Francisco Swett

En tierra de gigantes

Un puñado de compañías tienen ganancias inimaginables

En tierra de gigantes
Francisco Swett
27 de enero del 2020


El siglo XXI es el del conocimiento. La brecha entre desarrollo y subdesarrollo se amplía cada vez más, al punto de parecer que estuviéramos hablando de especies que, como los
neandertales y los sapiens, empiezan a transitar por ramas diferentes del árbol evolucionario. La diferencia la hace la aplicación de la tecnología, basada en el desarrollo científico que a su vez se origina en la orientación de la educación y en los recursos dedicados a la investigación y el desarrollo. El mundo empresarial está hoy dominado por empresas que hace treinta años solo existían en la imaginación de sus eventuales promotores y fundadores. Son las corporaciones que, en definitiva, han cambiado el mundo y dado un valor agregado extraordinario a las ideas y a la diseminación de la información. ¿Cuál es el perfil distintivo de los nuevos actores? 

Característico del mundo empresarial contemporáneo es la enormidad de las corporaciones. Cinco empresas de tecnología: Apple, Amazon, Alphabet (Google), Microsoft y Facebook tuvieron ventas por más de US$ 802,000 millones en 2018. Sus ingresos brutos fueron equivalentes en tamaño a las economías de Turquía y Holanda, superando a Arabia Saudita y Suiza. Si las empresas citadas fueran una economía, estarían entre las más grandes del mundo. Otra medida de grandes números es el ecosistema de las aplicaciones (las famosas apps) cuya ubicuidad es total (pensar en WhatsApp) con un mercado que hoy supera los seis trillones (millones de millones) de dólares. 

Los resultados económicos están concentrados en un puñado de compañías, y las rentables tienen ganancias inimaginables. En los Estados Unidos hay 3,766 empresas que ofertan sus acciones al público, y de estas treinta (0.8% del total) generan el 50% del total de las ganancias. Las veinte empresas más rentables del mundo están en Arabia Saudita (Aramco), que lidera la lista con US$304 millones diarios de ingresos. Entre las americanas están Apple y Alphabet; los bancos J. P. Morgan, Bank of America, Wells Fargo y Citigroup; y Facebook, Intel y AT&T en tecnología y telecomunicaciones. En Extremo Oriente la lista incluye los bancos chinos Industrial & Commercial Bank, Construction Bank, Agricultural Bank, y China Development. Toyota de Japón y Samsung de Corea figuran igualmente, como también Royal Dutch Shell y Exxon Mobil en petróleo. 

Los modelos de negocio son diversos. Hay dos modelos distintos de negocio: la venta de productos y servicios, y la entrega gratuita de servicios sustentados en plataformas de publicidad. Entre los primeros están Apple, Amazon y, en menor grado, Microsoft. Para Apple las ventas del iPhone representan el 63% de sus ingresos, a los que se añaden las computadoras y iPads. Lo propio ocurre con Amazon cuyas ventas en línea y, en proporción creciente, en almacenes, representan el 40% de todas las ventas al detalle en los Estados Unidos. Microsoft, por contraste, tiene ocho diferentes segmentos de ingresos entre los cuales los más prominentes son Office (26%), Windows (17%), y servicios de computación en cloud (24%). La venta de publicidad, en cambio, es el núcleo del negocio de Alphabet del cual obtiene el 85% de sus rentas. Para Facebook la publicidad representa el 98% de sus ingresos.

En todos los casos, el mercado mayoritario es el de los Estados Unidos, seguido de Asia y Europa. Por cada uno de estos gigantes americanos hay una contraparte china (Ali Baba, YouPay y Huawei vienen a la mente). El mercado chino es tan promisorio que Tesla acaba de inaugurar una megaplanta en China luego de haber pasado a General Motors y Ford, combinados, en capitalización de mercado. 

Son las magnitudes del nuevo mundo que para apreciarlas mejor desde nuestro punto de vista de liliputienses, debemos especificarlas en escalas logarítmicas. Mientras nosotros discutimos interminablemente dentro de nuestra burbuja de tiempo y resentimientos ideológicos, el mundo sigue su marcha demostrando una vez más que el potencial de progreso está en los límites de la imaginación y nace, como en los casos citados, en los “garajes” y aulas que fueron los sitios de incubación de las ideas que han cambiado el mundo.

Francisco Swett
27 de enero del 2020

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