Luis Hernández Patiño

El poder y nuestras clases medias

La predisposición a conservar el orden establecido

El poder y nuestras clases medias
Luis Hernández Patiño
31 de octubre del 2018

 

No deja de llamarme la atención la capacidad que el poder fáctico tiene para maniobrar políticamente frente a nuestro país y su situación. Yo comprendo que tal capacidad se basa, en parte, en el apoyo incondicional que dicho poder recibe de un sector de la prensa, que se ha convertido en algo así como la milicia mediática del régimen. Sin embargo, percibo que podría haber algo más que ello como factor de sustento de la capacidad de maniobra antes mencionada. Digo esto porque no puedo pasar por alto lo que implica el respaldo que parte de la ciudadanía le brinda a la gestión del Gobierno.

En el Perú no contamos con un servicio de educación de una calidad óptima, ni qué decir de lo que ocurre en el terreno de la salud. La falta de un adecuado abastecimiento de agua y desagüe, en zonas marginales de ciudades como Lima incluso, no es un psicosocial sino una realidad. Sin embargo, hay gente que aprueba al actual Gobierno, no importa lo que pase.

¿La justicia resulta selectiva? Lo mismo da, ¡bravo! ¿Y si mañana se escapa fulanito? Qué se va a hacer, pues; para eso cuenta con una ayudita de sus amigos, así que déjalo ser. Esto no es nada nuevo; se ha dado históricamente. Recordemos cómo a su turno se aprobó y aplaudió a dictadores tales como Leguía, Velasco y Fujimori.

Hoy escucho voces que hablan, de una manera crítica, del apoyo al actual Gobierno, como fruto de la ignorancia del pueblo. No lo niego, pero creo que ese no es el fondo de la explicación. Para mí, las razones de dicho apoyo tienen relación con las condiciones estructurales de nuestra sociedad y con el papel de nuestras clases medias frente al poder.

Un breve repaso de la realidad

En el Perú no hay una sociedad industrial. No se ha producido el crecimiento y desarrollo de una clase obrera, como sí ocurrió en los países avanzados. Seguimos viviendo bajo los parámetros de un modo de acumulación de riquezas de tipo mercantilista que, cuando le conviene, asume poses sociales y populistas. Aquel régimen sigue estando en manos de minorías que, en nombre de las grandes mayorías, se aprovechan de la oportunidad para concentrar cuanto privilegio les sea posible.

Nuestras clases medias no han logrado consolidarse. Han pasado por momentos de crecimiento económicamente expectantes, pero a su vez inseguros, dependiendo de la demanda externa de nuestras materias primas. Ello explica que en dichas clases exista una actitud de servidumbre hacia el poder de turno. Entre sus integrantes se puede notar una celosa predisposición a conservar el orden establecido, pensando que tal vez así se puede obtener alguna prebenda del régimen.

La oligarquía rentista de nuestro país hace y deshace con nuestra institucionalidad, pero descuida nuestra economía. Promueve una seudo cultura en contra de la familia, basada en la imposición de la nefasta ideología de género, a tono con los planes del nuevo orden mundial, porque para ello cuenta precisamente con el aval de sectores de las clases medias. Es de tales clases que emergen los poseros de progresistas, los fariseos sociales, los profesionales de la vagancia, los lavadores de banderas, los operadores del racismo selectivo y del igualitarismo hipócrita. Todos ellos son conservadores de un sistema que promueve la gran transformación, pero solo de unos cuantos. Contando con el concurso de todos ellos, la oligarquía cree que puede y que, más aún, debe poner patas arriba a nuestro país si es necesario, para alcanzar sus inconfesables metas.

Reflexión

Se hace necesario promover un profundo cambio de actitud entre los integrantes de nuestras clases medias. Es de estas clases de donde emergerán nuestros políticos de mañana. Si ello no se produce, nuestro país no va a cambiar y seguiremos en las mismas, o tal vez peores. El Perú podría ser cubierto con un manto ideológico, bajo el cual quien se atreva a pronunciar palabra en contra del sistema imperante podría ser… bueno. ¿Queremos evitarlo? Entonce, hay que darle formación a nuestras clases medias, hay que prepararlas para que estén a la altura real y natural de las necesidades y retos de nuestra nación.

 

Luis Hernández Patiño
31 de octubre del 2018

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