Luis Hernández Patiño
El Perú y la codicia
No le hemos dado usos adecuados a nuestra riqueza natural

El Perú de hoy pasa por una situación muy complicada. El desequilibrio entre los poderes del Estado y nuestra inestabilidad institucional son solo síntomas de algo mucho más grave de lo que pudiéramos suponer. Sin embargo, andamos distraídos con la interminable aparición de capítulos de la serie “políticamente correcta” que los medios de propaganda oficial nos ponen mañana, tarde y noche, hasta en la sopa, y no vemos el fondo de nuestros problemas.
La hora presente nos exige una lectura diferente de nuestra realidad. Ciertamente, hay temas que debemos abordar sin ningún tipo de tapujos, para entender las profundas causas de la situación actual. Nuestro país, desde mi perspectiva, no está inmerso en una crisis, tal como suele decirse en una forma superficial. Lo que hoy sufrimos es la manifestación de un grave mal de tipo crónico, que viene de hace mucho y perdura en el tiempo con ciertas variaciones, que se van repitiendo en una forma cíclica.
En tal sentido, hoy podríamos estar frente a un cuadro muy parecido al que se proyectaba en la segunda mitad del siglo XX, cuando el Perú que el gobierno de Piérola había intentado reconstruir, luego de la guerra con Chile, empezaba a desvanecerse, debido al retorno de viejos vicios.
Una trágica paradoja
El mal crónico, al que hago mención líneas arriba, tiene su origen en un factor que también es crónico entre nosotros: nuestra riqueza natural. Dicho factor, por increíble que parezca, actúa en un sentido paradójico, influyendo negativamente en nuestro devenir.
Si el Perú fuese un país realmente pobre en recursos naturales, pero educado, quizás hubiese logrado el desarrollo. Quién sabe si hasta hubiésemos podido alcanzar niveles de vida como los de los países del primer mundo. Sin embargo, el nuestro es un país rico en materias primas y, por lo que yo percibo, es en aquella riqueza donde está nuestro talón de Aquiles.
Ayer fue el guano, el salitre, el caucho. Hoy, contamos con el recurso del litio, el cual recientemente se ha descubierto en un yacimiento ubicado en un lago prehistórico, que está cubierto de lava, en la zona norte del departamento de Puno. Al respecto, se puede visitar el siguiente enlace para ver la información:
Pensar que con ese litio, con el cobre, con el fierro que tenemos, podríamos promover la fabricación nacional de motos y carros eléctricos, por dar solo dos ejemplos. Para ello, lógicamente, necesitaríamos de un Estado que cumpla como verdadero gestor del desarrollo y el bien común. De esa manera se podría originar una gran oportunidad de empleo en masa, que le daría otra tónica a la dinámica económica en el sur de nuestro país.
¿Pero cuál es ese mal crónico que padecemos?
La codicia que la ley de Moisés sanciona explícitamente. En efecto, desde siempre la existencia de riquezas ha generado y genera una gran codicia. Muchas de las cosas que hoy padecemos son el resultado de la obra de codiciosos que pretenden acaparar las riquezas de nuestro suelo.
La codicia se da a nivel individual, pero también cobra presencia grupal en minorías mercantilistas hambrientas de bienes ajenos. Además, puede alcanzar una magnitud de tipo internacional, vinculada a aspectos de índole geopolítico. Por eso, debemos liberar a nuestro país de la codicia, tanto local como extranjera, para así darle un adecuado uso a nuestras riquezas y superar la situación en la que hasta hoy nos encontramos.
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