Luis Hernández Patiño
El Perú en un páramo
El país en peligro de llegar al peor absolutismo

De solo escuchar las noticias sobre lo que está ocurriendo con nuestra salud y con nuestra economía nacional me da un frío tal que hace tan solo unos meses no hubiera podido imaginar. En efecto, la magnitud que ha alcanzado nuestra actual crisis resulta escalofriante, y no se trata de algo relacionado con la estación de invierno en la que nos encontramos. ¿Soy el único que lo siente? No lo creo.
La baja de temperatura a la que me refiero se puede notar en el ámbito institucional de nuestro organismo social. Hay varios factores que han influido para dicha baja, pero entre estos encontramos uno que no podemos pasar por alto: las decisiones de nuestros dirigentes. Yo percibo que frente al desastre en el que estamos, lo que a ellos les importa son los beneficios que pueden sacar de las aguas del gélido mercantilismo, en el que han aprendido a nadar con toda destreza, tanto por la derecha como por la izquierda.
Me preocupa que nuestra sociedad esté encaminándose hacia un páramo, como parte de un plan de dominación imperialista de carácter global. La aproximación cada vez mayor a ese páramo podría explicar la frialdad que se percibe en nuestras relaciones interpersonales, así como en la forma en la que nuestras autoridades proceden frente a la traumática situación de los más débiles.
¿Pero por qué llevar a nuestra sociedad hacia un páramo? Porque dominarla así nomás no es tan fácil. No todos sus miembros son políticamente correctos; allí están los que no aceptan la “nueva normalidad” que la ideología de la clase dominante global busca imponer. Y ante eso, lo que a dicha clase le queda es someter a los sectores medios y bajos de la sociedad a una progresista hipotermia colectiva, que va a desencadenar un impresionante congelamiento; inclusive de instituciones celulares como la familia. En ese contexto, podría ser viable instaurar un modo de explotación, el cual estaría cubierto ya no con un manto color púrpura, sino con bloques de hielo, debajo de los cuales los miembros de la sociedad no tendrían capacidad de reaccionar ante la injusticia. Actuarían como muertos vivientes.
Frente a ello, me gustaría escuchar las voces de los políticos que siempre dijeron estar en contra del absolutismo, pero que de un tiempo a esta parte se han quedado callados en todos los idiomas posibles; o que hablan, pero a media voz. ¿Dónde quedó la doctrina que tanto proclamaban y decían profesar?
Más allá de una actitud reflexiva, nuestro país reclama pensamiento; pero pensamiento acompañado de una acción políticamente docente, de parte de quienes siempre dijeron amarlo con todas sus fuerzas. No permitamos que el Perú termine en un páramo.
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