Eduardo Vega
De la declaración a la acción
Las tres lecciones que nos dejan los sucesos recientes en Venezuela
El 2026 ha empezado con un golpe geopolítico importante en Venezuela, la captura de Nicolás Maduro y la “primera combatiente” por parte del gobierno de los Estados Unidos de América (EE.UU.), a través de una intervención “quirúrgica” que demuestra en forma clara y evidente, que prácticamente ningún país del continente podría ofrecer una oposición eficiente ante las acciones de dicho ejército.
Dicho esto, y vistas las consecuencias del evento histórico-cinematográfico del último sábado, creo importante resaltar algunas lecciones que claramente deben quedar grabadas en la región, sino acaso en todo el mundo:
- La captura de un tirano como Maduro no da por concluido el problema político-social en Venezuela, pues cuando existe el copamiento del sistema político/electoral como en dicho país, no hay espacio para la subsiguiente elección con transparencia. De hecho, que la presidente encargada y el presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento venezolano) sean hermanos, deja en claro que más que una “casta gobernante” en Caracas, hay un clan familiar enquistado en el poder, donde hasta el hijo del dictador es protagonista.
- Por muchas intervenciones cinematográficas adicionales que realice EE.UU. en Venezuela para la captura de Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez (Jorge y Delcy) o de Vladimir Padrino; estas no serán suficientes, pues resulta necesario que el pueblo venezolano, junto un grupo de militares y policías disidentes -con dignidad- salga a las calles para “recuperar” el poder. Para ello no bastarán las declaraciones de las cancilleres, periodistas en los diarios, o en X; probablemente sea necesario que más países se sumen de alguna manera a la intervención para que esta sea eficiente. Siguiendo esta línea de ideas, hace sentido escuchar a Milei diciendo que está dispuesto para ayudar en lo que sea requerido. ¡Hay que pasar de la declaración a la acción! ¡Ser proactivos, no reactivos!
- Los organismos internacionales como la OEA, ONU y demás pactos internacionales no sirven para nada, pues lo mínimo que se puede esperar de congregar a los representantes de un conjunto importante de naciones, es que más allá de emitir pronunciamientos para condenar los excesos cometidos en alguno de sus pares, en algún momento procedan también a ejercer un “deber de policía” sobre los gobernantes de aquellas naciones que dilapidan física, y moralmente a su población, como lo viene haciendo descaradamente Venezuela durante los últimos 25 años; pues resulta obvio que el éxodo de los venezolanos o cubanos de su país, no obedece a un capricho masivo; sino a la persistencia de condiciones inhumanas inducidas o perpetradas por sus autoridades. Hoy por hoy, debería ser la OEA quien proponga una comisión de vigilancia para la salida del gobierno usurpador en Venezuela, pero eso nunca ocurre. ¿Qué esperan? ¿Que se desate una guerra civil para enviar los Cascos Azules?
- La izquierda es la facción política más hipócrita que existe. Siempre dicen ser los abanderados de la libertad, y la democracia; sin embargo, ante la primera acción real para derrocar a un tirano y asesino como Maduro, son los primeros en rasgarse las vestiduras, y reclamar el principio de “no intervención de los estados” (defendiendo un estado claramente fallido) por encima del derecho a la vida y a la dignidad de los venezolanos. ¡Para eso sí son buenos!, para amparar el ejercicio abusivo de derechos por parte de sus líderes, y reducir el alcance de posibles acciones defensivas hasta efímeras declaraciones. Son los campeones para pedir que todo se haga por declaraciones, pero lo últimos en proponer acciones/soluciones; expertos en someter al pueblo a políticas empobrecedoras/destructivas, y los primeros en pedir que “nadie los toque” (Como a Betssy Chavez), y para eso han copado los puestos en los organismos internacionales, para garantizar que en ningún momento alguien se sobrepase en las acciones de defensa por encima de una declaración.
Que no nos vendan el cuento de la intervención de EE.UU., si la guardia personal de Maduro estaba conformada por 32 cubanos, ¡Quién dice que ellos no lo tenían secuestrado! Al menos Trump es honesto cuando señala su interés en el petróleo, ¿o creen que Cuba estaba recibiendo azúcar/café por dichos “servicios”? Finalmente, la izquierda no puede quejarse por una intervención, luego de tener tantos soldados cubanos metidos en Venezuela, o haber promovido las Casas del Alba en el Perú.
















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