Pedro Corzo

Estados Unidos y sus compañeros de viaje

El peligro de perder la libertad

Estados Unidos y sus compañeros de viaje
Pedro Corzo
31 de agosto del 2026

 

Hace unos días, mi amigo Luis Fernández, abogado, hombre de gran talento y profunda humanidad, un enamorado de la grandeza de este generoso país, me envió copia de una conversación que sostuvo con una amistad de muchos años. En ella, ambos expresaban preocupación por el futuro de Estados Unidos, mientras se preguntaban si sus nietos tendrían que aprender el idioma chino, recomendación que no descarto, pero que recibo con gran pesar.

Después de la lectura, llegué a la conclusión de que comparto las consideraciones de los dos amigos, todavía más cuando hacen alusión a un comentario atribuido al presidente Ronald Reagan: “La libertad se puede perder en la próxima generación”. Me entran escalofríos, ya que es un pronóstico que advierte del probable final de la forma de vida que nos ha conducido a un estado de bienestar imperfecto, pero más que satisfactorio.

Luis, colocando todo en el fuego, recuerda cómo fueron desapareciendo los grandes imperios de la historia al involucrarse en guerras interminables, conflictos internos, irresponsabilidad fiscal y debilitamiento de sus instituciones: dolorosas realidades que nos amenazan.

Es cierto que Estados Unidos es muy diferente a los imperios del pasado. Su sentido de la solidaridad, su comprensión de las diferencias y hasta su uso de la fuerza, que no comprende la ocupación de los más débiles, sino que promueve cambios que favorezcan mejores condiciones de vida, son distintos. No obstante, siempre es un poder hegemónico que contraría intereses, incurrirá en injusticias y cosechará enemigos.

La charla entre Luis Fernández y su amigo fue realmente interesante, y ruego porque sus preocupaciones nunca se hagan realidad. Pero creo firmemente que el ciudadano medio estadounidense debe tomar conciencia de lo que tiene y puede perder si no asume una activa y responsable participación en la gestión pública.

Temo que la falta de atención a los valores tradicionales de la nación, entre los que destacan la tolerancia, el respeto a las diferencias, la libertad individual y la igualdad de oportunidades, cualidades que todos deberíamos cultivar, haga que estos ya no se acaten como en el pasado. Además, se aprecia un serio deterioro en el respeto al trabajo y en la búsqueda del progreso, condiciones que hicieron notable a este país, atributos que lo han alejado siempre de purgas y gulags al estilo soviético, factores que conducen inexorablemente a tener nietos pobres, de abuelos que fueron ricos y tuvieron hijos parásitos.

Terminado el comentario sobre la conversación de mi amigo Luis, quiero señalar que también me alarma la inclinación de algunos sectores de la política estadounidense al populismo más ramplón, una particularidad que conduce a los pueblos a una confrontación en todos los campos, que desgarra profundamente a los países, situación sobre la cual Alexis de Tocqueville advirtió en su obra La democracia en América, al escribir que el mayor peligro para el futuro de Estados Unidos no vendría de una invasión externa, sino de fracturas internas y de un nuevo tipo de despotismo.

Les temo a los extremos, sean de derecha o de izquierda. En su momento me alarmé, y lo sigo estando, cuando los neoyorquinos eligieron para la alcaldía de la ciudad de Nueva York a Zohran Mamdani. Igualmente, me inquieta el auge que han alcanzado algunas facciones del Partido Demócrata que se identifican como socialistas. Y es que no comprendo que la utopía más fracasada en la historia de la humanidad siga siendo, a pesar de sus más de cien millones de muertos, incontables frustraciones y desencantos, una propuesta electoral viable, porque sobran personas que eligen ser ciegas y sordas ante la realidad. Como todavía hay quienes niegan que campos de la muerte como Auschwitz-Birkenau y Treblinka, entre muchos otros, hayan existido y causado la muerte de millones de personas.

No obstante, hay que asumir —mi madre siempre me lo dijo— que los peores ciegos y sordos son los que quieren serlo. Y, al parecer, el mundo está lleno de incapacitados con títulos universitarios y talento para hacerse ellos mismos la soga con la que van a ser colgados. Lenin lo escribió. Porque publicar un documento celebrando el centenario del nacimiento del verdugo mayor de las Américas, Fidel Castro, como han hecho los Socialistas Democráticos de América, significa que siguen atados a ideologías que destruyen la dignidad humana: propuestas que hasta las repúblicas bananeras están dejando en el pasado.

Pedro Corzo
31 de agosto del 2026

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