Jorge Morelli
Gran diferencia

Sobre la relación entre las empresas y las comunidades andinas
Por fin está abriéndose paso en el Perú la cuestión más importante de nuestra historia republicana: la relación entre las comunidades y las empresas, entre la modernidad y la tradición, en los Andes. Recién se toma conciencia de que la explotación de recursos naturales en tierras comunales necesita de una política pública.
También hace falta un cambio en la cultura corporativa de las empresas. A este respecto, conviene tomar nota de lo que alguna vez me refirió un alto ejecutivo de una gran empresa minera inglesa: la diferencia que existe en la manera como proceden las empresas británicas –y, por extensión, las canadienses, australianas y sudafricanas, ex colonias suyas-, y el modo como las empresas estadounidenses abordan su relación con las comunidades andinas o amazónicas.
Las empresas americanas entienden esa relación como una estrictamente empresarial y de negocios. Pagan salarios altos, y cancelan puntualmente sus impuestos. Si hay necesidad de una escuela o una posta médica, es asunto del Estado. Para eso pagan sus impuestos.
Las inglesas, en cambio, antes de invertir en Sudamérica, Asia o África, revisan en las bibliotecas de Cambridge y de Oxford ciento cincuenta años de antropología social sobre los grupos étnicos involucrados. Saben de antemano el lenguaje que hay que hablar. Construyen escuelas y postas y apadrinan las fiestas patronales, si eso es lo que hace falta.
Las empresas mineras chinas –cercanas a la experiencia de los británicos, sus nuevos aliados estratégicos para el siglo XXI- han seguido los mismos principios. Es lo que se ve en Toromocho e incluso en Las Bambas, donde ha habido dificultades pero van a ser superadas. Tristemente, este no ha sido el caso de Conga y Tía María.
En cuanto a la política pública que hace falta, ésta es simple. Se basa en el libre contrato entre las comunidades y las empresas.
Pero para que ese contrato pueda ser realmente libre, la política pública necesita rodearlo de cuatro garantías: titulación de la propiedad del suelo (constitucionalmente, los recursos del subsuelo son del Estado); participación de las comunidades en la renta de los recursos en tierras comunales; siembra de agua (para almacenar diez mil millones de metros cúbicos de agua -un lago Titicaca- dentro de los Andes); y, finalmente, consulta previa.
Es el mejor homenaje a José María Arguedas y a su novela “Todas las sangres”, que profetizó lo que vendría.
Por: Jorge Morelli (@jorgemorelli1)
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