Berit Knudsen
Europa en una encrucijada
¿Cómo consolidar el rol de Europa como potencia global?
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La Unión Europea (UE) expone debilidades estructurales ante la crisis. Aunque representa un fuerte bloque económico con 17% del PIB mundial, carece de unidad estratégica y militar, vulnerable a la presión de Estados Unidos que emplea su poder global para lograr soluciones rápidas al conflicto en Ucrania.
Las negociaciones de paz en Ucrania develan fisuras en la UE, fragmentación política en un entorno dominado por el poder duro (hard power). La UE es la segunda potencia global por debajo de Estados Unidos con 26% del PBI mundial, compitiendo como potencia económica con China. Incluidos países fuera de la UE como Noruega, Suiza y Reino Unido, podría alcanzar un PBI similar a Estados Unidos. Pero una Europa estancada, con un crecimiento de 0.7%, resulta débil ante Estados Unidos y China que crecen 2.8% y 5% respectivamente. Es el principal mercado mundial en importaciones y exportaciones, con alto poder adquisitivo, pero China se fortalece con estrategias como la Franja y la Ruta, con puertos en todos los continentes.
Europa enfrenta una decadencia económica, tecnológica y deficientes capacidades estratégicas y militares. Mientras Rusia, con un PIB de solo 2%, asigna 6% en defensa, actuando como potencia gracias a su capacidad nuclear con el mayor número de ojivas. Es la segunda potencia militar global, detrás de Estados Unidos y delante de China. Aunque el Reino Unido y Francia cuentan con desarrollos nucleares y, con el programa de compartición, Norteamérica ha desplegado arsenales nucleares en Alemania, Italia, Países Bajos y Bélgica.
La UE como bloque económico y político ejerce influencia con soft power, pero su poder real militar y estratégico está fragmentado; dualidad evidenciada con unidad frente a sanciones contra Rusia, apoyando a Ucrania; pero muestra fisuras entre sus miembros en las negociaciones de paz, careciendo de capacidades para disuadir amenazas externas en un mundo donde prevalece el hard power.
Estados Unidos arriesga una alianza histórica con un importante socio, pudiendo desencadenar un acercamiento comercial con China, mientras Europa se debate entre la defensa de sus políticas sociales, soluciones al estancamiento económico y la necesidad de redefinir su rol geopolítico. La pregunta es si la UE podrá superar sus deficiencias consolidando una estrategia común o si su destino será convertirse en un actor de segundo nivel en el tablero internacional.
La geopolítica global parece regirse por la ley del más fuerte, relegando normas internacionales. Rusia, potencia económica media, presiona con capacidades militares y estratégicas, debilitada financieramente sin poder sostener indefinidamente un conflicto de alta intensidad. Justifica su política expansionista bajo la narrativa de una amenaza existencial, avalada por Estados Unidos en busca de soluciones rápidas.
Las acciones rusas se enmarcan en realidades geográficas e históricas, siglos de invasiones desde sus territorios vulnerables del sur, obsesionados por crear zonas de amortiguamiento. Justifican la invasión argumentando un núcleo fundacional ruso, negando a Ucrania como Estado independiente según el derecho internacional.
Finalmente, la invasión para frenar a la OTAN forzó a países neutrales como Suecia y Finlandia a ingresar a la coalición, fortaleciendo alianzas defensivas ante amenazas.
El peligro real es el debilitamiento del principio de legalidad internacional, con potencias aplicando normas selectivas. El “orden mundial basado en reglas” se distorsiona adaptándolo a los intereses de quienes ostentan el poder militar. La invasión rusa de fronteras ucranianas desafía el derecho internacional, vulnerando la inviolabilidad territorial, sustento del sistema global. Aceptar términos como excepción, permitiría que otros países hagan lo mismo.
Para consolidar el rol de Europa como potencia global deben superarse divisiones internas buscando una integración estratégica, minimizando la dependencia estadounidense en temas de seguridad en un contexto internacional donde el poder militar parece ser el último garante de la estabilidad.
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