Guillermo De Vivanco
Cuarentena, hambre y violencia
Reactivar la producción e impulsar la infraestructura

“A la pandemia le tienen miedo, al hambre le tienen terror” declaró días atrás Marcos Gascó, alcalde provincial de Chiclayo. La cuarentena es como la fiebre: una cosa es tener 37, 38, o 39 grados, pero a partir de 40 o 41.5 se vuelve muy peligrosa. Tienes que bajarla, estás a punto de morir.
Una semana sin trabajar significa para millones de peruanos un grave problema, una situación que si se prolonga se convierte en una angustia intolerable. Pero cinco semanas sin ingresos es como tener la fiebre altísima. En medio de la cuarentena existen millones de trabajadores sin ninguna ayuda gubernamental, sin ahorros y sin alimentos. El nivel de informalidad laboral en el Perú sobrepasa el 70%; por lo tanto, es urgente retomar la actividad económica manteniendo todos los criterios sanitarios y la distancia social que se requiere para evitar la propagación del coronavirus. Sería lamentable para las estadísticas incluir otra columna –junto a los fallecidos por el Covid-19– de decesos por hambre e inanición.
La duración de la pandemia amenaza nuestra viabilidad como país. Días atrás, un canal de TV transmitía en vivo desde Pisco un incidente entre posibles saqueadores. Propagar imágenes de saqueos es publicitar una solución para el hambre. El efecto propagandístico de este reportaje en las circunstancias actuales ronda con la apología. No es conveniente.
El Estado tiene que atacar el peligro del hambre y la violencia que puede desatar, permitiendo que se vuelvan a encender los motores de la economía. De otro lado, en Lima existen miles de comedores populares que tienen una larga trayectoria organizativa y que podrían ser potenciados y preparados para una emergencia. ¿Podrían distribuir menús a 500,000 personas diarias?
El desarrollo de una cuarentena de varias semanas, dejará un número considerable de hogares empobrecidos y un sector manufacturero detenido. Se requiere reactivar la producción, impulsar la infraestructura, facilitar y no boicotear la inversión minera. Seguir boicoteándola luego de la pandemia mundial sería inconcebible. Asimismo, se debe alentar las compras estatales de la producción de las pequeñas empresas, y convertir a la burocracia y las instituciones del Estado en amigos o socios de los mercados formales e informales. ¡Necesitamos un respiro colectivo de todos! Cuidémonos mutuamente. Evitemos el hambre, la violencia , la mentira y la desinformación.
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