Jorge Varela
El poder de la seducción neoliberal
El neoliberalismo no puede explicarse en términos marxistas
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En la academia, en la política, en el campo de la economía, en el espacio de los movimientos sociales, es frecuente escuchar el verso redundante de personajes que se autoproclaman orgullosamente antineoliberales. Como si esta declaración les confiriera autoridad y prestigio ante sus pares y supremacía sobre el resto de los integrantes de la sociedad.
Algunos incluso han afirmado, con dejos de solemnidad, que serán los sepultureros del modelo neoliberal. ¿A tanto puede llegar la obsesión por acercarse a los cementerios y oficiar de enterradores? Lo extraño es que sus actitudes de vida diaria están muy distantes del discurso referido. Si hubiera que evaluarlos de acuerdo a este comportamiento, habría que calificarlos de émulos del ‘cura Gatica’, ese que predica y no practica.
¿Qué es el neoliberalismo?
Comencemos por precisar qué se entiende por neoliberalismo y qué significa ser neoliberal en el ciclo que vive el mundo posmoderno. Byung-Chul Han, un intelectual surcoreano dedicado al tema, expresa que el neoliberalismo “es un sistema de dominación” “que tiene una estructura completamente diferente” a la conocida en una sociedad disciplinaria e industrial (“El neoliberalismo no puede explicarse en términos marxistas” (Bloghemia.com, 25 de diciembre de 2024),
Agreguemos que el concepto original surgió en 1938 basado en las ideas del periodista estadounidense Walter Lipmann, quien postulaba la necesidad de que a las políticas capitalistas se agregara la preocupación por el bienestar social de los sectores postergados. Hoy, en el caso de Chile nadie quiere ser calificado de neoliberal, ni siquiera algunos economistas y políticos que participaron en la instalación del sistema cuestionado y que ahora hablan de “extremismo ideológico”. Con razón el escritor peruano Mario Vargas Llosa expresó: “no he oído a nadie decir yo soy un neoliberal”.
La revolución ya no es posible
En su análisis Byung-Chul Han se pregunta, inquieto por la gran estabilidad de este sistema y la poca resistencia al mismo: ¿por qué la resistencia queda en nada? “¿Por qué, a pesar de la división cada vez mayor entre ricos y pobres, la revolución ya no es posible?” Para explicar este estado de cosas, expone que se necesita comprender cómo funcionan actualmente el poder y la dominación.
La clave se encuentra en el poder de preservación del sistema de dominación neoliberal. Ahora, el poder de preservación del sistema ya no funciona a través de la represión, sino a través de la seducción; es decir, nos lleva por mal camino. Ya no es visible, como fue el caso bajo el régimen de disciplina. Ahora, ya no hay un oponente concreto, ningún enemigo suprime la libertad. El neoliberalismo convierte al trabajador, en un contratista libre, un empresario de sí mismo. Hoy, en su propia empresa, cada individuo es maestro y esclavo en uno. Hoy, cualquiera que no tenga éxito se culpa a sí mismo y se siente avergonzado. La gente se ve a sí misma, no a la sociedad, como el problema.
Es esta sensación de libertad la que hace imposible la protesta. ¿Contra qué hay que protestar? ¿Contra quién? ¿Contra uno mismo?
El poder de la seducción neoliberal
El poder que preserva al sistema neoliberal es seductor, es un poder que mantiene al sistema, asumiendo una apariencia ‘inteligente’ y amigable. Al hacerlo, se vuelve invisible e inexpugnable. El sujeto subyugado ni siquiera reconoce que ha sido subyugado, pues piensa que es libre. Este modo de dominación neutraliza la resistencia con bastante eficacia”. Mientras la dominación que reprime y ataca la libertad es inestable. El régimen neoliberal se muestra estable al inmunizarse contra toda resistencia, porque hace uso de la libertad en lugar de reprimirla. Suprimir la libertad rápidamente provoca resistencia; explotar la libertad no.
Hoy no existe una multitud colaborativa en red que pueda surgir en una masa global de protesta y revolución. El modo de producción predominante (el neoliberal) se basa en autoemprendimientos solitarios y aislados. Hoy todos compiten contra todos los demás, y también dentro de la misma empresa. Tal competencia aumenta la productividad, pero destruye la solidaridad y el espíritu comunitario. Ninguna masa revolucionaria puede surgir de individuos agotados, depresivos y aislados.
El proyecto neoliberal está vivo
En síntesis, el neoliberalismo no puede explicarse en términos marxistas. La famosa ‘alienación’ del trabajo ni siquiera ocurre. Hoy, nos sumergimos ansiosamente en el trabajo, hasta que nos agotamos. La primera etapa del síndrome de burnout (agotamiento), después de todo, es la euforia. “El agotamiento y la revolución son mutuamente excluyentes. En consecuencia, es un error creer que la multitud desechará el parásito del Imperio para inaugurar una sociedad comunista”, como planteara el conocido pensador Antonio Negri. Incluso el teórico social marxista británico David Harvey señaló, en uno de sus libros: ”el proyecto neoliberal está vivo” (Breve historia del neoliberalismo, 2005).
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