Mariana de los Ríos
ET cumple 40 años
Una de las obras maestras de Steven Spielberg

A mediados de los años setenta Steven Spielberg (Ohio, 1946) era uno de los directores más prometedores de Hollywood. Había sorprendido a todos con su primer gran éxito Tiburón (1975), una película de acción, a la que siguió poco después una también exitosa incursión en la ciencia ficción: Encuentros cercanos del tercer tipo (1977). Pero después Spielberg tuvo el que hasta ahora es su mayor fracaso, la fallida comedia histórica 1941 (1979). Afortunadamente se repuso rápidamente de esa caída y a inicios de los ochenta nos entregó una increíble serie de películas, de todos los géneros, que hoy son consideradas entre sus obras fundamentales, desde Cazadores del arca perdida (1981) hasta Volver al futuro (1985). Entre ellas está un clásico de la ciencia ficción: ET, el extraterrestre (1982), que en estos días está cumpliendo exactamente 40 años de su estreno oficial.
La película cuenta la historia de Elliot, un niño de 10 años (interpretado por Henry Thomas), perteneciente a una familia rota (el padre ha abandonado el hogar) que se hace amigo de una criatura extraterrestre varada en la Tierra. La extraña y fea criatura, con sus grandes y cabeza deforme, parece haberse quedado en la Tierra accidentalmente, tras la partida de la nave espacial que lo trajo. Elliot lo encuentra y sin que su madre ni ningún adulto lo sepa, lo acoge y lo alimenta, con la complicidad de su hermano mayor Michael y su hermana menor Gertie (una Drew Barymore de apenas seis años de edad). Finalmente Elliot y ET desarrollan un extraño proceso de fusión mental: Elliot le transmite sus emociones más intensas a ET, lo que genera algunas de las situaciones más divertidas de la película.
Aunque no muchos espectadores lo notaron, esa fusión mental es el eje de la película. Pensar en los demás, empatizar con los sentimientos de los otros es el verdadero tema, y es por eso que ha arrancado tantas lágrimas de los espectadores durante 40 años. Hijo también de padres divorciados, Spielberg era sumamente consciente de la sensibilidad de los niños ante este tipo de situaciones. Pero a los niños aún les falta madurar, y por eso no llegan a empatizar o solidarizarse con los otros miembros de la familia que están pasando por los mismos problemas. Por eso, a partir del drama familiar, Spielberg desarrolla una fantasía de ciencia ficción en la que un niño literalmente siente lo que siente otro ser, y el vínculo entre ellos es sumamente poderoso.
Spielberg ya había narrado la historia de una vista alienígena amigable en Encuentros cercanos del tercer tipo, y ahí había planteado que el contacto con otras especies podría sacar lo mejor de la humanidad. Y eso es exactamente lo que hace ET con el solitario Elliot, que aún sufre por la separación de sus padres; la película no dice cuánto tiempo el padre de Elliott ha estado fuera de la casa, pero parece algo reciente. El extraterrestre acerca a Elliott a sus hermanos, mientras trabajan juntos para protegerlo y descubrir qué necesita. Ambos, Elliot y ET, quieren volver con sus familias. Mientras Elliott ayuda a ET a regresar a su casa, aprende a aceptar que –a pesar de los cambios– él, su madre y sus hermanos son una verdadera familia.
ET, el extraterrestre es una película brillante sobre la soledad e impotencia que siente un niño, especialmente un niño obligado a absorber todos los problemas inherentes al divorcio de sus padres. Es una potente metáfora de esas experiencias, además de ser una magnífica historia de ciencia ficción.
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