Maria del Pilar Tello
Inteligencia artificial y elecciones globales
Casi la mitad de la población mundial participará en elecciones este año

Hace poco comenzó el 2024 y ya se ha escrito mucho sobre la alarma que cunde sobre el extraordinario ciclo electoral que tendrá lugar en 70 países, casi la mitad de la población mundial, que tienen previstas elecciones presidenciales o legislativas. Cunden la inquietud y la alarma por la afectación al derecho de sufragio desde la extremada polarización y en especial la grave desinformación que ahora se ve potenciada por la inteligencia artificial.
Estas sombras planean tanto sobre democracias consolidadas como aquellas frágiles y precarias. Ir a las urnas es una atribución esencial de la ciudadanía que aparece comprometida cuando el voto está orientado, contaminado o distorsionado no solo por las noticias falsas y las narrativas imaginadas sino por la capacidad de crear imágenes, textos y voces que vienen del uso de las diversas herramientas de la IA.
Son 76 países los que tendrán elecciones en los meses que vienen, incluyendo gran parte de Europa y algunas de las democracias más pobladas y polarizadas del planeta como Brasil, India, Indonesia, México, Pakistán, Rusia y EE.UU. ¿Cómo garantizar que las campañas electorales estarán exentas de falsedades y maquinaciones malévolas que dejan de lado la verdad y la ética? Los llamados deep fakes parecen completamente reales y a través de ello se puede decir de todo de un adversario político y hacer creer a la población realidades que no existen.
Los modelos generativos, como el ChatGPT y otras versiones de chatbots, tan celebrados y usados por más de cien millones de personas mensualmente en el mundo, han hecho caer los costos de producción de contenidos realistas, capaces de manipular a millones de formas específicas y personalizadas, a través de la publicidad segmentada de las redes sociales. La desinformación es hoy un flagelo mundial sin solución a la vista.
Nuestro país también se vio afectado por una prensa mundial que recogió la versión de la inocencia de Pedro Castillo y la prepotencia e ilegalidad de Dina Boluarte. Los grandes medios no reflejaron en sus informaciones centrales el golpismo del expresidente y la continuidad constitucional de su sucesora, el descrédito fue la regla. Así lo sufrimos porque no hay solución para la producción y distribución de noticias falsas, contenidos sintéticos y deep fakes.
Los gobiernos nacionales están ante un desafío enorme, proteger la autenticidad del voto popular y el derecho de los ciudadanos a elegir a sus gobernantes, base de las democracias ahora fragilizadas por esta guerra por la verdad. No por gusto la alarma llegó hasta el Foro Económico Mundial, reunido en su cita tradicional anual en Davos (Suiza), donde la preocupación de un horizonte turbulento impregnó los debates de incertidumbre sobre las perspectivas políticas y económicas.
Junto al calentamiento geopolítico –con dos guerras brutales, Ucrania y Gaza, de enorme trascendencia global– y el tecnológico –con la inteligencia artificial generativa en pleno desarrollo, con promesas y amenazas– la disrupción electoral es una de las mayores que aún no sabemos cómo se enfrentará.
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