Guillermo De Vivanco
El dictador, el empresario, el gerente
Necesitamos peruanos que sepan cómo construir riqueza

Estamos en la mayor guerra ideológica de todos los tiempos. Los enemigos de la sociedad abierta arremeten incansablemente contra la libertad y el capitalismo; y no digo contra las democracias pues estas ya dejaron de ser obstáculo para tomar el poder. Desde la revolución industrial y su acelerado proceso de desarrollo aparecieron simultáneamente los costos medioambientales porque la industria y el transporte produjeron contaminación ambiental por la emisión de gases. Asimismo la extracción minera y la tala de bosques plantearon desafíos para la sostenibilidad de los recursos naturales y el cuidado medioambiental. La izquierda mutó entonces, atribuyéndose la defensa del planeta, y esto le permitió encontrar las armas para la ofensiva anticapitalista.
Los herederos de la Revolución francesa, de la turba y del terror, buscaron desde entonces formas alternativas de gobierno; dictaduras de izquierda o derecha, comunismos, fascismos, estatismos, nacionalismos o socialismos que fracasaron estrepitosamente ante las sociedades libres inclusivas y democráticas. Se impuso el ser humano como un fin en sí mismo, y esta libertad fue el campo fértil donde se desarrolló la creatividad basada en la meritocracia y la propiedad privada. El comunismo fue derrotado como productor de riqueza, fracasó estrepitosamente ante el occidente libre. La nueva estrategia comunista se centró en la batalla semántica, idiomática, que les diera el aura humanista y progresista, aprovechando las banderas ecológicas, de los derechos humanos y de la igualdad de género. Controlar la educación escolar se constituyó en su principal objetivo estratégico.
En la foto que acompaña esta reflexión aparece el ministro de pesquería del Gobierno de Juan Velasco Alvarado, Javier Tantaleán, responsables del mayor descalabro y confiscación (robo) de empresas en la historia del Perú. Quedó probado con esta experiencia histórica lo incapaz que es el Estado cuando se vuelve empresario. Las empresas públicas fueron un fracaso que le costó a los peruanos años de desarrollo. Lo acompaña en la foto Luis Banchero Rossi, empresario tacneño que construyó un imperio económico que situó al Perú como el principal exportador de harina de pescado del mundo. En los pantanos de Chimbote construyó Picsa Astilleros, responsable ella sola del 50% de las exportaciones no tradicionales en el año 1972 y de 5,000 empleos. Asimismo Asimismo fundó los diarios Correo y Ojo, fue accionista de Líneas Aéreas Nacionales (LANSA) y del Banco de Comercio, y director del Banco de Crédito. También fundó Naviera Humboldt, Panamericana de Seguros, Envasadora San Fernando y Minas Caylloma. En el sector pesquero construyó una flota de 130 bolicheras y trece fábricas de harina de pescado que cubrían toda la costa peruana. Todo este holding empresarial ocupaba solamente un par de pisos en el centro de Lima. Fue asesinado misteriosamente a los 42 años. Luego la dictadura militar procedió a estatizar sus empresas.
A Tantaleán y Banchero los acompaña en la fotografía Andrés Castro Mendívil, quien a la muerte de Lucho fue nombrado presidente y gerente general del grupo. Él simboliza lo que es la gerencia en una organización. En una oportunidad me comentó cuál era la diferencia entre Picsa como empresa privada y Picsa como empresa estatal. Reproduzco sus palabras: “Nosotros fabricábamos un barco atunero cada mes y una bolichera cada semana. Cuando un cliente llamaba y me preguntaba para cuándo iba a estar lista su embarcación le contestaba el mes, la semana, el día y la hora en que le entregaríamos su orden. Cuando la empresa fue estatizada y administrada por el Estado, la respuesta era ¡cuando esté lista!”.
El Perú necesita urgentemente empresarios y gerentes. Políticos que sepan cómo construir riqueza sin ser saboteados por la burocracia o la turba, que recuperen el principio de autoridad. Un gerente establece prioridades, traza objetivos, cumple los plazos las metas y proyectos. No necesitamos líderes populistas, demagogos o carismáticos que, sin doctrina ni gerencia, encandilen al electorado y nos mantengan en el abismo al que hemos descendido.
COMENTARIOS