Franco Germaná Inga
Evaluar el Perú para mejorar el Perú
Los beneficios de evaluar las políticas públicas

Si inviertes dinero quieres que rinda frutos. A nadie le hace gracia tirar la plata al tacho. En la administración pública se aplica el mismo principio, ya que si el Gobierno usa tu plata para pagar políticas públicas, tú esperas que estas hayan tenido buenos resultados. No obstante, esta obviedad a veces es ajena al aparato estatal, que se preocupa simplemente en implementar medidas populares, de las cuales muchas veces no tenemos ni idea de si sirvieron para algo. Para solucionar este problema, propongo que la evaluación de las políticas públicas se realice sostenidamente antes, durante y después de su implementación.
Antes que nada, ¿qué es evaluar? Según Trochim (http://bit.ly/1PSEPu0), “es la adquisición y evaluación sistemática de información para proporcionar retroalimentación útil sobre algún objeto”. Definida así, podemos incluir los siguientes tipos de evaluación: (i) needs assessment, que se realiza de manera previa a la implementación de cualquier política pública para identificar la situación que se desea cambiar; (ii) formative evaluation, que se realiza durante la implementación, evaluando la evolución de la medida, y permite ir modificándola en base a la evidencia y práctica; (iii) process evaluation, que sirve para determinar si la manera en la que se alcanzaron los resultados fue la más óptima; y (iv) outcome evaluation, que se usa para establecer si la medida produjo resultados positivos, negativos o ningún resultado.
¿Cuáles son los beneficios de evaluar? Son diversos, pero para no aburrirte con disquisiciones teóricas abordaré solo tres de ellos. En primer lugar, evaluar los resultados es la única manera de saber si la política pública funcionó o no, y en base a ello sabrás si se debe mantener, mejorar o eliminar de inmediato. Repito, es purito sentido común.
En segundo lugar, la plata no llega sola. El Gobierno debe cuidar los recursos públicos que salen de tu bolsillo. Este punto es especialmente importante si tienes en cuenta que el Estado (para incluir a más instituciones que el Ejecutivo) está compuesto por personas con intereses particulares que pueden no estar alineados con el interés público. Por ejemplo, un político antes de las elecciones se puede decantar por el populismo, implementando programas inútiles pero que son del agrado de los votantes; en otras palabras, usa tu dinero irresponsablemente para reelegirse. Ojo que esto también se aplica a los políticos que no ejercen un cargo público, pero que al postularse prometen el oro y el moro, sin tener la menor idea de si sus programas servirán de algo. Es más algunos lo hacen a sabiendas que no servirán de nada.
En tercer lugar, evaluar sirve para mantener a los funcionarios motivados. Sí, así como lo lees. Los políticos trazan el norte y los funcionarios pisan tierra, son abejas obreras; pero sin ellos nada funciona. Tecnócratas les dicen. Si ellos están a cargo de implementar una política que saben —con evidencia de por medio— que transforma la vida de las personas beneficiadas, trabajarán mejor. En la vida no todos los incentivos son económicos. La gente quiere vivir vidas con sentido, quiere sentirse parte de algo importante, quiere dejar un legado.
Espero que luego de haber leído esta columna, la próxima vez que veas en las noticias que un político celebra como un éxito que se haya implementado una política pública o se haya aprobado una ley, no te creas el cuento tan fácilmente. Quizás hubiera sido mejor que fracase. Te dejo pensando…
Edimburgo, 29 de enero de 2018.
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