Guillermo De Vivanco
Gamarra: una solución inaceptable
Se permitirían solamente las ventas online

El alcalde de La Victoria, George Forsyth, ha confirmado el inminente peligro que se cierne sobre el emporio comercial de Gamarra y la pérdida de dominio del municipio sobre esta zona emblemática de su distrito: “La propusimos al Gobierno que Gamarra abra al público, pero no aceptó. Los que van a abrir son los talleres, pero solo podrán trabajar a ‘puerta cerrada’, y las ventas se harán solamente online”. Forsyth también aclaró que los permisos de apertura se deben tramitar con el Ministerio de la Producción y el Ministerio de Salud.
Para el Gobierno es más fácil cerrar Gamarra que apoyar a la Municipalidad de La Victoria en su control. Pero desautorizar al alcalde es darle la espalda a miles de trabajadores cuyo sustento económico, y el de sus familias, depende de las actividades de las mypes (medianas y pequeñas industrias) que operan en ese centro comercial. Al respecto, el viceministro de Mypes e Industrias, José Salardi, ha declarado que “la informalidad en el Perú nos ha jugado una mala pasada y es momento de erradicarla de manera agresiva… el Gobierno ha destinado recursos para dar financiamiento a las mypes, pero condicionada a la formalización. Es decir, solo están disponibles para los negocios formales”.
La informalidad no se va a resolver con financiamientos momentáneos. Lo que el Gobierno no entiende es que el alto nivel de informalidad de la sociedad peruana es consecuencia del difícil acceso a la “formalidad”: normas imposibles de cumplir; de regímenes laborales inflexibles, etc. Actualmente vemos que Estado no está preparado para revisar, observar o aprobar los protocolos sanitarios obligatorios –que se exigen a las empresas– a la velocidad necesaria, y por eso hay miles de empresas atrapadas en la burocracia sanitaria. Lo recomendable es endosar a la sociedad la responsabilidad de cuidar su propia vida, porque la parálisis productiva nos generará un daño incalculable.
Volviendo a Gamarra, la condición impuesta a los talleres de que su venta tiene que ser online es completamente ridícula, Ripley y Saga sólo venden el 2% online. La cultura imperante en Gamarra es la relación directa y personal entre el cliente y el dueño: el regateo, la negociación, las alternativas de calidad de acabados, etc. Sin embargo lo más grave sería la prohibición de los clientes de entrar a Gamarra. Si se establece un control policial en las puertas y solo se permite el paso a los costureros y propietarios de los talleres, Gamarra estaría condenada a muerte. La compra online debe ser una alternativa, pero de ninguna manera se debería excluir la relación directa entre los vendedores y los compradores.
La mayoría de los confeccionistas están desesperados por sacar sus máquinas y mudarse inmediatamente: “Nunca más me voy a exponer a quedar secuestrado”, dijo un confeccionista con un gran stock de chompas y mercadería de invierno que no puede retirar. La falta de institucionalidad y de voceros siempre ha sido una debilidad de los empresarios gamarrinos. Por ello, en esta gravísima crisis no hay una propuesta que incluya a todos los actores de Gamarra; confeccionistas, tiendas y empresarios inmobiliarios. Y entre los nueve miembros del Comando Covid-19 no hay ningún representante de los nueve millones de informales. ¡Para el Gobierno, estos empresarios no existen!
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