Maria del Pilar Tello
Internet: la fascinación del poder
Las relaciones de poder se construyen en la comunicación

Todos asistimos cotidianamente a los cambios tecnológicos que nos asombran. Y hemos pasado de la fascinación auroral de hace tres décadas, cuando surgió la Internet, a los temores de hoy, cuando la Inteligencia Artificial dirige nuestras vidas, y cuando enfrentamos la desinformación como un flagelo que no podemos evitar y la vigilancia electrónica atenta contra nuestro derecho a la privacidad. Vamos pasando de la utopía a la distopía, de la comodidad de los servicios gratuitos que nos prestan las grandes tecnológicas, como Google y Facebook, a una nueva e imperceptible expresión de poder que en un mundo sin fronteras podría amenazar derechos y libertades.
Esta reflexión anima mi más reciente libro La Dictadura Tecnológica, el Big Data, base de un nuevo poder, publicado por la Universidad Ricardo Palma. En él abordamos la forma en que, a partir del binomio datos más algoritmos, surgen nuevas realidades y riesgos generados por la transformación científica y tecnológica que nos coloca ante un nuevo mundo aceptado, aunque desconocido en su dimensión y alcance.
Hemos trabajado desde hace algún tiempo en la reflexión teórica, académica y empírica acerca de las relaciones entre política y comunicación, la cual nos ha llevado a tratar el poder de las grandes empresas tecnológicas y a su presencia monopólica en los escenarios político y mediático a escala universal. Profesionalmente nos ha tocado navegar entre el periodismo y la política; y a estar cercanos, en la realidad como en la virtualidad, a la feroz competencia por predecir y guiar la conducta humana, con paradigmas de singular fuerza, con centros de influencia sostenida y desmesurada.
Para Manuel Castells la comunicación es el espacio donde se definen las relaciones de poder. Y lo podemos constatar día a día porque al hacer comunicación e información, hacemos ideología y política, manejamos contenidos para la obediencia, la complacencia, la permisividad. O para resistir y luchar por un mundo de derechos, libertades e intereses fundamentales de la sociedad.
Es lo que ocurre en El Montonero, como importante medio de comunicación virtual, convertido en espacio esencial de análisis y opinión, en eficiente ariete para defender convicciones y verdades en contradicción con narrativas políticas y sociales que se pretende imponer para perseguir la hegemonía política antidemocrática.
Estamos ante la permanente guerra mediática de la información y somos parte de ella. No solo en estos días convulsos en que el Perú vive inestabilidad y protestas violentas, en que nos invaden las medias verdades, las verdades alternativas, las fake news o los mensajes sesgados en las redes sociales. El devenir informativo y político obliga a tomar posición para evitar amenazas dictatoriales. Nos corresponde luchar por el mayor equilibrio posible entre la política y la tecnología, entre la innovación y el libre albedrío, entre el interés público y el privado. Y también por el inmenso cambio digital que debe darse dentro de lo que la sociedad desea y no de espaldas a ella.
Creemos en la superioridad ética de la democracia basada en la defensa de la dignidad humana. Así mismo en el derecho a la información, esencial para la persona y para la sociedad. Y presenciamos cómo en los terrenos de la comunicación se juega ese destino. Cómo se instala el relato que la sociedad hace suyo. Porque la política nacional e internacional surge de los contenidos que se elaboran, distribuyen e imponen. En la comunicación, como dice Manuel Castells, se construyen las relaciones de poder y por tanto le debemos toda la atención posible.
Internet es hoy, dentro de la comunicación, el mayor instrumento de acción, el que nos une e impulsa los nuevos medios manejados por la sociedad frente a los tradicionales movidos por intereses empresariales o gubernamentales. Desde estas páginas virtuales nos permitiremos una reflexión semanal que ligue política y tecnología para la democracia y para la libertad preservada por nuestra mayor atención y preocupación.
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