Juan C. Valdivia Cano
Elecciones 2026: más caos que cosmos
Una mirada crítica a los candidatos presidenciales de izquierda
La izquierda, con todas sus variantes y matices, solo tiene una idea, porque no conoce otra: volver a los estatismos velasquistas o alanistas, de maneras más o menos disimuladas o brutales, como algunos de sus candidatos prometen. Y aunque hay quien habla de “izquierda razonable”, hay que distinguir al izquierdista en campaña política y al izquierdista cuando logra el poder. Porque cuando logran el poder las diferencias entre ellos se difuminan o desaparecen, y empieza el proceso de venezuelización, dependiendo de las relaciones de fuerza coyunturales, claro está.
Todos los políticos de izquierda hacen o intentan hacer lo mismo cuando son gobierno, además de concentrar el poder todo lo posible en lo político, subsidiar, repartir bonos, aumentar sueldos a sus grupos de amiguis (eso que llaman re-distribución), y provocar el excesivo gasto público que ya tenemos encima, o aumentar impuestos a las empresas formales y a los desconcertados contribuyentes, o mantener Petroperú con los bolsillos de los peruanos, en lo económico, etc. Con ellos la pobreza está asegurada. ¿Y quién redistribuye? El gobierno populista de turno, destructor del sistema y de la economía, con leyes que parecen hechas por el enemigo y apoyando con todo a la minería ilegal.
En campaña uno espera que cada uno de los “partidos” de izquierda debieran tener diferencias, aunque sean de matiz, en relación a sus camaradas, sino no habría razón para postular por separado. Pero sabemos que sus egos, vanidades y necedad, que revelan su incapacidad para unirse, hablan de su suicida inmadurez. Porque la ideología solo les sirve para hacer demagogia discursiva de paporreta, y aprovechar el resentimiento social para ganar votos, porque ya no creen en ella. Aunque paradójicamente se han vuelto más leninistas que nunca (salvo el poder, todo es ilusión). Cerrón se asocia con Keiko y no pasa nada. Se aprovechan de la indiferencia, la deplorable educación, el hartazgo de la población, que ellos mismos han contribuido a exacerbar con sus cuatro últimos gobiernos.
Incluso López Chau, que se coloca forzadamente al centro, lo hace porque es menos desubicado que Cerrón y los otros, y sabe que después de la desastrosa gobernanza de Castillo, Dina, Jeri y Balcázar ya no conviene aparecer tan a la izquierda, aunque su corazón y varias declaraciones lo traicionan, como su modelo económico “nacional” de mercado y sus amenazas de disponer del Fondo de las Reservas Internacionales Netas (RIN) , revelan que de economía sabe tanto como este pechito de motores de avión, o su posición frente a Petroperú, ese costosísimo cadáver viviente, su apoyo al Reinfo infinito y eterno, etc. Es hipócrita colocarse al centro cuando se es de izquierda, o de derecha. Y mentirle al elector para ganar su voto, no es la conducta de un buen candidato precisamente.
Con esos dos criterios –sobre Petroperú y el Reinfo– es bastante para conocer a un candidato y, si no opina o se evade, peor para él. Pero eso supone un elector que, por ahora, es franca minoría. La mayoría peruana es conservadora (y no hay diferencia entre conservador derechista o izquierdista, que yo sepa) las preferencias electorales son bien delatoras: hablan del conservadorísimo elector peruano, especialmente en Lima.
La otra forma de conservadurismo es el programa estatista e intervencionista que ha sido predominante desde la segunda mitad del siglo pasado en Iberoamérica, hasta los noventa y que, a partir de diferentes grados, se ha justificado por el keinesianismo económico tantas veces fracasado, (Sheinbaum, o Petro, o Boric, o Maduro, o Castro, etc) que siempre han agravado los problemas económicos para dejárselos al próximo gobierno, cuando no se han atornillado a él.
El congreso actual representa social y mentalmente a los electores, nos guste o no, aunque le importe un rábano los intereses de éstos. Cada pueblo tiene el gobierno que se le parece, aunque duela. Los que votan por Luna Gálvez no serán muy diferentes en carácter y personalidad a dicho candidato, por dar un ejemplo. Lo que no significa que todos hayan cometido los abundantes desaguisados por los que éste ha sido denunciado. La corrupción es generalizada, sin embargo. Es consecuencia de la crisis de liderazgo y de la falta de calidad educativa. Y no saldremos del hoyo si no mejora significativamente esa calidad. Ese es el fondo del fondo.
Me parece que un elemento de la mentalidad de los fans de Acuña, Luna, Cerrón y los otros, es la amoralidad, que es la carencia total de código personal de conducta, distinto a la inmoralidad y más aún al inmoralismo. Saben como es Luna Gálvez, Cerrón, etc. Pero esa no es una razón suficiente para mandarlos al carajo. Y si no se dan cuenta de cómo son sus candidatos, entonces es peor, porque mientras más caídos del palto haya en el país, peor para el país. La población también tiene responsabilidad, su conservadurismo es una rémora, aunque sean víctimas de la baja calidad educativa que está en el fondo de la agonía de la democracia, de la poca que nos va quedando. Eso explica, pero no justifica su irresponsabilidad.
Sin embargo, aunque usted no lo crea, hay dos o tres candidatos decentes, razonables y capaces. Mi favorito es Rafael Belaunde Llosa –aunque compita en tierra de conservadores siendo un liberal–, porque es más completo o consistente, aunque no es un académico, un intelectual, sino un empresario. Jorge Nieto Montesinos es un intelectual que a pesar de sus positivas cualidades personales, todavía no se ha sacudido totalmente del mito del Estado y la desconfianza en el empresariado, propia de los setenta. Y casi se puede decir lo mismo de Marisol Perez Tello. Y Carlos Espá por diferente razón, porque no sabe con quien anda, a pesar de sus buenas ideas.
La posición de Jorge Nieto no es la de un liberal sino la de una especie tenue de caviar. No ha denunciado, por ejemplo, el que otra vez le están sacando S/ 500 millones por ley a los contribuyentes para mantener los sueldazos, gollerías, sindicatos y proveedores de Petroperú, no para mantener a la empresa que no funciona y no se puede privatizar porque nadie la va a comprar. Él cree que hay que mantenerla como unidad, sin dividirla. Cree en el Estado (espero que no sea en este). Pero lo que se no puede hacer es mantener las cosas como están, fingiendo una reestructuración que nunca llega ni llegará, sacando millonadas a través de los impuestos al pobre contribuyente, (que podrían servir para fines más urgentes y justos) que en este caso son un verdadero robo.
















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