Francisco Swett
El camino hacia la Casa Blanca: 2020 - 2024
Las principales candidaturas demócratas

Bernie Sanders cabalga aparentemente confiado hacia la nominación demócrata. Pero no todas las cartas están echadas hasta que los comicios del “Supermartes” del 4 de marzo muestren claramente las preferencias en resultados de Texas y California. Al momento la candidatura de Biden, como algunos lo esperábamos, se ha desinflado y difícilmente tomará cuerpo, pues el candidato es blando, torpe a ratos y –no obstante su importante hoja de vida política– se muestra obsoleto y sin ideas originales.
La senadora Amy Klobuchar, con perfil interesante, puede ser parte de una dupleta como candidata a vicepresidente, pero no suple el rol de outsider que algunos sectores del electorado reclaman. El alcalde Buttilieg se ha mostrado como un político interesante, pero, al declararse abiertamente homosexual (está casado con su pareja varón), puede llevar al límite la tolerancia de un electorado que no aceptaría el rompimiento del esquema heterosexual que se asocia, aun en estos días, con la presidencia. Finalmente, Elizabeth Warren, de Massachusetts, se ubica en el espectro “progresista” de Sanders, y está, como él lo está, enfocada en la idea de que lo que el país requiere es combatir la desigualdad a todo trance. Y para ello es menester liquidar a los billonarios, subir los impuestos, aumentar el activismo gubernamental, y romper la hegemonía de las empresas de tecnología que se han apoderado del mercado.
Queda por fuera Michael Bloomberg, quien fue sujeto a una verdadera paliza, que le propinó Warren en el debate que sostuvieron la semana pasada en Las Vegas. Su pobre desempeño ante la andanada de acusaciones que recibió lo disminuyó seriamente ante el público. Bloomberg es un billonario que ha elegido el camino de inundar los medios y las redes con su mensaje sanitizado de propuestas; y de enfrentar al presidente Trump directamente para, como vulgarmente se dice, “ponerlo en su sitio”. Los problemas con la estrategia del exalcalde de New York son el de aparecer como que está comprando la elección (lleva gastados más de US$ 400 millones de su bolsillo en sus anuncios y mensajes publicitarios) y tener muchos de los mismos defectos que se le atribuyen a Trump.
Es un cuadro de potenciales perdedores. Si Buttilieg tiene la limitación convencional, Sanders, un autodescrito socialista, representa un extremo del espectro que, nuevamente, rompe los paradigmas de lo que la sabiduría convencional reconoce como ser elegible en la cuna del capitalismo. Sanders tiene 78 años, es contemporáneo de Bloomberg y de Biden, y sufrió un preinfarto meses atrás. Los debates, por lo demás, han dilucidado rencillas personales al punto que, preguntados que fueron los precandidatos si la nominación fuere de algún otro u otra, su respuesta fue la de un silencio total. Es una situación que no se compadece con la unidad partidista que deberían mostrar los demócratas si quieren ganar una elección.
Trump, en cambio, es dueño absoluto del partido Republicano y ejerce un liderazgo fuerte, al punto del autoritarismo. Su táctica de bullying puede no ser muy simpática, pero ha dado resultados en la percepción de amplios sectores de los electores, a quienes les ha imbuido la noción del nacionalismo (“América primero”), actitud con la que recoge las aspiraciones de amplias masas de americanos que se sienten “dejados atrás” y son temerosos ante la pérdida de ingresos en que la economía presente los coloca. Acaba de ganar el impeachment, y con ello ha sacado una clara ventaja que se ve reflejada en su mejoría en las encuestas de aprobación. Él sostendrá la misma estrategia que le llevó a ganar a Hillary Clinton, perdiendo la votación popular pero ganando en los estados claves (Michigan, Wisconsin, Pennsylvania), antiguos reductos demócratas que se “viraron” y le otorgaron sus votos en el Colegio Electoral. Tiene, además, un poderoso aliado en el desempeño de la economía que –con la más baja tasa de desempleo, crecimiento aceptable y baja inflación–, con o sin razón, es asociado con su tenencia en la Casa Blanca.
Trump no es invencible. Todavía quedan por revelarse sus declaraciones de impuestos, que ha mantenido escondidas, y curiosamente quien le podría dar más batalla es Bloomberg, pero no es la contienda que se ve venir en estos momentos. No es del caso predecir lo que va a pasar; y a no dudarlo, las próximas semanas y meses serán decisivos. Sin embargo, es evidente que hoy los vientos soplan a favor de cuatro años más de dominio republicano.
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