Aldo Llanos
El triunfo de Milei y el peligro del “voto castigo”
Milei capitalizó el obvio descontento de los argentinos con su actual Gobierno

Para nadie es un secreto que el gran responsable de la impresionante victoria de Javier Milei (digo bien, "impresionante", porque ha saltado en pocos años de ser un contertulio recurrente de programas de televisión, en donde se hizo conocido por su virulencia, a ser el nuevo presidente de Argentina), ha sido el peronismo, la izquierda y todo el progresismo:
1.- En efecto, al igual que con Fujimori y su apellido para el fujimorismo, o con Alan García en el APRA de entre siglos, el peronismo no pudo renovarse de la desgastada y polarizadora figura de los Kirchner, bajo la cual ni Alberto Fernández ni nadie pudo generar un cambio en cualquier sentido. Siempre fue más de lo mismo.
2.- Tal y como sucede con la izquierda peruana, las diferencias ideológicas en la izquierda argentina les impiden consolidar un proyecto viable en el largo plazo, autosaboteándose entre ellos. Por ejemplo, Alberto Massa siempre fue mirado con desconfianza y petardeado por el sector "kirchnerista", acusándolo de pro-FMI o por la acción de personajes como el sindicalista Juan Grabois, exigiéndole a este una imposible Renta Básica Universal.
3.- Con esta izquierda en el poder, el 40.1% de la población argentina se encuentra bajo la línea de pobreza, el 17% bajo la línea de miseria (datos del INDEC) y cerca de un 45% de los empleados ya trabajan informalmente (según OIT). Los salarios argentinos se han "evaporado" (como nos pasó a los peruanos en los ochenta, durante el primer gobierno de Alan García), bajo una inflación anual que subió a 124% en agosto pasado,, mientras el precio de los alimentos ha aumentado de valor un 133,3% en el mismo periodo.
4.- A su vez, el mérito de Milei radica en capitalizar el obvio descontento a partir de una palabra clave que nunca la izquierda ha podido hacer suya: libertad, conceptualizada en el discurso de Milei para encajar con el deseo de construir el propio destino bajo la lógica del "emprendedor". Es decir, aquél sujeto que moviliza todas sus fuerzas creativas para participar del mercado. Ese discurso siempre vencerá al discurso del asistencialismo por parte de un Estado que en el tiempo revela su intención de intercambiar dicha ayuda por votos. En ese sentido, no sólo es una derrota política para las izquierdas, sino también una derrota cultural.
5.- Y para remate, se hace patente (una vez más), la soberbia de ciertos sectores ilustrados de la izquierda argentina que insisten en menospreciar a los votantes de Milei, calificándolos como idiotas o resentidos.
Sin embargo, la dinámica polarizadora de la estrategia efectuada por las nuevas derechas, hacen olvidar rápidamente que este no ha sido un voto por Milei (como en su momento no existió el voto por Trump o el voto por Bolsonaro). Estas nuevas derechas están llegando al poder por el voto "castigo" emitido contra la incapacidad del ejercicio gubernamental de las izquierdas, siendo este tipo de voto como un péndulo que va a regresar con la misma fuerza con el que fue impulsado si es que no cambia mucho la situación.
Además, una estrategia política polarizadora siempre será un arma de doble filo porque lleva al "todo o nada", (recuerden el mantra de la izquierda argentina anti-Menem: "que se vayan todos" ahora utilizado por la derecha de Milei), e impide el reconocimiento y la posibilidad de perpetuación de las buenas políticas al generar numerosos anticuerpos. Por ejemplo, ¿quién resalta hoy la política de paz de Trump? Nadie, ya que ha generado numerosas antipatías que cualquier cosa que lleve su nombre genera animadversión en una parte de la población. En ese sentido, las estrategias polarizadoras pueden servir para ganar una elección, pero nada más.
Por todos mis amigos y amigas del hermano país de Argentina, de todo corazón espero que logren salir de la crisis y que Javier Milei haga un buen gobierno.
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