Jorge Varela

El futuro de la especie humana

En la era de la Inteligencia Artificial

El futuro de la especie humana
Jorge Varela
21 de julio del 2026

 

Las preguntas tecnológicas son también preguntas filosóficas. Siempre lo han sido, solo que ahora son más acuciantes y precisas, pues requieren respuestas de índole ético-espiritual que, al exceder lo pragmático-material, incidirán en los ámbitos político, social, económico y cultural, en las relaciones entre las personas, entre los Estados, en lo geopolítico, en lo civilizatorio. 

Lo que se juega es determinante: será el futuro de nuestra especie. Se trata de respuestas relacionadas con la integración neuronal de la mente y del cuerpo con la máquina, del arribo a una fase de conciencia inorgánica avanzada, de la experimentación y logros de la ciencia médica vinculada a la tecnología espacial, del perfeccionamiento y manejo del poder institucional-bélico a nivel mundial, del devenir del mercado financiero, entre otras perspectivas y finalidades específicas. 

 

Hacia un neofascismo tecnológico

Ya existen empresas dedicadas a producir software con capacidad de orientar las decisiones que adoptan tanto los gobiernos como las grandes entidades financieras. Una de ellas, Palantir, ofrece a quienes están planteando la mantención de un cierto modelo de orden o quieren instaurar uno nuevo, el instrumental más eficaz que existe en la actualidad para lograr tal objetivo. 

Debido a lo anterior, son varios los críticos que han denunciado la irrupción de un neofascismo tecnológico. El analista Jay Stanley sostuvo que el software de Palantir podría permitir una "verdadera pesadilla totalitaria, monitoreando las actividades de estadounidenses inocentes a gran escala”. Alex Karp, Ph.D. de teoría social y filosofo excéntrico, director ejecutivo de Palantir no esquiva tales preocupaciones. Él ve a Palantir como una empresa que puede reescribir las reglas del juego de suma cero de privacidad y seguridad. Esta protección central de la privacidad y la seguridad de Palantir es "el tronco inmutable”, según la adicción académica de Karp por la jerga.

 

El poder de la Inteligencia Artificial  

Muchos detractores han destacado esa cara negativa de la IA y sostienen que en ella no tienen cabida los sentimientos, las emociones; que carece de vida subjetiva, de capacidad para sentir afecto, amor u odio, placer o dolor. Algunos la miran con desconfianza, otros la consideran como una enemiga a perpetuidad. Yuval Noah Harari señala que “corremos el peligro de perder el control sobre nuestro futuro. “Puede que poco a poco nos veamos desplazados a los márgenes y, en último término, incluso puede que la red llegue a operar sin nosotros”. Harari agrega que “los ordenadores son máquinas tontas que ni piensan ni sienten nada y, por lo tanto, no pueden tomar decisiones ni generar ideas por sí mismas”. 

No obstante, las computadoras y la IA nos han cambiado la manera de vivir y nos conducirán, aunque nos resistamos, a otro estadio de la evolución e incluso de la conciencia.

 

Inteligencia y consciencia   

Para generar ideas y decidir se necesita tener consciencia. Pero, inteligencia y consciencia no significan lo mismo, aunque en los humanos la segunda se relacione con la primera. La inteligencia es la capacidad de entender, de resolver problemas, de planificar, de alcanzar objetivos. La consciencia es la capacidad de darse cuenta de la propia existencia, de reconocerse, de evaluar éticamente las conductas, de experimentar sentimientos: placer, dolor, amor, odio. 

Harari dice que: “si las computadoras siguen adquiriendo inteligencia, podrían llegar a desarrollar consciencia y a poseer algún tipo de experiencia subjetiva. Pero también podrían llegar a ser más inteligentes que nosotros sin desarrollar ningún tipo de sentimiento”. 

Por ahora, la inteligencia artificial funciona, genera, toma decisiones para alcanzar determinados objetivos sin tener consciencia. Las cadenas de ordenador a ordenador pueden funcionar sin que ningún humano esté al tanto, “las computadoras se encuentran a las puertas de acumular mucho más poder que los humanos”.

 

En espera de luz, más luz

¿Qué actitud esperar de los humanos? ¿Qué esperar de los filósofos contemporáneos? ¿Deberían influir para cambiar la orientación del mundo tecnológico, no solo interpretarlo? ¿La reivindicación de lo real-actual que se demanda en estos tiempos, permitirá recuperar ese espíritu crítico en buena medida perdido, casi aletargado?

Filosofar es de algún modo mirar hacia lo extraño, -hacia lo enigmático-, adentrarse en el universo de lo perturbador, cuya esfera gira en torno a lo invisible e inquietante. Pues bien, desde el campo institucional académico, político, jurídico, científico y tecnológico se ha comenzado a emitir mensajes claros y urgentes de auxilio, solicitando luces provenientes de la filosofía. No son los únicos demandantes. También los tecnomagnates y ejecutivos de empresas vinculadas al desarrollo de la Inteligencia Artificial se encuentran en competencia para incorporar a filósofos de carne, cerebro y hueso que orienten y despejen las rutas del futuro que está abierto. Definitivamente, ¡esta es la era de la Inteligencia Artificial!

Jorge Varela
21 de julio del 2026

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