Alan Salinas

Del ingenio a la innovación partidaria

Por medio de reformas electorales realistas

Del ingenio a la innovación partidaria
Alan Salinas
23 de abril del 2020


Hace unos días di una videoconferencia –tan usadas hoy por hoy en esta crisis sanitaria global– sobre los partidos políticos post Covid-19. Presenté algunas ideas que vengo escribiendo y rediseñando desde hace ya un buen tiempo sobre la cuestión política. Al respecto, señalé que –con mucha frecuencia– se escuchan dos conceptos que acompañan el proceso social y económico de nuestro país: el ingenio y la innovación. 

Sobre el primer punto, para Guillermo Nugent, en El orden tutelar. Sobre las formas de autoridad en América Latina (Desco, 2010), el ingenio nos ayuda a comprender la precaria invención de los peruanos en el último cuarto de siglo. A medida que pasó el tiempo, dicho concepto dejó su carácter inicial de respuesta a situaciones de emergencia económica para convertirse en un estilo cultural, con capacidad genérica de hacer actividades en un orden marcado por la naturalización de las desigualdades.

Sobre el tema de la innovación, en el artículo “Del ingenio a la innovación” de José Luis Chicoma en la revista Poder, que por cierto da título a este texto, se sostiene que debemos pasar de soluciones precarias a un sistema que incentive la innovación. Para tal caso, se debe pasar de administrar un sistema deficiente para pasar a institucionalizar la toma de riesgos para el desarrollo del conocimiento.  

¿Cómo frente al ingenio visible como un problema, podemos pasar a la innovación partidaria? Actualmente, las organizaciones políticas pasan por un proceso de sobrevivencia en un contexto altamente informal, antipolítica y ahora post Covid-19. Desde los años noventa en adelante, los partidos pasaron a administrar la crisis política –mediante el ingenio en trabajos electorales– para no perder la inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones, dejándose ganar por el presente permanente de soluciones generales para situaciones coyunturales y electorales, convirtiéndose en un estilo cultural o forma de hacer política en el país.  

Frente a ese escenario, los partidos políticos deben canalizar creativamente a los grupos de intereses sociales/económicos (como asociaciones de mototaxistas, de consumidores, entre otros) y de ciudadanía (como los feministas, LGTBI, etc.) a través de una participación flexible (como los colectivos), en la que se combine causa colectiva con reconocimiento individual; también mediante el uso frecuente del internet y formatos audiovisuales en las actividades partidarias y hacia la ciudadanía. Así, y por medio de reformas electorales realistas, se puede pasar a la innovación partidaria.

Alan Salinas
23 de abril del 2020

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