminar el vínculo con Inglaterra: un vínculo que tiene cuatro siglos de duración, no obstante las diferencias históricas entre las partes. La City londinense, uno de los centros financieros mundiales, puede perder su condición ante Frankfurt y París, habiéndose iniciado ya el proceso de migración de varios bancos que no quieren quedarse detrás de cualquier bloqueo tributario o de restricciones financieras que se produzcan luego de consumada la separación. 

¿Qué implicaciones tienen todos estos eventos? El análisis político destaca una vez más que es la clase obrera y trabajadora, que normalmente se asocia con los movimientos de izquierda, que al decidir votar por la derecha produce resultados contrarios a las expectativas. Queda debilitado el mayor logro de integración económica jamás concebido, y ello debido a que los innegables beneficios recibidos por los británicos no percolaron de manera uniforme (y eso, los resultados lo afirman, importa más que las diferencias culturales que existen entre insulares y continentales). Los cínicos comentan que se percibe el empequeñecimiento progresivo de los ingleses, quienes habrán transitado de su condición de Imperio a la de ser el estado número 51 de los Estados Unidos. ¿Puede haber consecuencias para la reelección de Trump? La respuesta es que sí, en la medida que los electorados rechazan las posiciones extremas, como las que exhiben los candidatos de izquierda en el elenco demócrata, y premian el buen desempeño económico (y Trump se ufana por ello). Para Johnson quedan las opciones de llegar a ser uno de los relevantes jefes de Gobierno de Gran Bretaña, o presidir sobre la disolución final del Reino Unido.

Francisco Swett
16 de diciembre del 2019

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