Pedro Olaechea

¿Cómo debemos llegar al Bicentenario?

Tres grandes oportunidades que no podemos desaprovechar

¿Cómo debemos llegar al Bicentenario?
Pedro Olaechea
07 de agosto del 2018

 

A lo largo de la historia hemos visto cómo muchas batallas se han perdido por no prever qué venía planeando el ejército enemigo. Tal vez el caso más extremo es la derrota sufrida por los romanos a manos de Aníbal y sus mercenarios en Cannas. A pesar de que los romanos tenían superioridad numérica, los enfrentamientos y desentendimientos de Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, cocónsules para la batalla, llevaron a la decisión de enviar a todas sus legiones al campo de batalla. Grave error. ¿La razón? Se generó demasiada polvareda, la cual hizo que se perdiera la visión del campo de batalla. Por eso no se dieron cuenta de que estaban siendo rodeados por sus enemigos. El resto es historia conocida.

En la actualidad los peruanos también nos vemos envueltos en una suerte de polvareda preocupante. Hemos visto que, ante la situación de crisis que vivimos, este Gobierno viene dando señales cada vez más complicadas para los ciudadanos y los agentes económicos. Recientemente enfrentamos una serie de mega eventos, como el fenómeno de El Niño costero y el escándalo de corrupción Lava Jato, que pasará a los anales de la historia de nuestro país. En este contexto se expone la corrupción en el Poder Judicial, que ha puesto en evidencia algo que a voces en cuello se repetía desde la fundación de la nación.

Felipe Pardo y Aliaga nos decía a inicios del siglo antepasado lo siguiente: “El judicial que nunca mete mano, aunque poder se llama en el Gobierno, aplicar sólo atañele obediente, la cataplasma a la nación paciente”. La pregunta clave ahora es, ¿seremos capaces de reformar el Consejo Nacional de la Magistratura y reestructurar nuestro Poder Judicial? Si lo logramos de verdad, nos veremos con la resistencia de la institución, el interés de los hermanismos de que se entierre todo, y de aquellos que quieren arreglos temporales, para que luego regrese a su normalidad corrupta.

En mi opinión, es más eficiente tener un sistema en el que todos los ciudadanos puedan votar en los procesos que se implementen, así nos equivoquemos. Es nuestro derecho y enmendaremos el error si sucede. No olvidemos que el Poder Judicial es también un poder político. De otro lado, debemos tener cuidado con la tentación de entregarle el poder a un consejo de “sabios”, porque la solución podría agravar la enfermedad.

En otro flanco de este entorno polvoriento, se viene abriendo el caso Madre Mía, que tiene graves imputaciones por haberse cubierto crímenes de lesa humanidad y un posible ocultamiento de evidencias por parte del Poder Judicial. Finalmente, también tenemos la malhadada ley que regula la publicidad estatal en medios privados, que espero se pueda mejorar o eliminar. Un buen control presupuestal —no dejaré de insistir— sería suficientemente efectivo para determinar cuáles son los gastos realmente necesarios. Así pues, con estos hechos descritos, la polvareda sigue creciendo y el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo sigue generando más inestabilidad. La situación no parece mejorar.

Siendo nosotros los romanos envueltos en una polvareda, ¿quiénes representan a los mercenarios cartagineses? Aquellos que quisieran que el régimen democrático se trunque, los imputados en las escuchas y amiguismos telefónicos, los ladrones de Lava Jato y asociados, los personajes que pretendían salir limpios de una posible imputación de lesa humanidad, políticos inescrupulosos, especuladores internacionales conocidos y, claro, todos los que están listos para destruir el “modelo”. Ellos serían las huestes de la caballería mercenaria que con habilidad aprovechan la polvareda y la desunión, cada uno por su lado. Además estarían avanzando por la espalda, con bajeza, sobre el Perú.

Ante este aparente cúmulo de desgracias, se nos presentan oportunidades únicas de cara a nuestro bicentenario. Las describo a continuación:

Primera oportunidad: Lograr la tan deseada reconstrucción con cambios y así resistir —con tranquilidad— el evento natural que cada 15 años en promedio se repite. Enfrentaremos los eventos con planificación, calma y la fe de tener un futuro mejor en nuestras manos.

Segunda oportunidad: Recomponer nuestro sistema de contrataciones del Estado para realizar, en un ambiente de confianza, las obras que tanto necesitan los peruanos para cerrar las brechas sociales. Aprendamos de nuestros errores y tomemos las medidas necesarias para evitar que se concentre el poder de decisión. Así evitaremos esquemas corruptos.

Tercera oportunidad: Reformar nuestro sistema judicial con la generación de estructuras que provengan de un sistema de pesos y contrapesos entre instituciones. Que el control lo tenga el ciudadano, como corresponde a todo país democrático.

Y un tema que tiene que ser transversal a todo lo anterior: que todos aquellos que se burlaron del pueblo peruano paguen sus penas.

Estamos próximos al Bicentenario y, a pesar de la polvareda que nos rodea, estamos cerca a un mejor futuro. El objetivo que les causó desvelos, privaciones y sacrificios épicos a las generaciones que iniciaron esta gesta hace 200 años es el mismo: convertirnos en un país con un gran destino. El objetivo está a la mano, solo debemos tener el valor de unirnos para finalmente consolidar las bases institucionales de esta gran nación.

Seamos generosos y tengamos el coraje de cumplir con lo que se nos encomendó. Que la polvareda de la corrupción no nos ciegue.

 

¡Viva el Perú!

 

Pedro Olaechea
07 de agosto del 2018

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