Jorge Varela

Distorsión y obscenidad comunicacional

Pueden considerarse como un síndrome de decadencia

Distorsión y obscenidad comunicacional
Jorge Varela
10 de febrero del 2026

 

La distorsión comunicacional por parte de algunos medios informativos nacionales e internacionales se ha convertido en una práctica periodística descontrolada y abusiva que crece día a día. Basta ver reportajes emitidos por canales de televisión, escuchar audiciones de programas radiales y leer páginas conteniendo análisis y comentarios en periódicos y revistas, para formarse una opinión decepcionante respecto del enfoque editorial adoptado por quienes no respetan el deber básico de objetividad e independencia y atropellan el derecho esencial que tienen televidentes, auditores y lectores, a una información objetiva, veraz, sin interferencias parciales, ni intervenciones de naturaleza política, ideológica o dogmática.

Artículos, ensayos y columnas escritas por redactores-analistas dogmáticos se han convertido en instrumentos de ataque destinados a derribar gobernantes, dirigentes y personas a las que consideran blanco fácil de sus posturas desquiciadas

Este despliegue de astucia e intención dañina en el cual participan activamente numerosos directores, editores, jefes de prensa, redactores, periodistas, articulistas, seres humanos supuestamente conscientes, sería una muestra clarísima de obscenidad intelectual atribuible a su coeficiente de inteligencia natural del que hacen ostentación, antes que a una utilización burda de algoritmos de inteligencia artificial (IA).

 

Defensa de la distorsión editorial

En su defensa suelen argumentar que su misión consiste en ‘defender la verdad y la democracia’. Un profesional involucrado ha dicho que “las nuevas formas de autoritarismo han emprendido una auténtica persecución de la verdad”, pues “odian el periodismo independiente, aquel que sirve a la verdad, aquel que se basa en el contraste y la pluralidad, aquel que antepone los hechos a la ideología”.

 

¿Habrase visto una declaración tan manifiestamente demagógica? El fundamento básico del relato discursivo dado a conocer por éste y diversos comunicadores se basa fundamentalmente en atribuir toda la culpa al autoritarismo político que representarían Orbán, Putin, Trump, Bolsonaro, Bukele, entre otros. Pero si se trata de enjuiciar a Sánchez, Díaz-Canel, Ortega, Sheinbaum, cambian su ofensiva acusatoria y se vuelven amnésicos. 

¿A qué independencia se refieren estos ‘catones’ de pacotilla?, si con malos artilugios retóricos defienden su distorsión editorial que deforma la verdad, mediante la alteración de los hechos y la subordinación a ideas sesgadas que surgen de lo profundo de su oscuridad. Indaguemos qué intereses representan. ¿A quién obedecen? No es necesario que se proclamen como independientes ni sostengan su naturaleza de impolutos. Ya se sabe que conforman una banda peligrosa: aquella a la que pertenecen los servidores obsecuentes del wokismo izquierdista.

 

Crisis del periodismo 

El periodista Walter Lippmann, autor de Liberty and the News, Public Opinion, The Phantom Public, y una veintena más de libros, sostenía que “la crisis de la democracia es, en esencia, una crisis del periodismo” (cita de Marcelo Longobardi). Lippmann quien consideraba que la democracia dependía de la exactitud de las noticias, percibía a los ciudadanos “demasiado centrados en sí mismos como para preocuparse de los asuntos públicos y políticos”, y al público como lo hacía Platón: “una gran ‘bestia’ o rebaño desconcertado que se debatía en el caos de las opiniones locales”.

 

La línea editorial como carta de derechos 

La línea editorial de un órgano de comunicación se puede resumir en una lista jerarquizada de derechos que éste dice defender, representada por una cobertura sobre víctimas y victimarios relacionados con un derecho determinado.

“Todo medio tiene su propia carta de derechos implícita y, como pasa en los tribunales, puede ser que haya periodistas del medio que la interpretan de distinta forma. Al final, cada medio es guardián de lo que considera justo”.

“En las escuelas de periodismo no se enseña mucho derecho, pero son los derechos –quizás– la materia prima principal de su oficio”. En sus decisiones, los periodistas ponderan los derechos de las personas involucradas en las noticias. “El periodista trabaja a diario también como juez y cuando opina se puede convertir en un fiscal o en un abogado defensor. La evolución de los derechos depende en gran medida de la sensibilidad de las personas comunes con lo que les ocurre a los demás. Como, en gran medida, la piel de la sociedad son los periodistas, si vivimos en una sociedad que maltrata en forma permanente a las personas comunes es posible que nuestra piel sea poco sensible”. 

 

Amenaza a la convivencia democrática

Estados Unidos no escapa a esta forma contemporánea espuria y maligna de comunicación editorial-mediática. Más allá o más acá de la existencia de la democracia como sistema, importantes consorcios televisivos como ABC, CBS, CNN y publicaciones escritas como New York Times, Washington Post, El País, se han convertido en vanguardia de una modalidad editorial-informativa cínica, cizañera y perjudicial para la convivencia y subsistencia de la civilización humana. ¿Será que ya se instaló un periodismo autoritario que no quiere ver su propia tiranía?

Algo habrá qué hacer entonces, para que los humanos tengamos mejores accesos alternativos a medios que nos garanticen arribar libres de mentiras a las orillas sinuosas de la verdad que siempre ha sido tan esquiva.

Jorge Varela
10 de febrero del 2026

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