Jorge Varela

Contrastes éticos: dos filosofías divergentes

La moral según Kant y Nietzsche

Contrastes éticos: dos filosofías divergentes
Jorge Varela
30 de junio del 2020


Antes del comienzo de los tiempos modernos, se entronizó –de modo sibilino y maligno, a juicio de tantos– una corriente de pensamiento que no reconoce valores ni principios morales en el ejercicio de la actividad humana. En un artículo anterior se hizo referencia a Nicolás Maquiavelo, gran padre de la escuela ‘amoralista’ en la esfera de la acción política y el poder, quien en pleno siglo XXI cuenta con un séquito de seguidores fieles que lo admiran y se sienten orgullosos de imitarlo, todos dispuestos a enfrentar resueltamente a los ‘puritanos’ e ‘ingenuos’ detractores (moralistas). Siglos después, en una dimensión de alcance mayor ,emergió Federico Nietzsche, pensador polémico perteneciente al conglomerado de los filósofos ‘amorales’ autosituados más allá del bien y del mal, el que abordó a través de su extensa obra el tema nuclear de la moral desde una perspectiva amoral. 

Nietzsche: la ética como mentira y como filosofía de lo deseable. Quimeras de la decadencia 

–En El anticristo, Nietzsche sostiene que la moral es un error fatal y una mentira forzosamente estimada. “‘La virtud’, el ’deber’, el ’bien en sí’, el bien impersonal y universal; todo esto son quimeras en las que se expresa la decadencia. Cada cual debe inventarse su propia virtud, su propio imperativo categórico. Un pueblo sucumbe si confunde su específico deber con el deber en sí”. (El anticristo, parágrafo 11) Antes en el parágrafo 2 había escrito: “No virtud, sino aptitud (virtud al estilo renacentista, virtù, virtud carente de moralina)”.

– En La genealogía de la moral sustenta “el principio de que las bases de la moral no son morales, que en ellas se reflejan relaciones de lucha y fuerza”: principio coincidente con su postura de que “la moral ha nacido del espíritu de resentimiento”. (Rúdiger Safranski: Nietzsche, biografía de su pensamiento). Este resentimiento generador de valores ha engendrado la venganza imaginaria de los débiles que tiene éxito cuando los fuertes vencidos por dicho espíritu son juzgados desde esta perspectiva.

– En La voluntad de poderío Nietzsche denomina a la ética como “filosofía de lo deseable”. Refiriéndose a ella expresa: “debiera ser de otra manera, ‘debiera llegar a ser de otra manera’: en tal caso, el descontento sería el fondo de la ética” (parágrafo 330).

Concepciones nietzscheanas vacías de moral

Aunque su concepción de la virtud padece de vacío de moral, hay quien afirma que “toda la filosofía de Nietzsche es en el fondo una ética”, es decir, “un conjunto de reflexiones que tiene como objetivo último promover un determinado ethos o manera de estar en el mundo”. (Toni Llácer, autor de Nietzsche, el superhombre y la voluntad de poder). Desde este enfoque, –según Toni Llácer–, la doctrina del eterno retorno debiera interpretarse como una teoría ética que prescribe cierta actitud vital. “El eterno retorno sería” pues, “una versión nietzscheana del imperativo categórico de Kant.

A la luz de lo expuesto no debiera extrañarnos que Nietzsche, reconocido transmutador de los valores, viera en el moralista Immanuel Kant a un idiota y en el imperativo categórico formulado por éste un peligro mortal. “Cualquier virtud practicada nada más que por respeto al concepto ‘virtud’, como lo postulaba Kant, es perjudicial”, acota en su ya conocido estilo sentencioso. Mientras Nietzsche apuesta por la aptitud (virtud sin moral); Kant lo hace por la buena voluntad: la voluntad recta (libre). He aquí un primer núcleo de discrepancia entre estas posiciones. 

Kant: la ley moral, voluntad libre y deber

Kant fue aquel filósofo gigante que afirmara: “solo hay una cosa en el mundo y hasta fuera de él, que posee un valor absoluto”: es la voluntad libre y razonable. En otras palabras, la voluntad recta, la buena voluntad. “La buena voluntad no obtiene su bondad de sus efectos o resultados, ni de su aptitud para alcanzar éste o aquel fin propuesto, sino solamente del buen querer, es decir, de ella misma” (Metafísica de las costumbres”).

Para Kant la base moral inquebrantable se encuentra en la voluntad (libre y razonable) y se llama ‘deber’, palabra que implica la necesidad absoluta de querer el fin en sí mismo, no la necesidad de querer el medio si se quiere el fin. Esto significa que si la voluntad libre y razonable tiene un valor absoluto, ella es lo que constituye el objeto mismo de la ley moral. De acá se deduce la primera fórmula kantiana de la ley moral: “obra de manera que trates siempre la voluntad libre y razonable, es decir, la humanidad, en ti y en el prójimo, como un fin y no como un medio”. Kant plantea que el deber puede formularse también de este modo: “obra como si fueses legislador y súbdito(*) al mismo tiempo en la república de las voluntades libres y razonables”. (Alfredo Fouillée, Historia General de la Filosofía).

* Ciudadano, en el lenguaje de hoy. 

La distancia enorme que lo explica todo 

En mi opinión la gran distancia entre las dos posiciones éticas reseñadas de manera sucinta, se origina y fundamenta en concepciones divergentes de lo que estos filósofos entienden por humanidad. Para Nietzsche la humanidad es un concepto abstracto: “no tiene en su conjunto fin alguno, y consiguientemente el hombre, al examinar su marcha total, no puede hallar en ella su consuelo, su descanso, sino su desesperación” (Humano, demasiado humano, “De las armas primeras y últimas”, parágrafo 33). “El objetivo no es la ‘humanidad’, sino el superhombre”. (La voluntad de poderío, parágrafo 994). 

En tanto para Kant la humanidad es un fin en sí mismo, no un medio para; la humanidad es la expresión de la dignidad del hombre. Esta idea de humanidad representa la posibilidad de construir un orden objetivo moral y político que logre formular una ley universal válida para cualquier ser racional, basada en la voluntad libre y recta, en la buena voluntad, y no en el espíritu de resentimiento o en las relaciones de fuerza.

Jorge Varela
30 de junio del 2020

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