Darío Enríquez

Fue una guerra civil, no de Independencia

En pleno bicentenario, aún no conocemos nuestra propia historia

Fue una guerra civil, no de Independencia
Darío Enríquez
05 de abril del 2023


Veamos hoy algo de historia. En verdad tenemos algunos hechos largamente comprobados, otros indicios bastante fuertes y, finalmente, un gran conjunto de preguntas, más que respuestas. De lo que no hay ninguna duda es de que el término “guerra de la independencia”, “emancipación” e “independencia” fueron falsificaciones históricas que ya superan el bicentenario.

Comencemos por algo de actualidad. Nuestra cultura política, además de corta, burlesca y autodestructiva, es profundamente autoritaria. En abrumadora mayoría, los peruanos “amamos” al autócrata de turno y por ello, hemos convertido el término “negociar” (fundamental en toda democracia) como algo negativo, satanizado e imperdonable. Al mismo tiempo el verticalismo, la imposición y los modales totalitarios son virtudes en “nuestra” gente y defectos en “los otros”.

Casi podríamos asegurar que la mayoría de quienes “desaprueban” la gestión de la presidente Dina Boluarte, lo hacen porque no pone suficiente “mano dura”, mientras otros condenan su supuesta complicidad en las muertes por represión. Estos últimos, curiosamente, en alarmante gran número, nunca denunciaron las muertes por represión en otros momentos de nuestra historia, tanto lejanos como recientes. Es que esa indignación por los lamentables sucesos solo es en ellos un arma política arrojadiza contra sus enemigos. Ideológicamente, muchos de ellos siguen defendiendo las propuestas genocidas del fascismo y el comunismo en el siglo XX, que erige a la violencia como un instrumento político central en su acción. Al medio, creemos que encontramos a una mayoría silenciosa que condena tanto la represión que termina en muertos y heridos graves, como la violencia desatada por vándalos que en el origen debieran ser señalados como los responsables primarios, directos y desencadenantes de muerte y luto innecesario.

¿A que no sabías que tanto fascismo como comunismo son de izquierdas? Ahora ya lo sabes

En la guerra civil que enfrentó entre sí a los españoles americanos, desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego, hubo tres bandos. En especial en los virreinatos del Sur (Nueva Granada, Perú y La Plata), se iniciaron en 1810 diversos movimientos que apostaban por tres salidas a la crisis que suponía la decadencia de la corona peninsular y la hegemonía de Napoleón en Europa occidental. Uno de ellos pretendía mantenerse unidos a la corona española y fueron los primeros en ser derrotados. Quedaron dos opciones: la monárquica local y la republicana. La primera era defendida por José de San Martín y la segunda por Simón Bolívar. Estas dos opciones habían actuado en el Sur y el Norte del subcontinente para derrotar a la monárquica española y se preveía la continuación de la guerra civil porque no había acuerdo alguno para determinar el nuevo destino de nuestros territorios hay desligados de España. Nadie sabe exactamente lo que San Martín y Bolívar conversaron en la Cumbre de Guayaquil, pero de ella San Martín partió al exilio y Bolívar -pecado original de nuestras nacientes repúblicas, hasta ahora luchando contra ello- se convirtió en una opción totalitaria y nada cercana a los valores republicanos, que terminó “balcanizando” los tres grandes virreinatos en satrapías pseudo republicanas.

¿A que no sabías que el ejército que defendía a la corona española era llamado “patriota”?

Una falsa narrativa se apropió de ese nombre para llamar “patriota” a la unión de los ejércitos “libertadores” del Norte (Bolívar) y del Sur (San Martín), que pasaron a usar “patriota” para sí y tacharon como “realista” al otro ejército ¿Por qué nos lo ocultaron en la historia oficial que se nos enseña en el colegio?

También hubo otro efecto que marcó profundamente el nacimiento de nuestras fallidas repúblicas sudamericanas. La inmensa mayoría de soldados en el ejército que defendía a la corona española y el territorio del Perú, eran “indígenas” y mestizos andinos, muchos de ellos quechua-hablantes. La oficialidad de ese ejército (que se llamaba a sí mismo patriota, pero que luego fue motejado como “realista” por el otro bando, esos que llegaron “de fuera”). Nuestro pueblo de entonces, en el virreinato del Perú, en los estratos medio-bajo y bajo de la escala socioeconómica, eran monárquicos fieles al Rey de España. Esa fidelidad se expresaba con claridad en la opción a la que se unieron.

Si “ganamos” la llamada “guerra de independencia”, ¿Por qué perdimos el 60% del territorio que pertenecía al virreinato del Perú y estuvimos a punto de desaparecer? No es difícil inferir que eso se debió en buena parte a que participamos de una guerra civil que perdimos, por lo tanto la heredad territorial y la cuasi-desaparición del Perú fueron el castigo para el perdedor de la guerra. Un siglo antes de la guerra civil que nos desliga de la corona española, todos los nacidos en estas tierras eran “españoles-americanos del Perú”, pues el virreinato del Perú -creado en 1542- comprendía casi todo Sudamérica y Panamá, exceptuando Venezuela y los dominios del Portugal (mucho más pequeños que el actual Brasil). En corto, todos los nacidos en estas tierras eran peruanos, incluidos muchos que lucharon en la guerra de “independencia”, que nacieron peruanos. Las reformas borbónicas, para algunos el principio del fin del imperio español, escindieron el Perú para crear el virreinato de Nueva Granada en 1717 y el de La Plata en 1776.

¿Sabías que los “indígenas” y mestizos andinos de clase media-baja y baja en el virreinato mejoraron su nivel de vida respecto de lo que vivían en la dictadura del Tahuantinsuyo, que los nobles indígenas mantuvieron sus privilegios, que la clase media accedía a educación superior y que todo lo perdieron con la “independencia”?

En los años setenta del siglo XX, la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado creó una falsa narrativa para autojustificarse, lanzando mediáticamente un ícono como José Gabriel Condorcanqui, llamado Túpac Amaru II. Este interesante personaje histórico era multimillonario para la época. Como noble autóctono mestizo tenía derecho a propiedades, siervos y esclavos, ostentando el inminente título nobiliario “Marqués de Oropeza”. Tenía elevada educación, dominaba el latín y era un reconocido comerciante. Llegó a juramentar como Rey con el nombre de “José I”. Todos estos hechos confirmados y confirmables en todo los casos rechazan la falsa narrativa de la dictadura militar que traficó con su memoria.

¿Es raro acaso en nuestra cultura eso de falsificar, adulterar y “narrar” hechos evidentes de una manera muy diferente a la que corresponde a la realidad?.

¿Fuentes? Son abundantes, fáciles de encontrar, disponibles para “todos y todas”. Atrévanse a cuestionar sus premisas. Abandonen la burbuja de la historia oficial creada y falsificada por aquellos que nos desgraciaron con la explosión de repúblicas fallidas en Sudamérica. “La verdad los hará libres”, decía el sabio carpintero de Galilea. Buena suerte.

Darío Enríquez
05 de abril del 2023

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