Francisco Swett

Frédéric Bastiat: entre la Economía y el Derecho

A partir de los derechos consustanciales a la condición humana

Frédéric Bastiat: entre la Economía y el Derecho
Francisco Swett
02 de marzo del 2020


Reflexionando sobre las convergencias y divergencias entre la Economía y el Derecho, Friedrich von Hayek, en su ensayo
Normas y Orden, expresó que “las normas de la buena conducta que el abogado estudia se generan en un ordenamiento que el abogado por lo general ignora; y este ordenamiento es el estudio del economista quien, por su parte, es ignorante respecto de las normas de conducta que el ordenamiento impone”. La Economía, para contrastar las disciplinas, trata del comportamiento humano, del intercambio y del manejo de los escasos recursos en la dimensión temporal de las preferencias de los actores; es un cuerpo de conocimiento positivo y por lo tanto verificable en forma objetiva y experimental. El Derecho, cuyas normas también deben originarse en la conciencia de la escasez de recursos, no es una ciencia positiva, sino un cuerpo de conocimiento normativo el cual puede o no estar vinculado con la realidad objetiva de la Economía.

El tratamiento de la Economía y el Derecho tiene profundas raíces en obras que recogen los temas de la propiedad privada y la tenencia de tierras. Pero fue Frédéric Bastiat (1801 - 1850), quien, entre otros ensayos, escribió La Ley, una de las obras más influyentes en la materia. Según Bastiat, los seres humanos poseen tres derechos naturales (dados por Dios) que son la defensa de la persona, de su libertad y de su propiedad. Son derechos consustanciales a la condición humana, por lo que la preservación de cualquiera de ellos depende de la vigencia de los otros dos. Si cada persona tiene el derecho a defender –aun cuando fuere por la fuerza– su persona, su libertad y su propiedad, por extensión la sociedad tiene el derecho de organizar y apoyar la existencia de una fuerza común que proteja estos derechos. El derecho colectivo, cuya legitimidad está consagrada en la Ley, debe su origen al derecho del individuo. Si una persona no puede usar la fuerza para destruir los derechos de otros sin romper la Ley, esta no puede ser utilizada como un instrumento para atentar contra la persona, la libertad o la propiedad de cualquier persona. La Ley es la organización colectiva que promueve la defensa legítima del derecho individual.

Bastiat lamenta, sin embargo, que se ha destruido el propósito de la Ley al ser esta empleada para abolir la justicia a la que está llamada a servir. Se han violentado los derechos (persona, libertad y propiedad), se ha puesto a la fuerza colectiva (la administración de la justicia, por ejemplo) al servicio de quienes tienen el deseo de explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, a la persona, la libertad y la propiedad de otros. La Ley se ha convertido en un instrumento de defensa del transgresor y se ha menoscabado la defensa legítima de quien ve afectados sus derechos. Bastiat llega al punto de afirmar que la justicia exacta (positiva) es algo tan definitivo que si la legislación solo tuviera en mente el servicio de la justicia, sería virtualmente inmutable y variaría solamente en cuanto a los medios que se utilicen para preservar la protección efectiva de las personas y de sus derechos. Si este fuera el caso, los gobiernos cumplirían su función y cometido en la medida que prevengan y repriman el fraude, la delincuencia, el crimen y los actos de violencia, en vez de disiparse en otras funciones que son extrañas a su razón de ser y función esencial.

La piedra angular del pensamiento de Bastiat fue la noción de “armonización” que, resumida, establece que la Ley (y por lo tanto el Derecho) tienen un impacto directo sobre la Economía, de la misma forma que la Economía lo tiene sobre la Ley cuando condiciona sus límites y posibilidades. La calidad de la Ley no se produce por generación espontánea. Si no existe armonía entre el Derecho y la Economía podemos concluir que, si se dejan de utilizar los preceptos de la buena economía para producir buenas leyes, la opción que queda es la de producir malas leyes basándose en los preceptos de la mala economía.

Francisco Swett
02 de marzo del 2020

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